Hay una historia muy singular en el tercer capítulo del libro de Éxodo. Relata cuando se produce el llamamiento de Moisés a servir al Dios Todopoderoso. Y es en ese relato, que hay una expresión del Padre que ha sido factor de distintas interpretaciones, a las que humildemente, quisiera hoy añadir la nuestra. No con la intención de modificar o crear doctrina, sino para aportar un detalle más que le permita a cada receptor de estos trabajos, incrementar su conocimiento, poner en oración sud dudas y, finalmente y como debería ser siempre, recibir revelación del Espíritu Santo que le permita confirmar, desechar o incorporar lo enseñado.
Éxodo 3: 1-5 = Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.
El contexto seguramente lo conoces, pero en el texto, surge un interrogante posiblemente inocuo, pero que sin embargo puedo tener certeza que contiene mucho más que lo que vemos. ¿Qué significa que Moisés deba quitarse el calzado de sus pies? En principio, la interpretación tradicional nos habla de que quitarse las sandalias mostraba una humildad apropiada, debido a que los más pobres y necesitados no tienen calzado, y los siervos por lo general iban descalzos. También reconocía la presencia inmediata de Dios. En muchas culturas uno se quita el calzado cuando entra en la casa de alguien, y Moisés ahora estaba en la “casa” de Dios, un lugar de Su presencia inmediata.
Dice un afamado comentarista, que “Ya que la suela debe gustar del polvo, la gravilla y la arena sobre el pie cuando se viaja, lo cual era incómodo, de ahí la costumbre de lavarse frecuentemente los pies en los países donde se usaban estas sandalias. Quitarse los zapatos era, por tanto, un emblema de dejar a un lado las contaminaciones contraídas al andar por el camino del pecado”. Bonita metáfora, pero no sé si te deja un sabor similar al que me deja a mí, insuficiente. Veamos lo que la sociedad secular de nuestros tiempos observa en este acto que todavía sigue casi reglamentariamente vigente en muchas culturas.
La práctica de caminar descalzo en la tierra tiene sus raíces en antiguas tradiciones de diferentes culturas alrededor del mundo. ¿Qué efectos produce en nuestro cuerpo? Pisar la tierra descalzos, es una práctica que ha existido durante siglos y que ha ganado popularidad en la actualidad debido a sus potenciales beneficios para la salud. Civilizaciones como la china, la india y la nativa americana consideraban que estar en contacto directo con la tierra era esencial para mantener el equilibrio y la salud. En la medicina tradicional china, por ejemplo, se cree que caminar descalzo estimula puntos de acupuntura en los pies que están conectados con diferentes órganos del cuerpo.
En la India, la práctica de caminar descalzo sobre tierra, hierba o arena se considera una forma de conexión con la energía de la tierra. Estudios científicos recientes han demostrado que pisar la tierra descalzos puede tener diversos beneficios para la salud. Uno de los beneficios más destacados es la capacidad de la tierra para transferir electrones a nuestro cuerpo, lo que puede ayudar a reducir la inflamación y mejorar la salud cardiovascular. Además, esta práctica puede ayudar a mejorar el sueño, reducir el estrés y aumentar la energía. Según un estudio, caminar descalzo en la tierra puede ayudar a reducir la presión arterial y mejorar la calidad del sueño.
Otro estudio realizado por la Universidad de California encontró que el contacto con la tierra puede mejorar la salud cardiovascular al reducir la viscosidad de la sangre y mejorar la circulación. Cuando estamos en contacto directo con la tierra, nuestro cuerpo se carga de electrones negativos, que son antioxidantes naturales. Estos electrones pueden neutralizar los radicales libres en nuestro cuerpo, que son moléculas inestables que pueden causar daño celular y contribuir al envejecimiento y diversas enfermedades. Además, algunos estudios sugieren que esta práctica puede tener efectos beneficiosos en la función inmunológica, la inflamación y el metabolismo.
Se cree que esto puede ayudar a equilibrar el sistema nervioso, reduciendo el estrés y mejorando el estado de ánimo. Hoy en día, este tipo de conexión se ha convertido en una práctica popular en todo el mundo, especialmente entre aquellos que buscan mejorar su bienestar general. Muchas personas encuentran que esta simple actividad puede tener un impacto positivo en su salud física y emocional. Algunas personas eligen caminar descalzas en la playa, mientras que otras prefieren caminar sobre la hierba o tierra en parques o jardines. Sea cual sea la forma en que elijan, es importante hacerlo de manera segura y consciente, evitando superficies peligrosas o contaminadas.
Para muchas personas, este hábito es más que una actividad saludable; es una forma de conectarse con la naturaleza y sentirse más en sintonía con el mundo que los rodea. Esta conexión puede tener efectos beneficiosos en nuestra salud mental y emocional, ayudándonos a sentirnos más equilibrados y en paz. Aunque esto ha sido parte de la cultura humana durante milenios, la ciencia moderna está empezando a comprender sus beneficios. Estudios preliminares sugieren que esta práctica puede tener efectos positivos en la salud, aunque se necesita más investigación para comprender completamente cómo y por qué funciona.
En un mundo cada vez más conectado y tecnológico, puede ser fácil perder contacto con la tierra y sus beneficios para nuestra salud. Pisar la tierra descalzos es una forma sencilla y efectiva de reconectar con la naturaleza y aprovechar los beneficios que puede ofrecernos. Muy bien. Esa es la opinión de cierto sector de la ciencia y, preponderantemente, de las tradiciones y costumbres culturales. En lo personal, y esto es absolutamente una sensación mía que no pretende ser compartida por nadie, me produce cierta sensación de estar recibiendo algo incompleto o, en el peor de los casos, tergiversado.
Entonces comencé a escudriñarlo a partir de la propia palabra de Dios. No tengo ningún problema en quitarme el calzado y disfrutar de lo que se me pueda ilustrar que es apto para eso, pero siempre y cuando no esté cometiendo un acto erróneo que me lleve a contaminarme con algo que desconozco y que, en un tiempo futuro, pueda traerme innecesarias dificultades que mi Padre celestial jamás habría permitido que viviera. Y lo primero que encuentro, es un relato muy especial en el quinto capítulo del libro de Josué. Es el que describe su encuentro con un ser angelical con una espada desenvainada.
Mira como lo dice los versos 13 al 15: Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? Él respondió: No; más como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo? Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo.
¿Qué dice la teología tradicional sobre esto? Que es un calco de lo anterior, de lo de Moisés. Que es sacarse el calzado como símbolo de humildad, de respeto de reverencia por estar en un lugar santificado por la presencia de Dios. El hecho de Moisés también puede leerse en el séptimo capítulo del Libro de los Hechos. Y es tomado bajo la misma óptica. ¿Acaso está equivocado? No. ¿Está mal interpretarlo así? No. Está correcto desde lo conceptual. Sólo me queda un simple detalle anexo que podría ser un pequeño elemento para ver el mismo acto desde diferente óptica.
¿Qué leemos en Génesis durante la creación? Que el hombre fue formado del polvo de la tierra. Antes que le sea soplado por Dios en su nariz aliento de vida, el hombre es una criatura de barro. Porcentaje de tierra, más alto porcentaje de agua. Químicamente, eso está probado y comprobado. Los movimientos orientalistas, cierta ciencia y también algunos grupos esotéricos, sostienen la teoría de que, pisando la tierra con los pies descalzos, se recibe una energía que sana enfermedades, elimina dolores y otorga mayor vitalidad. ¿Es toda una mentira satánica explotada desde lo comercial, eso, o tiene algo de verdad?
Como todo lo que emana del infierno, un porcentaje de cada cosa. Es una verdad que luego se verá tergiversada y convertida en un rito de connotaciones no cristianas. Lo utilizan las artes marciales, el yoga y otras disciplinas similares. ¿Pero da resultado? En muchos casos probados y comprobados, sí. ¿Entonces es una exageración plena en fanatismo adjudicarle esa creación a Satanás? Si. Porque Satanás jamás fue, es ni será nunca un creador. Apenas un regular imitador que utiliza la creación de Dios para tergiversarla y usarla para sus fines.
¿Y entonces? Entonces aterrizamos en una hipótesis que, si la ponemos en oración, tal vez nos entregue una nueva mirada para un texto ya mencionado. Dios tiene planeado erigir a Moisés como comandante en jefe de una fuerza celestial que liberará a su pueblo de la esclavitud y la opresión de Egipto. En el símbolo, el Señor está levantando a un hombre que será su vocero con la finalidad de sacar gente del mundo secular para llevarla al evangelio del Reino. ¿Y qué hace para que ese hombre tome fuerza, confianza y fe? Le hace quitar el calzado y pisar tierra santa.
¿Es aventurado consignar que esto fue uno de los puntos clave que otorgaron a Moisés todos esos elementos de su ser que lo convertiría en una figura legendaria y todo un libertador de cautivos? Estar descalzos en tierra, produce una conexión con ella y se produce una transferencia de sus riquezas a nuestro cuerpo. ¿Entonces vamos a aventurarnos y entrar en un ámbito complejo y peligroso, al insinuar que los pies desnudos contienen un poder singular y especial recibido por el contacto con la tierra? Personalmente no me atrevería a sostener eso. He visto a mucha gente incursionar en graves errores en su afán de añadir algo más l conocimiento tradicional del evangelio.
Sin embargo, en el tercer capítulo del libro de Josué, se relata la historia de cuando el arca del pacto fue cruzada por el río Jordán. Dios le dijo a Josué que ordenara este paso radical de fe. Josué no actuó por presunción insensata, sino como un hombre guiado por el Señor, y que recordaba una obra similar cuando el cruce del Mar Rojo. El éxito de Josué dependía y se afianzaba de la promesa de Dios para él. Josué llevaba la palabra de Dios en sus labios, en su mente y guiaba sus acciones conforme a ella. Se puede establecer una conexión muy apropiada entre la división del Mar Rojo y el cruce del Jordán, ya que así lo ha hecho el Espíritu Santo en el pasado y lo seguirá haciendo hoy y siempre. Presta atención al texto.
Josué 3: 11-17 = He aquí, el arca del pacto del Señor de toda la tierra pasará delante de vosotros en medio del Jordán. Tomad, pues, ahora doce hombres de las tribus de Israel, uno de cada tribu. Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Jehová, Señor de toda la tierra, se asienten en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se dividirán; porque las aguas que vienen de arriba se detendrán en un montón.
Y aconteció cuando partió el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán, con los sacerdotes delante del pueblo llevando el arca del pacto, cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca fueron mojados a la orilla del agua (porque el Jordán suele desbordarse por todas sus orillas todo el tiempo de la siega), las aguas que venían de arriba se detuvieron como en un montón bien lejos de la ciudad de Adam, que está al lado de Saretán, y las que descendían al mar del Arabá, al Mar Salado, se acabaron, y fueron divididas; y el pueblo pasó en dirección de Jericó. Mas los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová, estuvieron en seco, firmes en medio del Jordán, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán; y todo Israel pasó en seco.
¿Me parece tontamente a mí, o en la planta de los pies de esos sacerdotes había un poder especial que produjo lo que se relata? Había tierra santa, que, al mezclarla con agua de vida, produjeron hechos que a ningún ser humano terrenal les hubiera sido posible conseguir. Fue un poder divino actuando a través de hombres imperfectos, pero dispuestos a obedecer y ser utilizados en favor del Reino. La pregunta que nos surge desde muy adentro de nuestras formaciones intelectuales propias de estos tiempos, es: ¿Es posible eso?
Cuando un ser humano dice la palabra “posible”, se está refiriendo a lo que, conforme a las rutinas griegas intelectuales heredadas, es algo así como “lógico”. Si tú por un momento decides creer en el Dios de ese Reino y aceptar lo que Él es, tendrás que admitir que todo eso, de lógico no tiene absolutamente nada. ¿O es lógico tener certeza de lo invisible que esperas y convicción de lo que no estás viendo? Eso es la fe, Por eso no cabe en ningún libro humano construido con tinta y papel…humanos. ¿Tenemos que darles la razón a los orientalismos y hasta aquellos movimientos esotéricos de neto corte satánico que proclaman vivir una vida descalzos para acceder a múltiples beneficios?
Sí, pero sacándole a todo eso, su contenido diabólico y su intencionalidad de cautiverio. Quienes han incursionado en estas cosas, han comprobado que existen beneficios corporales por caminar descalzos, pero no han tenido la suficiente lucidez como para indagar un poco más profundo y ver hasta qué punto pueden liberarse de sus calzados en cualquier lugar que se les antoje. Una cosa es estar pisando tierra santa y otra muy distinta, tierra contaminada por demonios. La planta de tus pies será receptora indiscutida de lo que sea que emane del lugar donde pisas, pero la decisión de hacerlo o no hacerlo, siempre será tuya.
Una vez más, el discernimiento no es simplemente necesario en estos casos, sino estrictamente obligatorio. De eso depende tu vida actual y, en casos, hasta futura. Y no quiero ser apocalíptico y añadirle también eterna. Con todo esto en mente, mira estos tres versos del capítulo sexto de la carta de Pablo a los Efesios. Es cuando comienza a delinear lo que denomina como armadura espiritual, esto es: una copia de la armadura literal de guerra del ejército romano, pero llevado a un símbolo perfecto de lo que debe utilizar por fe y en el plano invisible, el guerrero de Dios cuando enfrenta al enemigo de la tiniebla.
Dicen esos tres versos que van del 13 al 15: Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. ¿Qué crees que significa esto de Calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz? El apresto del evangelio se representa como los zapatos protectores (o sandalias) que usaban los soldados romanos.
Nadie podía luchar de manera efectiva o cumplir con sus deberes de manera efectiva sin este equipo. Apresto es una palabra que significa “una base preparada”. El evangelio proporciona la base para todo lo que hacemos. Por poderoso que sea el resto de tu cuerpo, si estás herido en los pies eres una presa fácil para el enemigo. Sobre el calzado, el historiador Josefo los describió como ‘zapatos con gruesos tachones de clavos afilados’ … para asegurar un buen agarre. Los éxitos militares tanto de Alejandro Magno como de Julio César se debieron en gran medida a que sus ejércitos estaban bien calzados y, por lo tanto, pudieron emprender largas marchas a una velocidad increíble sobre terreno accidentado.
Pregunto: ¿Es muy osado pensar que lo que se está explicando aquí es que, cuando vas a la guerra contra tu enemigo invisible pero cierto, debes mantener tus pies calzados para no pisar tierra contaminada que pueda conectar en ti influencias que te deterioren o mermen tu capacidad y fuerza de lucha? Reitero una vez más; no estoy introduciendo doctrina o enseñanza nueva. En todo caso, lo que estoy tratando de hacer es de añadirle a esa enseñanza recibida, un punto clave para no correr el riesgo de sufrir consecuencias por deficientes interpretaciones o, en el peor de los casos, caer en una de las tantas trampas satánicas disfrazadas de medicamentos sanos o manejo de las mentes de modo contrario a lo que fue el diseño de la creación.
Nadie te podrá decir que no te descalces más si el quitarte el calzado te hace bien o te ayuda a mejorar tus condiciones físicas. Lo que sí es nuestro deber advertirte, es que es algo que no puedes hacer en cualquier sitio. Porque, así como existen tierras santas, también las hay endemoniadas. Y seguramente no querrás caer víctima de eso simplemente por haber sino irresponsable. Y no sólo contigo, sino con tu propia familia.
Que hay algo más que una versión poética y naturalista del tema, no tengo dudas. De otro modo, Pablo no hubiera dio lo que dice a los Efesios. Es evidente que él tenía en mente lo que Isaías escribió en el capítulo 52 y verso 7 de su libro, cuando dijo: Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!
Piénsalo así. Si en la armadura que Pablo presenta existe un elemento que cubre los pies del soldado, es porque ese elemento es necesario. Una cosa es caminar descalzos por un campo de suave hierba verde, o sobre un delicado colchón de pétalos de hermosas flores. Eso sería transmitir a nuestros pies un sentimiento de paz, de comodidad, de gozo y hasta de aromas que mejoran nuestra calidad de vida. Pero caminar descalzos por un terreno árido, lleno de espinas y elementos cortantes, es arriesgarse a terminar con nuestros pies llenos de llagas, lastimaduras y hasta úlceras de dudosa sanidad a futuro.
De eso se trata. Somos el ejército de Jehová en esta tierra, el cuerpo de Cristo activo, dinámico y guerrero, pero también gente inteligente que sabrá disfrutar de los momentos de paz y sosiego, pero protegerse correcta y debidamente en los tiempos de sangrientas batallas. Es muy difícil que en una guerra no haya soldados muertos y heridos de distinta consideración. Eso es parte de la guerra. Lo que no puede ni debe haber, es soldados inconscientes, irresponsables o descuidados con sus propios elementos de combate.
Algunos textos parecerían corroborar nuestra mirada, si es que podemos sacarlos de la interpretación tradicional. Este de Génesis 24:32, cuando el criado de Abraham llega a una casa a posar en búsqueda de una mujer que le ha parecido adecuada para ser esposa del hijo de su amo, relata esto: Entonces el hombre vino a casa, y Labán desató los camellos; y les dio paja y forraje, y agua para lavar los pies de él, y los pies de los hombres que con él venían. Un acto de hospitalidad. Un acto de humildad. Un acto de higiene corporal, ya que el caminar con esas sandalias determinaba que esos pies se llenaran de polvo, de suciedad del camino.
De acuerdo, totalmente válido todo. Pero… ¿Y hacerlo para eliminar de esos forasteros cualquier tipo de contaminación espiritual? A eso nadie lo dice, pero convengamos en que puede ser tenido más que en cuenta, ¿Verdad? De todos modos, quiero cerrar esto con la mención de un texto que se encuentra en el Primer Libro de Samuel y tiene que ver con el llamado “Cántico de Ana”. Los primeros nueve versos del segundo capítulo dicen lo siguiente:
Ana oró y dijo: Mi corazón se regocija en Jehová, Mi poder se exalta en Jehová; Mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, Por cuanto me alegré en tu salvación. No hay santo como Jehová; Porque no hay ninguno fuera de ti, Y no hay refugio como el Dios nuestro. No multipliquéis palabras de grandeza y altanería; Cesen las palabras arrogantes de vuestra boca; Porque el Dios de todo saber es Jehová, Y a él toca el pesar las acciones. Los arcos de los fuertes fueron quebrados, Y los débiles se ciñeron de poder.
Los saciados se alquilaron por pan, Y los hambrientos dejaron de tener hambre; Hasta la estéril ha dado a luz siete, Y la que tenía muchos hijos languidece. Jehová mata, y él da vida; Él hace descender al Seol, y hace subir. Jehová empobrece, y él enriquece; Abate, y enaltece. Él levanta del polvo al pobre, Y del muladar exalta al menesteroso, Para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de honor. Porque de Jehová son las columnas de la tierra, Y él afirmó sobre ellas el mundo. Él guarda los pies de sus santos, Mas los impíos perecen en tinieblas; Porque nadie será fuerte por su propia fuerza.
Él guarda (Cuida, protege) los pies de sus santos, (De sus elegidos, levantados, separados para servirlo). ¿Qué quiere decir? Desde la teología tradicional, no se sabe. Ningún comentario de los más utilizados, hace mención sobre esta frase. Directamente vienen hablando de las anteriores y a esta se la pasa de largo y se sigue con las siguientes. ¿Sabes cuando suceden estas cosas? Cuando los hombres rotulados a sí mismos como eruditos, no tienen una respuesta lógica, racional y apta de ser creída y puesta en práctica.
La teología menciona los milagros como una alteración al orden natural de las cosas, pero llamativamente, la gran mayoría de los teólogos, no creen en esas alteraciones. Y una de ellas, sería el aceptar que, efectivamente, la tierra comunica, impone, imparte, transmite y conecta a los pies descalzos del ser humano, lo que esa tierra posee en mayor cantidad: santidad o paganismo. Fe o incredulidad. Divinidad o satanismo. Por eso y no por otra cosa, ¡Mucho cuidado donde pones tus pies descalzos.