Nos resulta prácticamente imposible, como seres humanos racionales, pero de mente finita, poder entender los insospechados vericuetos en los que una mente infinita como la de Dios se introduce para cumplir con su cometido. Nosotros suponemos que Dios actúa sin pensar, ya que es Dios y aunque lo haga como lo haga, jamás se equivocaría. Es un error pensar así. Dios piensa, pero piensa y hace, al mismo tiempo, al unísono, de un modo que nosotros no podemos, aunque lo deseemos. Por eso Él siempre dice: hecho está. Porque lo pensó y fue hecho al mismo tiempo. Por todo eso y porque necesitamos de su manual de viaje para poder andar por este camino con posibilidades ciertas de victoria y honra, es que ahora veremos el punto indispensable para todos aquellos que quieran militar en el Reino de Dios. (Ezequiel 1: 8) = Debajo de sus alas, a sus cuatro lados, tenían manos de hombre; y sus caras, y sus alas por los cuatro lados.
Observa un detalle muy singular en esta figura tan rara. Cuatro lados, cuatro caras muy distintas, se mueven al unísono y tienen, pese a su estrafalaria imagen, manos de hombre. ¿Qué cosa significará que tengan manos de hombre? Significa que ellos van a privilegiar hechos donde deban ejecutar acciones concretas. No van a limitarse a filosofías teológicas o teóricas, sino que pondrán por obra con sus propias manos lo que puedan anticipar con sus palabras. Esto nos está mostrando el punto más importante, básico y obligatorio para aquellos que pretendan servir en el Reino de Dios, y es precisamente eso: DISPOSICIÓN DE SERVICIO. No simplemente obligarse a rendir servicio, sino desearlo, amarlo y realizarlo alegremente. A propósito de esto, hay un pensamiento que se le ha atribuido a Teresa de Calcuta. Fuera de todo lo que pienses al respecto, y lo entiendo, vamos a quedarnos con la expresión si ella realmente es la autora. No sé si es así, pero lo que sí sé es que ese pensamiento es absolutamente válido. Dice: El que no vive para servir, no sirve para vivir…
Ahora bien: mucho es lo que se ha hablado y visto dentro de las cuatro paredes de casi todos los templos cristianos del mundo, por lo que tendríamos primeramente que saber, a ciencia cierta, que cosa es o significa el servicio. El diccionario de la lengua española asegura, en primer término, que es la acción y el efecto de servir. Obvio. Siempre comienzan así los diccionarios. Pero luego le añade algunas acepciones válidas para nuestro trabajo y otras que no tanto. De todos modos, será bueno que las conozcas a todas. Conjunto de criados o sirvientes, favor que se hace a alguien, organización y personal destinados a cuidar intereses o satisfacer necesidades del público o de alguna entidad oficial o privada, prestación humana que satisface alguna necesidad social y que no consiste en la producción de bienes materiales. ¿Y qué cosa es el verbo, servir? Estar al servicio de alguien, estar sujeto a alguien por cualquier motivo haciendo lo que él quiere o dispone, dicho de un instrumento o de una máquina.
Servir también es obsequiar a alguien o hacer algo en su favor, beneficio o utilidad, poner en un plato, vaso u otro recipiente la comida o la bebida que se va a tomar, repartir o suministrar algún producto a un cliente, cortejar o festejar a una dama, querer o tener a bien hacer algo, valerse de una cosa para el uso propio de ella, obsequiar a alguien o hacer algo en su favor, beneficio o utilidad. Estas son todas o casi todas las acepciones que he hallado en diferentes diccionarios con relación a las palabras Servicio o Servir. No necesitas que yo te marque o destaque aquellas que tienen que ver directamente con lo que estamos examinando. Tú eres maduro y ungido y puedes verlo por ti mismo. Veamos ahora un producto del servicio o de la labor de servir: el siervo. En los ambientes cristianos se denomina siervo a aquel que reconoce a Jehová como su Dios y que cumple fielmente su voluntad.
Tales los casos de Abraham, David e Isaías, por citar apenas tres ejemplos de los muchos más que hay. Israel fue pueblo ungido como siervo elegido por Jehová para glorificarle entre las naciones, pero la profecía anuncia que Israel sería infiel y que caería bajo los juicios de Dios. Por esta razón el Mesías será el verdadero servidor de Jehová, aportará la luz y la salvación no sólo a Israel, sino también a las más lejanas naciones. Esto, a primera lectura, parecería estar admitiendo primero y justificando después, ese acto de servir de manera sujeta a un hombre llamado pastor en una iglesia. Sin embargo, eso hace juego con lo que se dice del siervo, palabra muy utilizada dentro de los ambientes cristianos. Mucho más utilizada que la palabra Hijo, que es en realidad lo que verdaderamente somos respecto al Señor. Jesús vino -dice mi Biblia- a servir, o sea, en calidad de siervo, pero estuvo muy lejos de sujetarse a sus líderes eclesiásticos naturales, que eran los fariseos de la sinagoga.
Jesús vino a servir a su prójimo, pero ejerciendo su autoridad de hijo, no una sujeción de siervo. Él se sujetó al Padre, nada más. Aquí en la tierra, y sin enemistarse ni pelearse con nadie, justamente eso: a nadie. Por lo que estamos viendo, entonces, un siervo no es alguien que sea elegido, levantado u ordenado por otros siervos de similar nivel espiritual, sino aquel que Dios mismo levanta, unge y envía a realizar determinado trabajo. Y esto es bueno de aclarar, porque cuando en las congregaciones locales existe alguna clase de comportamiento extraño, o sencillamente corrupto por parte de algún líder, todo suele quedar tapado por un manto de silencio excusado en la célebre frase de que “no se debe murmurar del siervo”. Esto es total y absolutamente cierto en lo que refiere a su concepto básico, pero no siempre a su efectivización concreta. Una cosa es no murmurar de un auténtico siervo levantado por el Señor porque su trabajo perjudica a los mercantilistas del templo, y otra muy diferente callar la actividad de delincuentes que se mueven disfrazados con ropajes de sacerdotes que jamás han sido.Una Verdad Inexorable: SERVIR; SÓLO AL REINO