Pertenezco a una generación en la que, mitad por cultura heredada de aquellos inmigrantes italianos o españoles que llegaron a mi país huyendo de sus guerras, y mitad por carencias económicas propias de una historia que parece repetirse permanentemente con las clases sociales más necesitadas, fui educado para reparar cualquier cosa que se dañara, como prioridad, antes de adquirir una nueva que la reemplazara. Cacharros de toda clase, automóviles que se caían a pedazos con partes de sus estructuras atadas con alambre, fue lo que vi en mi época de joven. Luego pasó la vida y muchas cosas cambiaron. Es muy cierto que todavía hay mucha, pero muchísima gente pobre que debe reparar lo que sea que se le haya dañado, simplemente porque no dispone de dinero para adquirir algo nuevo. Y esa gente, es la que mayoritariamente se refugia en las iglesias cristianas. Y quieran o no, se den cuenta o de manera inconsciente, llevan a sus iglesias una cultura de reparar lo viejo que, a la larga, les va a complicar sus vidas de fe. Porque son los más resistentes a crucificar su hombre viejo, y prefieren repararlo. Consejería pastoral y sanidad interior en el lado de adentro. Terapias de psicología del lado de afuera. Les cuesta mucho. Pablo lo sabía.
Efesios 4: 17-19 = Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. Si hay una oración, en lo gramatical, que resume lo que ha experimentado mucha gente que decía y aseguraba ser cristiana porque prácticamente vivía en el templo, esa oración es esta. Pablo los reconviene, -les dice- para que no anden como los otros gentiles. ¿Quiénes eran esos otros gentiles? Los incrédulos con los cuales debían convivir como pueblo. El apóstol intenta hacerles entender a esos efesios que cuando damos el paso en dirección a Cristo, ese paso no sólo no tiene vuelta atrás, sino que debe ir purificándose de toda contaminación mundana para dar lugar a una luz que ilumine a tantos y tantos que todavía andan por esta vida a oscuras.
Lo primero que les censura, es que andan en la vanidad de sus mentes. ¿Y qué cosa es andar en la vanidad de nuestras mentes? La respuesta es muy amplia y esto no da para detallarla al milímetro en toda su extensión, pero sí se puede dar algún ejemplo como para que cada uno busque si debe ponerse el sayo o no. El hombre tipo del mundo secular, suele envanecerse cuando su mente le hace saber que no está a la altura de compartir con gente que no tiene su fortuna. El pensamiento del multimillonario, es que un pobre lo es porque es holgazán y no se preocupa por avanzar en la vida como lo hizo él hasta amasar su fortuna. No discuto que en muchos casos, eso que ese potentado piensa, es absoluta verdad, lo he visto. Pero también existe una enorme franja de gente pobre que lo sigue siendo simplemente por falta de oportunidades. Porque no pudo acceder a preparación o capacitación que le permitieran tener un buen trabajo o porque debió salir desde muy niño a hacer cualquier cosa para llevar pan a una casa devastada por problemas entre sus padres o hermanos.
La otra vanidad que nuestras mentes pueden elaborar, pasa por nuestra formación. Conozco a mucha gente con altos estudios y títulos de todos los colores, que sin embargo se reúnen contigo y comparten temas cotidianos y simples como si fueran empleados del más bajo nivel y formación. Pero hay muchos que, ni bien ingresan a una universidad a desarrollar una carrera, levantan sus narices por encima de sus narices, y no te registran más porque eres parte de los “mutantes descerebrados que viven en su misma tierra. Hubo un prócer muy antiguo de las épocas de la independencia de mi país, que dejó registrada una frase que todavía hoy continúa vigente en este tema: “Los títulos no acortan las orejas”. Obviamente, era en referencia al asno o burro, que es un animalito bíblico ciento por ciento, pero que en este caso, que era el calificativo que el lunfardo argentino obsequiaba a los analfabetos, ignorantes de todo, o simplemente a los rústicos, toscos o brutos, a secas.
Cuando comencé mi tarea radial, extendida a la tarea de predicar en distintas congregaciónes que me invitaban simplemente porque yo estaba en la radio y “era conocido”, leí muchas veces este pasaje de Efesios. Y luego, no podía explicarme a mí mismo, ni justificar por comprensión, esas miradas torvas que veía en algunas personas sentadas escuchándome. No sabía por qué sucedía eso, en mi ignorancia lo determinaba como falta de lectura u oración y punto. Pero te confieso que el ambiente que se creaba con esas personas y sus miradas torvas, era feo, oscuro, tenebroso. El día que la luz de mi entendimiento se encendió, pude ver que todo eso era lo que aquí Pablo define tan bien como entendimiento entenebrecido. Porque él podría haberse limitado a poner ignorancia, falta de revelación o algo similar, pero no. Puso entendimiento entenebrecido, porque eso es justamente lo que se discierne desde afuera, algo tenebroso. Es gente que, aunque una vez por semana acuda con gusto a sentarse en un banco de un templo a participar de un culto, o a escucharse y verse todos los audios y videos de los que piensa son los mejores predicadores, igualmente viven ajenos a la vida de Dios, que es como decir, viviendo vidas que nada tienen que ver con el diseño divino.
En Proverbios 9:10, Salomón dice: El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, Y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia. Esto no quiere decir que el hombre, en su rebelión contra Dios, no sea capaz de grandes logros intelectuales. En cambio, es para decir que todos estos logros no alcanzan la verdadera sabiduría, porque el temor del Jehová es el principio de la sabiduría. El pensamiento no es que las mentes no regeneradas estén vacías. Es que están llenas de cosas que no conducen a nada. Como creyentes, tenemos un camino y un lugar adecuados para andar. Es como si Jesús nos diera la vuelta y nos pusiera en la dirección correcta, y ahora tenemos que andar y progresar en esa dirección. En cuanto a la dureza del corazón que aquí se describe, fundamentalmente, la ignorancia y falta de comprensión del hombre es un problema del corazón. Se muestra no solo en una necia negación de Dios, sino también en sus fallas morales (lascivia, impureza, avidez).
Los gentiles de los que habla Pablo, o eran ateos o creían en dioses que en sí mismos eran inmorales. Por lo tanto, en su negación del Dios verdadero, negaban cualquier estándar de moralidad al que debían responder. Perdieron toda sensibilidad, tiene la idea de que la piel se vuelve insensible y ya no es sensible al dolor. Es el resultado lógico de la dureza de corazón. Dureza también puede entenderse aquí como endurecimiento, y esta palabra griega antigua “se usa médicamente para denotar el callo formado cuando un hueso se ha fracturado y ha sido restablecido. Ese callo es incluso más duro que el hueso mismo. La lascivia es un pecado que hace alarde de sí mismo, que se deshace de toda restricción y no tiene ningún sentido de la vergüenza o temor; la impureza es una palabra amplia, principalmente con referencia a la conducta sexual inapropiada. Esto, naturalmente, fue dicho con relación a los gentiles, que serían hoy todos los creyentes no judíos. Vuelve a leer el pasaje mencionado y dime si es posible que Pablo tenga que exhortar a cristianos sobre estos temas. No, ¿Verdad? ¿Y si te digo que todavía hoy el setenta por ciento de los buenos ministros se ve en la obligación de seguir haciéndolo?
Versos 20 al 24 = Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.
En este pasaje Pablo está hablando de la edificación de la iglesia y, para tal fin, explica la necesidad de despojarnos de los viejos hábitos, del viejo hombre, por medio de la renovación de la mente con el objetivo de asumir la vida de la nueva naturaleza que Dios creó en justicia y santidad. La salvación del alma se produce cuando, por causa de la vida espiritual y el nuevo nacimiento, hay un despojo del viejo hombre. Directamente, si recorremos los textos adecuados al tema, veremos que lisa y llanamente se trata de crucificar al viejo hombre. Eso, dicho de un modo elegante, bíblico, teológico, si quieres, pero ¿La verdad? Si no lo matas en serio, ese viejo hombre te hará la vida imposible. La terrenal y la espiritual. Y Pablo no sugiere sanidad interior, recomienda muerte definitiva.
Ahora bien; si tenemos un enemigo al cual debemos eliminar conforme a lo escrito en nuestras biblias, debemos conocerlo al máximo de lo que se pueda. Por ejemplo: ¿Qué es el “viejo hombre”? Es una estructura humana y natural construida por el mundo, el hombre y las tinieblas, que nada contiene de la Verdad que es En Cristo. Ese Viejo Hombre está constituido por varias facetas que seguramente identificarás en ti mismo: Experiencias – Cultura – Historia – Carácter – Temperamento – Memoria – Maneras de vivir – Maneras de pensar. Paradigmas – Relaciones personales – Agenda. Sueños. Proyectos – Pecados pasados. Debilidades. Iniquidad – Logros personales. Victorias obtenidas por fuerzas personales – Bondad y amor humano – Pablo es claro cuando se lo muestra a los Romanos, y en el sexto capítulo de su carta y los versos 5 y 6, les dice: Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.
Muy bien; si ese es el viejo hombre, ¿Quién o cual es el nuevo? Cristo, sin ninguna duda. La misma Biblia te lo muestra con claridad. Acompáñame. Colosenses 3:9-11: No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos. Pablo, aquí, les está explicando que si fuimos despojados del viejo hombre, no debemos volver a servir al pecado ni a actuar según los viejos hábitos, pues la naturaleza que nos fue concedida debe manifestar la imagen de Cristo en nosotros, quien ahora es todo de lo que trata nuestra vida. Hebreos 11:39-40 añade: Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; (40) proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.
Muchos actuaron en obediencia poniendo en ejercicio su fe. Sin embargo, la perfección en Cristo no está disponible para ellos, como lo está para nosotros, y eso es lo mejor que Dios ha provisto a nuestro favor, la oportunidad de ser perfeccionados en el alma. Hebreos 10:35-39, dice: No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, Y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma. Lo podemos concluir perfectamente con el clásico de Hebreos 11:1: Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Aquí vemos como el escritor a los hebreos anima a la iglesia a perseverar y a desarrollar la paciencia, pues la venida de Cristo está cercana, y cuando le veamos seremos como Él es, pero de momento no retrocedemos, sino que crecemos en fe, para la salvación de nuestra alma, pero vemos a Cristo creciendo en nosotros, siempre y cuando hayamos tomado la decisión de vivir EN Él.
En este pasaje nos muestra que aparte de la fe para salvación, el otro aspecto de la fe es creer en la perfección que fue comprada por el sacrificio de Cristo. Por eso Hebreos 10:26-27 dice: Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. Lo que está diciendo aquí el escritor es que cuando alguien ya aceptó su vida pecaminosa como normal, entonces ya no queda más sacrificio por el pecado. Pues el antiguo pacto, contemplaba sacrificios innumerables, pero en el nuevo pacto ya fue ofrecido el sacrificio perfecto que fue Cristo, y si tenemos la fe para vernos perfectos en Cristo, no podemos aceptar como norma de vida el seguir pecando voluntariamente, pues esta fe nos lleva a vernos perfectos en Cristo. Aquí el escritor está hablando de alguien que aceptó su vida en la imperfección, por lo que su vida de pecado voluntario evidencia su falta de fe, y el no haber sido salvo. Lo que estos pasajes nos enseñan es que la fe tiene que actuar en nosotros para que la obra de perfeccionamiento de Cristo en nosotros, que todavía no la vemos manifestada, podamos verla cada día más, es la fe que me lleva a la certeza de la transformación en nosotros, a los antiguos la fe les dio buen testimonio, pero a nosotros nos da perfeccionamiento.
Verso 25 = Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Te caes y te fracturas tres dedos de tu mano izquierda. Pregunto: tu mano derecha, ¿Le dirá a tu mano izquierda que está sana y no tiene nada? No, se solidarizará con ella y, mientras dure su recuperación, hará toda la tarea que anteriormente hacia la izquierda. Eso es un cuerpo correcto operando en un sentido correcto y hacia un objetivo común y correcto. Cualquier otra cosa, imposible de imaginar en un cuerpo físico, es franca y directa rebelión para con la cabeza de ese cuerpo. ¿Se entendió la metáfora? ¿Sí? Entonces tú ya no puedes decir ni una minúscula mentira, porque eres miembro de un cuerpo cuya cabeza no miente y ordena no mentir. Y si por casualidad, todavía anida en tu cerebro alguna muy antigua enseñanza de ciertas religiones tradicionales que consideraban a algunas mentiras como “piadosas”, recházalas porque son satánicas, no religiosas. ¿O te olvidaste quien es el padre de mentira? Si le obedeces por conveniencia propia, desobedeces al Padre de todos, y eso es rebelión.
Versos 26-27 = Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. Modelo. Jesús se airó y mucho cuando vio hacer negocios sucios y mercantilismo vil nada menos que en la entrada del lugar donde se decía adorar a su Padre. Les desparramó las mesas a esos mercaderes infieles. Y seguramente no debe haberlo hecho con suavidad. Pero no los agredió ni ejerció violencia alguna con esas personas. Se airó, pero no pecó. Aunque por naturaleza me cueste todavía un pequeño esfuerzo, yo trato de hacer lo mismo, hoy. Pero hoy, muchos años después de haber entregado mi vida a Cristo. Porque en mi vida anterior, lamentablemente, no puedo decir que hacía lo mismo, sino directamente todo lo contrario. O sea que el nuevo hombre puede airarse, pero no peca. El nuevo hombre sabe cómo dejar ir su enojo, para que de esta manera no le dé oportunidad al diablo. No dice a Satanás, dice al diablo, que es cualquier persona que ha permitido ser influenciado por un demonio de ira. iAdemás, aquí se sugiere que se puede evitar que la ira se degenere en pecado si se le pone un límite de tiempo estricto: no se ponga el sol sobre vuestro enojo. La obra del diablo es acusar y dividir a la familia de Dios y sembrar discordia entre ellos. Cuando abrigamos ira en nuestro corazón, hacemos el trabajo del diablo por él.
Verso 28 = El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. El que hurtaba, no hurte más: El nuevo hombre no hurta, sino que trabaja con sus manos. Él hace esto no solo para satisfacer sus propias necesidades, sino también para compartir con el que padece necesidad. Es verdad que en una mínima proporción hay casos donde alguien roba por necesidad extrema propia o de alguien a quien ayudará, pero no es la esencia. El robar es un pecado grave y, quien lo ejercita, tiene total y absoluta certeza de estar haciendo algo indebido para con las reglas de la sociedad donde habita y, si fuera creyente, sabe perfectamente que está en contra del diseño divino. Cuando dice que en lugar de eso trabaje, ese Trabaje, es literalmente “esforzarse hasta el punto de agotamiento”. Este es el tipo de corazón que trabaja que Dios manda tener a los que solían robar. La idea de Pablo es que debemos trabajar para poder dar. El propósito de recibir se convierte en dar. Por este motivo es muy interesante entender la comparación que se da en la Biblia respecto a la Segunda Venida de Cristo. Como ladrón en la noche, dice. Pregunto: ¿Qué viene a llevarse un ladrón? ¿Algo propio o ajeno? Listo, piénsalo.
Verso 29 = Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Esto quiere decir que el nuevo hombre sabe cuidar su lengua, hablando solo lo que es bueno para la necesaria edificación, deseando dar gracia a los oyentes, que es como decir bendición, paz. Una palabra corrompida, mientras tanto, no sólo puede ser una vulgaridad obscena, sino algo calumnioso y despectivo. Trabajé en mis primeros años de joven, en un ambiente industrial, fabril. Cloacas nauseabundas eran las bocas de mis compañeros. Tanto que me costaba no caer en lo mismo. Yo todavía no era creyente, pero trabajaba en locución en una emisora de radio en mis horas libres, y sentía temor de que, si me acostumbraba a hablar así, se me escapara una grosería al aire por micrófono. Gracias a Dios por eso, sin saberlo, el Señor me estaba protegiendo. No te olvides jamás que, de una misma canilla o grifo, jamás puede fluir agua dulce y amarga al unísono. Esa canilla o grifo, es nuestra boca. No puedes llenar de groserías la misma boca que luego pretenderá adorar o alabar a Dios. Y no olvides que, en todo caso, de la abundancia de tu corazón habla tu boca.
Verso 30 = Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. El nuevo hombre no contristará al Espíritu Santo, sabiendo que Él es nuestro sello tanto en el sentido de identificación como de protección. Hay muchas formas de contristar al Espíritu Santo. Podemos descuidar la santidad y contristar al Espíritu Santo. Podemos pensar en términos puramente materialistas y contristar al Espíritu Santo. El Espíritu exalta a Jesús; cuando fallamos en hacer lo mismo, contristamos al Espíritu. Alguien dijo: “Creo que ahora veo al Espíritu de Dios contristado, cuando estás sentado leyendo una novela y no has leído tu biblia … No tienes tiempo para orar, pero el Espíritu te ve muy activo en las cosas mundanas, y tener muchas horas de sobra para relajarte y divertirte. Y luego se entristece porque ve que amas las cosas mundanas más de lo que lo amas a él”. El dolor del Espíritu Santo no es de naturaleza insignificante ni hipersensible. Se entristece con nosotros principalmente por nuestro propio bien, porque sabe la miseria que nos costará el pecado; lee nuestros dolores en nuestros pecados … Se entristece por nosotros porque ve en cuánto castigo incurrimos y cuánta comunión perdemos.
Verso 31 = Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. El nuevo hombre tiene control de sus emociones (amargura, ira, enojo, etc.). Cuando surgen tales cosas, él puede lidiar con ellas de una manera que glorifique. Aristóteles, que como podrás darte cuenta, no tenía nada de creyente, y mucho menos versado en guerra espiritual, sin embargo definió a la amargura como “el espíritu resentido que rechaza la reconciliación”. Para los más intelectuales, tomen nota. No lo dijo un religioso místico fantasioso, lo dijo un filósofo que se estudia en las universidades. Enojo, mientras tanto, nos habla de un arrebato del momento, mientras que la ira, por su parte, habla de una disposición estable. Ambos deben ser quitados.
Verso 32 = Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. Dios nos perdonó, lo sabes. Y también sabes que no lo hizo porque te lo merecieras. Dios retiene su ira por mucho tiempo hasta que perdona. Él nos soporta durante mucho tiempo, aunque lo provoquemos con dureza. Se acerca a las personas malas para cortejarlas hacia Él e intenta reconciliarse con ellas. Siempre da el primer paso en el perdón, tratando de reconciliarse, aunque la parte culpable no esté interesada en el perdón. Perdona nuestro pecado sabiendo que pecaremos de nuevo, a menudo exactamente de la misma manera. El perdón de Dios es tan completo y glorioso que otorga la adopción a esos que antes fueron ofensores. Dios, en Su perdón, cargó con todo el castigo por el mal que hicimos contra Él. Él era inocente, pero cargó con la culpa. Hoy sigue acercándose al hombre en busca de reconciliación incluso cuando el hombre lo rechaza una y otra vez.
Busca ser un hombre nuevo. NI se te ocurra reparar al viejo. Te puede funcionar, en apariencia, durante un tiempo, pero no será la solución al problema. La solución está en la cruz. Ese es el salvoconducto que te permitirá ascender a esa misma cruz en la que Él fue llevado y martirizado, y de ese modo, muriendo a tu carne y resucitando EN Él, no necesitarás reparar ningún hombre viejo. Lo muerto no se repara.