¿Quién Controla Tu Vida?

No hace mucho tiempo, me visitó para saludarme y bendecirme, un matrimonio que, según me contaron, me escuchan cada sábado en desobediencia a lo que se les ha ordenado en su congregación. Ante mi sorpresa, me dijeron que, efectivamente, en más de una ocasión se les dijo que no debían escuchar nada que se difundiera por esta emisora, ya que la misma, les dijeron, no cuenta con la cobertura de un importante grupo de líderes locales.

No me quedé pensando en la prohibición en sí, que como toda prohibición, contiene un altísimo porcentaje de infantilismo espiritual, sino en el eje de esa prohibición, un eje que tiene que ver, en una gran medida y precisamente, con la esencia de lo que habrá de ser este estudio: un esclarecimiento de lo que es el liderazgo bíblico y una evaluación, como corresponde, a lo que es el actual, el que conocemos, vivimos y hasta padecemos.

Porque lo que ellos me comentaron, tiene que ver con uno de los factores más pronunciados, predicados, enseñados y batallados por parte de nuestro liderazgo contemporáneo en casi todas sus facetas: la cobertura. Fue allí que me hice tres preguntas, que no me extrañaría en absoluto te hayas hecho o te estés haciendo tú también por estas horas: Número Uno: ¿Qué es una cobertura? Número Dos: ¿Qué base legal hay para que exista una cobertura? Número Tres: ¿Quién será entonces, una cobertura?

La única idea previa que tenía y a la que quizás podía adherir, era la de un predicador puertorriqueño, al que alguna vez le oí enseñar que si existe un hombre o una mujer, que alguna vez haya dado a conocer tres o cuatro principios espirituales que tú aceptaste, creíste y pusiste por obra en tu vida, ese hombre o esa mujer es tu cobertura. No necesariamente el pastor de tu iglesia, si es que no es él quien aportó a tu vida esos principios. Sin embargo, como eso no fue avalado bíblicamente por este hombre, quedó allí, como algo que te encaja, pero que no puedes encarnar porque le falta una pata espiritual: la probanza de la Palabra.

Hace poco tiempo, un par de hermanos que han madurado a la luz de la palabra y no de las espectacularidades del entretenimiento cristiano, me hizo llegar un trabajo que habían bajado de Internet. Pertenece a Frank Viola, un hombre que está trabajando en el proyecto “La Iglesia en las casas”, el que particularmente a mí todavía no me cierra del todo, pero que en este tema de la cobertura, ha brindado algunos pormenores que yo me he permitido tomar como base que sustente una parte de este estudio, que no tiene otra intención que la que emana del mandato a los cinco ministerios: Perfeccionar a los santos y edificar el cuerpo, lo que equivale decir: madurar al creyente y fabricar un cuerpo de muchos miembros, no de unos pocos considerados importantes.

Es muy sencillo comprobar que, pese a todo lo que se diga, (O no se diga, porque ¿cuántos saben que los cristianos limpios y transparentes terminamos por amar al secreto y los pactos de silencio?) La enseñanza moderna conocida como “cobertura protectora”, ha generado muchísima confusión primero y una conducta bastante inestable después, en el pueblo de Dios. Esta doctrina, tan singular que camina y se difunde bajo la bandera de otros nombres, sostiene que los cristianos están protegidos, por ejemplo, tanto de los errores doctrinales como de los fracasos morales, cuando se someten a la autoridad de otro creyente o de alguna organización cristiana. ¿Alguna vez lo razonaste así?

Mi propia experiencia, y el sentir de algunos pastores independientes que conozco y con los que charlado el tema, nos ha llevado a entender que la doctrina de la cobertura es un asunto que perturba de una manera muy elocuente a la iglesia de nuestros días y demanda, con la prudencia, el respeto y la sobriedad del caso, una profunda reflexión libre de tradicionalismos por parte de nuestro pueblo. Quiero hacer notar que cuando hablo de pastores independientes, me estoy refiriendo a aquellos que no están agrupados, salvo en lo nominal, con ninguna de las clásicas organizaciones evangélicas.

Comencemos, entonces, por el principio: viendo la palabra esencial en este tema: COBERTURA. Primero: ¿Está en la Biblia? ¿Sabes que escrita así, no? Sí en la versión antigua de la Reina Valera, pero no en la que todos tenemos ahora. Sí aparece una terminología muy parecida que tiene que ver con la cabeza cubierta de la mujer en la primera carta de Pablo a los Corintios, que dicho sea de paso, sería un tema al que alguna vez deberíamos encarar por dos razones: para traerles claridad a quienes puedan estar en confusión y libertad a quienes puedan estar en esclavitud legalista. Eso en el Nuevo Testamento. En el Antiguo, por su parte, sí la encontramos algunas veces, pero siempre en referencia a ropas de vestir o a algún otro tipo de cubierta, pero jamás en lo espiritual ni mucho menos para referirse a la autoridad o a la sumisión relacionada con el liderazgo.

De esto, hay algo que nos resalta inmediata y llamativamente: hay una muy escasa evidencia bíblica con relación a las coberturas, como para construir con ella toda una doctrina como se ha hecho. Pese a eso, la gran mayoría de hermanos, casi como loros, siguen repitiendo la consabida pregunta: “Hermano; ¿Quién es tu cobertura?”, Como si de la respuesta, la no-respuesta o el tenor de la respuesta, fuera algo así como una prueba de carbono 14 que determinara la autenticidad o legitimidad de una iglesia, un ministerio o un tipo cualquiera.

Ahora bien; si tenemos en cuenta de la manera en que tenemos que tenerlo, que la Biblia guarda silencio con respecto a la idea de la cobertura. ¿Qué es lo que se quiere decir, entonces, con esa tan remanida pregunta de: ¿Quién es tu cobertura? Una gran mayoría, si las presionas un poco, te van a cambiar esa pregunta por otra muy parecida que también se nos ha hecho y hasta predicado: ¿A quién rindes cuenta de tu iglesia, de tu ministerio o de tu vida? Pero esto se enfrenta con otro inconveniente: la Biblia jamás dijo que deberíamos rendirle cuentas a otro que no fuera Dios. Escrituras al respecto, aún a riesgo de cansarte, abundan.

(Mateo 12: 36)= Mas yo os digo: (Dice Jesús) que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio (El día del juicio, obviamente, deja ver que será ante Dios mismo que habrá que dar cuenta)

(Mateo 18: 23)= Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos?). (Si la semejanza es con el reino de los cielos, ¿Con quien tiene semejanza al rey que va a rendirles cuentas a sus siervos?)

(Romanos 3: 19)= Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios. (Está claro: el juicio es de Dios y toda debe cerrarse)

(Romanos 14: 12)= De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. (Más claro aún; dice que “cada uno”, o sea: tú, yo, y también Benny Hinn, Carlos Anacondia, Billy Graham, Juan Pablo II, tu pastor y quien más te guste incluido, todos van a rendir cuentas ante Dios)

(1 Corintios 4: 5)= Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios. (Otra vez el mismo concepto: “cada uno”, pero esta vez para lo bueno. De todos modos, es notoria la intención igualitaria divina)

(Hebreos 4: 13)= Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuentas. (Esto es contundente. Para ser legal la rendición de cuentas ante alguien más que el Señor, aquí no diría “Aquel a quien tenemos que dar cuentas”, sino “a Dios, UNO de los que tenemos que dar cuentas” Te lo aseguro: Dios lo hubiera dicho, no es dios de confusión)

(1 Pedro 4: 5)= Pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos. (Es Dios, sin dudas. Que yo sepa, no hay persona humana capaz de juzgar a muertos, no?)

Ahora bien; todas estas escrituras dan base para que un creyente con corazón recto y sin resentimientos, rebeldías o intereses personales, pueda decir sin temor a equivocarse ni molestar u ofender a nadie: yo rindo cuentas a la misma persona a quien le rindes tú: a Dios. No obstante, y donde quieras que tú te congregues, así sea en la congregación de más bondad, amor, misericordia y paciencia, prueba decir eso y vas a ver como, inmediatamente, cae sobre ti un profundo y oscuro manto de sospecha y, por allí, hasta de falsas acusaciones. ¡Pero digo algo que es bíblico, hermano! No interesa, ellos tienen sus propias leyes y jamás confiarán en que tú puedes manejarte sólo, sin que otro que el Espíritu Santo te diga lo que tienes que hacer. ¡Pero es que a ellos es quienes no avala la Palabra! No interesa. La Biblia, en algunos grupos, camina detrás de los estatutos y ordenanzas denominacionales internos.

Lo cierto es que, la pregunta básica de ¿Quién es tu cobertura?, No sólo significa lo dicho, (A quién le rindes cuentas), sino a otra que va tan implícita como esta y que es, si vamos a ser absolutamente sinceros, sin ninguna clase de disimulo ni elegantes sinónimos, el fundamento real que les interesa a quienes te hacen la pregunta: Ya no ¿Quién es tu cobertura?; sino la más usual de: ¿Quién te controla? La falsa enseñanza común sobre la cobertura, realmente se reduce a una cuestión acerca de quien controla a quien. De hecho, la iglesia institucional moderna, está construida sobre la idea del control. Y no te lo estoy diciendo para que te indignes y te rebeles, te lo digo como enseñanza. Porque tú sabes tan bien como yo, que cuando se intenta ejercer control sobre la voluntad de otra o de otras personas, sea a través del método que sea, así sea el más digno, eso tiene un nombre que eriza la piel: hechicería. ¿Hechicería? Sí, hechicería. ¿Tú qué te creías, que eso era patrimonio de una vieja flaca, fea, vestida de negro, con sombrero de copa puntuda, nariz ganchuda con un grano grande en el tabique, con una escoba y una lechuza en el hombro removiendo una gran olla donde hierven sus pócimas mágicas? ¡Despierta! Las brujas modernas tienen rostro y marketing televisivo.

(Miqueas 5: 12)= (Aquí Dios le está hablando a Israel, su pueblo, que es como decir a su iglesia; no al mundo, eh?) Asimismo destruiré de tu mano las hechicerías, y no se hallarán en ti agoreros. (Fíjate que esto podría tener con brujas y adivinos si fuera dirigido al mundo, pero se refiere a la iglesia. ¿De qué habla, entonces? De la hechicería religiosa, que no se ejerce por brujería o el ocultismo, sino por la manipulación de las voluntades mediante dos sistemas: seducción o intimidación. Dulces promesas o rudas amenazas. Y funciona, eh?)

(Apocalipsis 18: 23)= (Obviando a Gálatas 5:20 donde se coloca a la hechicería conjuntamente con otras obras de la carne que impiden entrar al reino de Dios, en una palabra que va dirigida a la iglesia, no al mundo, aterrizamos en este pasaje, donde viene hablando de Babilonia, la gran ramera, la iglesia falsa, la imitación sutil y satánica de algo que, exteriormente, es igualito a la iglesia, pero que cuando se buscan los frutos, nos damos cuenta que no hay y que no es Dios) Luz de lámpara no alumbrará más en ti, (O sea que, la luz del mundo, ya no habita allí) ni voz de esposo y de esposa se oirá más en ti; Porque tus mercaderes eran los grandes de la tierra; (mercadería en la iglesia. Falsos ministros viviendo en la opulencia, la fama y el poder, al mejor estilo secular) pues por tus hechicerías (Tus manipulaciones) fueron engañadas todas las naciones.

(Malaquías 3: 5)= Y vendré a vosotros para juicio; (Dios le habla a su pueblo. No importan los tiempos, el pueblo de Dios, somos nosotros) y seré pronto testigo (Alguien que ha visto el delito) contra los hechiceros y adúlteros (Manipuladores de la voluntad ajena y gente infiel para con Cristo, el esposo) contra los que suman mentira, y los que defraudan en su salario al jornalero (empresarios cristianos que pagan menos de lo que corresponde, o pagan sueldos en negro, vistiéndolos con el rótulo muy religioso de “ofrendas de amor”) a la viuda (Que es la iglesia que funciona sin la presencia de Cristo) y al huérfano (Los que no encuentran al Padre celestial) y los que hacen injusticia al extranjero, no teniendo temor de mí, dice Jehová de los ejércitos.

Naturalmente que nuestra gente, expuesta a estas cosas, muy raras veces se da cuenta y reconoce que es un espíritu de control el que verdaderamente está en el fondo del asunto. Generalmente se viste, se cubre, se arropa y se disfraza con sobrias vestiduras bíblicas. Hay dos maneras de predicar. La primera, es la que tiene que ver con el evangelio real, genuino, verdadero, y se expresa dejando que una palabra se revele y muestre lo que Dios está diciendo a su pueblo hoy, ahora. El otro, es una simple cuestión de armado. Se tiene un tema, que puede ser social, político, filosófico, científico; una opinión sobre ese tema que puede ser personal, sectorial, denominacional o evangélica, como credo de oposición. Para poder decir lo que se debe o lo que conviene decir desde un púlpito, hay que cubrir ciertas formas. Entonces, usando la concordancia o el diccionario bíblico, se buscan dos o tres versículos que den el pie que, luego de leerlos como corresponde y, arrancando desde esa lectura, se predica lo que ya estaba previsto, entiendes? Yo, mi hermano, enseño la palabra y añado, si la hay, revelación fresca sobre ella. Yo no reflexiono sobre una palabra, porque reflexión es opinión, y mi opinión no le interesa a nadie, ni bendice a nadie, ni tiene nada que ver con Dios que es espíritu, no alma humana. Tengo que ser imagen y semejanza. No?

Por eso es que son muchos los cristianos que creen verdaderamente, y con un casi ingenuo convencimiento, que la cobertura es solamente un mecanismo protector. Sin embargo, si nos detenemos con tranquilidad y escudriñamos con objetividad esa doctrina de la cobertura, vamos a terminar descubriendo que está fundamentada en un estilo de liderazgo del tipo “Cadena de mando”, lo que se conoce como “verticalismo”. Es decir: uno arriba, uno abajo, otro más abajo y muchos en el llano. ¡Pero eso se parece a la política del mundo, hermano!! No. Te equivocaste. No se parece, ES politiquería igualita a la del mundo. Pero eso, ¿Es bíblico? Hermano, hermano… Convengamos que, salvo a la hora del mensaje, la Biblia suele participar muy poco en las actitudes, decisiones y movimientos cotidianos de las diferentes organizaciones eclesiásticas. ¿Pero cómo puede ser eso? Mira: no sé como puede ser, pero lo que puedo decirte, es que sucede tan corrientemente que, casi, ha pasado a ser algo así como: “Y bueno, no es lo que dice la Biblia, pero es lo mejor que se nos ocurre para este tiempo tan complicado”.

Bueno: en este estilo verticalista de liderazgo, los que se encuentran en las posiciones eclesiásticas más altas, tienen un dominio sutil, pero dominio al fin sobre quienes están por debajo de ellos. Bueno, allí aunque no lo creas o no puedas entenderlo del todo, es donde se fundamenta la doctrina de la cobertura. Porque es por medio de este control de dirección jerárquico que se afirma, se enseña, se adoctrina y se mentaliza que los creyentes por la simple sujeción, sumisión y obediencia a ese orden jerárquico, ya están protegidos de cualquier error de cualquier naturaleza, tanto sea personal, congregacional como denominacional. Es decir que, se nos dice: ya estamos cubiertos. Pregunto: ¿Cubiertos con que? ¿Por quienes? ¿Con que autoridad? Y, principalmente: ¿Con que base bíblica?

El concepto es que todos deben someterse y responder a alguien que está en una posición más alta. En la gran Variedad de las iglesias evangélicas, con una modalidad que arranca desde la post-guerra hacia acá, esto se traduce así: los laicos, que no es una concepción bíblica sino de la doctrina de los nicolaítas, deben dar cuentas de todos sus actos al pastor. Pero bajo las mismas reglas, ese pastor también dará cuentas a una persona (o un grupo de personas) que tenga mas autoridad legal reconocida. Esta bien; se me dirá que un ejercito (Y el pueblo de Dios lo es) funciona así. Pero en ese caso, te diré que en un ejercito, sus generales siempre son elegidos por su gobierno, nunca mediante arreglos o componendas a espaldas de ese gobierno. Eso diferencia las cosas.

De modo que el pastor típicamente dará cuentas a la sede denominacional, a otra iglesia, a la que generalmente se le llama “iglesia madre”, o a un obrero cristiano influyente, a quien se considera que tiene un rango más alto en la pirámide eclesiástica. Como resultado, y aquí viene lo curioso, se dice que el laico, “está cubierto por el pastor” y que este, a su vez, “está cubierto por la denominación, la iglesia madre o el obrero cristiano”. En conclusión, el significado de todo esto, seria más o menos de que la gente, al dar cuentas de lo suyo a una autoridad más alta, equivale a estar protegidos por esa autoridad. Podríamos entender que se hablara de avales, de respaldo, pero cobertura, es mucho más profundo. En todo caso, se puede tener alguna expectativa cuando esa autoridad está colocada allí por el Señor, no cuando ha sido puesta por el hombre y Dios solo la soporta por misericordia. Si no crees esto, te pregunto: ¿Cómo vemos que haya funcionado, hasta ahora, esa supuesta cobertura? ¿Ha sido eficaz?

Y después está la otra incógnita que en algún momento te pasa por la cabeza pero, por las dudas no vayas a ponerte de pinta con alguien, prefieres callarla: ¿Quién cubre a la iglesia madre? ¿Quién cubre a la máxima sede denominacional? ¿Quién cubre al obrero cristiano? Ya se cual es la respuesta. Ha sido, permanentemente, la más difundida. Es una respuesta cargada de facilismo, aprovechando quizás la comodidad y la apatía de un pueblo que escudriña muy poco las escrituras. Te dicen: “Dios lo cubre”. Dios cubre, personalmente, a las más altas autoridades. ¿Ah, sí? ¿Y que es lo que impide que Dios sea, directamente, la cobertura de los laicos, o aun del propio pastor? Hay un problema aquí. Tenemos un problema aquí. Tenemos adentro un problema que tanto hemos criticado hacia fuera. Un orden de importancia que no está en ninguna Biblia. La suma de Dios-Denominación-Clero-Laicos. Dime la verdad: ¿No te suena conocido?

Sin embargo, el mayor problema es que este modelo, está violando al espíritu del Nuevo Testamento. ¿Sabes por que? Porque detrás de la retórica espiritual, que la hay y mucha, de proveer responsabilidad legal, de tener una cobertura, surge amenazador un sistema de gobierno que carece de sustento bíblico y está inspirado por, e impulsado por, un espíritu de control. Lo más aproximado a esto que encontramos en la Biblia, es la palabra SOMETIMIENTO, control, dominio, sujeción.

(Romanos 13: 1)= Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. (¿Usted me quiere decir a mí que todos los dirigentes corruptos que han pasado por nuestro país, han sido establecidos por Dios? Los espacios que ellos están ocupando, si. A ellos, los elegimos nosotros y Dios lo respeta, como respeta cualquier otra decisión del hombre, empezando si tu quieres, con la de irse al infierno en lugar del cielo. Esto, deja una clara evidencia que, cuando el marxismo encontró en Jesús a un paradigma del revolucionario, no entendió en absoluto las leyes del reino de Dios. Pero atención: esto es para lo legal, humano y administrativo, porque mira lo que Pablo dice con respecto a eso:)

(Gálatas 2: 4)= Y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que estaban para espira nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, (5) a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros. (Está muy claro. En el plano espiritual, tanto la sujeción como el sometimiento, es a una autoridad que está sujeta a autoridad divina, eso es bíblico. Pero también lo es no sujetarse al control de falsos hermanos infiltrados que, si la Biblia dice que los hay, ¿Por qué nosotros vamos a suponer que en nuestra congregación no? ¿Y esa va a ser tu cobertura? ¿Y de que te va a cubrir?)

Creo, en principio, (Ya vamos a seguir escudriñando mas sobre esto) que el tema de la cobertura obedece, en un principio, al trabajo sutil, lento, pero persistente, de un espíritu de control, algo que parecería formar parte del diccionario extra bíblico con el que se manejan los seminarios de guerra espiritual, pero que mas allá de que se llame o no así, su existencia y trabajo están mas que probados y solo en el marco de una enorme ignorancia no exenta de necedad, podría hacernos pensar que no existe.

La Biblia, es muy cierto, habla de sujeción y habla de obediencia. Principal y mayoritariamente se refiere al Señor, pero cuando tiene que ver con lo humano, delinea más bien los límites y parámetros. Esa especie de inmovilizada esclavitud a la que tantos buenos pero ignorantes creyentes se han sometido, no solo no los acercara mas a Dios o a la verdad, como ellos suponen y le han enseñado, sino que puede hacerlo pasible de cometer serios errores que los llevaran exactamente al lugar contrario a donde suponían que iban. El versículo que pone las cosas en su debido sitio, es este:

(Efesios 5: 21)= Someteos unos a otros en el temor de Dios.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez