Perseverando hasta el fin

Es más que indudable. La religiosidad, es uno de los espíritus malignos que, operando adentro de las iglesias, ha causado más estragos dentro del pueblo de Dios inmaduro. A favor de liderazgos más influenciados que sus liderados por estos demonios, muchas de nuestras congregaciones han caído en aberraciones teológicas a favor de pretensiones doctrinarias.

No es nuevo ni mucho menos. La historia bíblica está llena de relatos que tienen que ver con el legalismo, la religiosidad y, por ende, con la irracionalidad cristiana. Experimentados en el tema han llegado a asegurar que, detrás de un gran legalista, siempre se suele esconder un gran corrupto. No podemos aseverar que así sea, pero no es descabellado tenerlo en cuenta.

(Mateo 23: 13)= Mas ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.

Esto nos está señalando que no sólo rechazaban ellos, en lo personal, la verdad manifiesta, sino que además levantaban tremendas barreras con su legalismo ante aquellos que estaban buscando. Igual que hoy, ¿Se da cuenta? Pero fíjese algo muy singular: “ni entráis vosotros…”, les dice. ¡¡Eran líderes y no entraban al reino!! ¿No sucederá hoy algo parecido?

(14) ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación.

Lo que se está diciendo aquí es que ellos, mientras profesaban rectitud, eran injustos en su conducta. Esto se llama Hipocresía, y por años y años, ha formado parte activa y cotidiana de la fisonomía externa de la iglesia.

¿Dios quiere eso? Sabemos perfectamente que no. ¿Dios aprueba ese comportamiento? Sabemos totalmente que de ninguna manera. ¿Podemos engañar a Dios? Sabemos que eso es imposible. Entonces, ¿Por qué procedemos de esa manera?

En el fondo de cualquiera de estas circunstancias, sencillamente por incredulidad. Porque en lo íntimo del corazón de los hipócritas simuladores, hay un convencimiento insano que les asegura que no hay ningún Dios observándolos.

¡Pero hermano! ¡Esto es una cosa antigua! ¿Ah, sí? ¡Por supuesto! ¿Quién devoraría, hoy, la casa de una viuda? ÑA casa, no lo sé, pero a la viuda, conozco muchos líderes que lo han hecho. Ah, y para colmo de males, luego, en los cultos, se gastan todo el tiempo en larguísimas oraciones llenas de palabras altisonantes y religiosas. Carnalidad pura. Dios aborrece eso.

(15) ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.

Esto es lo mismo que decir que los fariseos en cuestión, eran celosos misioneros, pero del mal. ¿Hay parangones de esto en la actualidad? Creo que de este mismo modo, quizás no. Pero sólo una duda en forma de pregunta: ¿Alguien me puede decir qué ha ocurrido con los miles y miles que hicieron decisiones de fe por Cristo en las enormes campañas evangelísticas armadas por los grandes ministerios?

(16) ¡Ay de vosotros, guías ciegos! Que decís: si alguno jura por el templo, no es nada; pero si alguno jura por el oro del templo, es deudor.

(17) ¡Insensatos y ciegos! Porque ¿Cuál es mayor, el oro, o el templo que santifica al oro?

(18) También decís: Si alguno jura por el altar, no es nada; pero si alguno jura por la ofrenda que está sobre él, es deudor.

(19) ¡Necios y ciegos! Porque ¿Cuál es mayor, la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda?

(20) Pues el que jura por el altar, jura por él, y por todo lo que está sobre él; (21) y el que jura por el templo, jura por él, y por el que lo habita; (22) y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por aquel que está sentado en él.

Hay algo que está quedando sumamente claro a través de este episodio. Los fariseos, verdaderas autoridades de la iglesia de ese tiempo, eran mentirosos habituales, violando su propio código moral a través de un elaborado y absurdo sistema de juramentos obligatorios y no obligatorios.

(23) ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.

Eran totalmente inconsistentes, habiendo perdido por completo el sentido de las proporciones en cuestiones espirituales. Escrupulosamente celosos de las cosas exteriores más triviales, tales como todo lo relacionado con el diezmo de pequeñas semillas y plantas, olvidaban los más importantes principios morales.

Cuando dice que “esto era necesario hacer”, el término adquiere significación al afirmar Jesús que lo moralmente correcto es que sus discípulos practiquen el diezmo, no como una obligación legal, sino como un acto de disciplina consciente.

Los que se amparan en que si el diezmo es cosa de la ley hoy no existe obligación alguna para darlo, sostienen que si bien esto está escrito en el marco de un evangelio que dice formar parte del Nuevo Testamento, si se tiene en cuenta que aún no se ha derramado la sangre en la cruz que es lo que da origen al Nuevo Pacto, este tiempo, indudablemente pertenece todavía al Antiguo y, por ende, forma parte de la ley y no tiene nada que ver con la gracia.

Reitero una vez más lo que en innumerables ocasiones he dicho y enseñado: si usted cree que el diezmo es algo que pertenece a la ley y que la ley dejó de ser cuando aparece y llega la era de la gracia, pues entonces, usted no tiene que diezmar por la obligación y la ley, pero sí puede hacerlo por la promesa de prosperidad y abundancia, ya que las promesas no caducan. Mandamiento Nº 74: Más que cumplir con leyes, deben tener fe y misericordia.

(Mateo 23: 24)= ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!

Jesús utiliza una hipérbole para ilustrar la ceguera espiritual que permitía a los fariseos fijarse en cuestiones triviales, mientras pasaban por alto cosas de enorme importancia. Los coladores se usaban para remover materias extrañas y evitar las impurezas que podrían contaminar a quienes las consumieran inadvertidamente.

(25) ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque limpias lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis lleno de robo y de injusticia.

(26) ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio.

 La clase farisaica prestaba puntillosa y altamente celosa atención a cosas relacionadas con la purificación ceremonial, mientras que en todos sus actos parecían ignorar totalmente el mandato divino de santidad interior.

(27) ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.

(28) Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.

El aborrecible juego de las apariencias exteriores era un patrimonio exclusivo de las clases religiosas de aquel tiempo. Externamente, ellos aparecían como gente recta, pero en su interior resultaba muy evidente que estaban moralmente corrompidos.

Lo que se menciona aquí como sepulcros blanqueados, tiene que ver con un lenguaje extremadamente fuerte. Todavía en la Palestina de hoy se blanquean las tumbas. Sirve para identificarlas y no tropezar con ellas accidentalmente, e incurrir así en una profanación ritual.

(29) ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos, (30) y decís: si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas.

(31) Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas.

(32) ¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres!

(33) ¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis a la condenación del infierno?

Ellos se engañaban a sí mismos; reclamaban falsamente superar en rectitud a sus antecesores. Aunque levantaban monumentos a los profetas que sus padres habían asesinado, ellos mismos estaban conspirando para matar al Hijo de Dios. Por eso sufrirían igual condena.

Yo quisiera imaginarme, por un momento, que existe en alguna congregación evangélica del planeta, al menos un hombre con mentalidad, procedimientos y rutinas fariseos. ¿Cómo sería nuestro comportamiento? ¿Nos atreveríamos a confrontarlo como Jesús lo hizo con ellos?

Casi estoy oyendo a las hermanitas mayores y más celosas plantarse delante suyo y sentenciar: “¡Cuidado, hermano! ¡No se atreva a hablarle así al sierrrrrvo de Dios!” Porque en nuestras organizaciones, ostentar una posición o un cargo otorgado por otros hombres, es el equivalente a haber sido colocados por el propio Dios allí.

(34) Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; (35) para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar.

(36) De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación.

Observe que Jesús pronuncia una severa advertencia sobre el juicio que estaba pendiente sobre la nación. La profecía de Jesús se cumplió con la destrucción de Jerusalén en el 70 d.C. Toda la sangre de los justos derramada desde la primera víctima, Abel, hasta la última, Zacarías, será reclamada a Israel.

Hoy ya no existe retazo histórico lineal de esta historia, pero la Palabra de Dios, que es viva y eficaz, continua vigente por la tipología espiritual. Y esta nos muestra que cualquier profeta que sea muerto espiritualmente y acallado por la iglesia, merecerá por parte de Dios un juicio similar y una conclusión similar. Por lo tanto así queda nuestro Mandamiento Nº 75: Vendrá juicio sobre esta generación que silencia a mis mensajeros.

(Mateo 23: 37)= ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuantas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!

(38) He aquí vuestra casa os es dejada desierta.

(39) Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.

Ellos han rechazado al Rey, así que el Señor los abandona a su propia suerte. Todo lo que les quedará será un sistema religioso vacío, sin sus templos y sacrificios. Hay una semejanza con este tiempo. Hoy también están rechazando lo que el Rey envía a decir a través de sus mensajeros. ¿Les volverá a quedar otra vez un sistema religioso hueco y vacío, cargado de costumbres, tradiciones y modismos a los que ellos llamarán “el culto”?

Por último, Jesús ofrece una nota de esperanza al referirse a su glorioso retorno, cuando será reconocido como Rey. Aquí es donde, a partir de esta Palabra, hallamos el que es el Mandamiento Nº 76: No me volverán a ver hasta que no venga en gloria.

(Mateo 24: 3)= Y estando él sentado en el monte de los Olvidos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: dinos, ¿Cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?

Jesús ha estado hablando de la destrucción del templo. Sus discípulos, con un espíritu muy similar al de cierto liderazgo imperante hoy, pretenden una charla en privado para ellos, sin darse cuenta que el evangelio jamás tuvo ni tendrá un mensaje para los líderes y otro para el pueblo. El evangelio es uno y su mensaje también, para todo el que tiene oídos para oír.

(4) Respondiendo Jesús, les dijo: mirad que nadie os engañe.

(5) Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán.

(6) Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin.

Paréntesis. ¿No ha estado usted nunca en algún templo donde, luego de un desgarrador mensaje en contra de las guerras, las muertes y el terrorismo y todo lo horrible que el hombre inventa en contra de otros hombres, se ora para Dios concluya hoy mismo con todas esas aberraciones?

¿Se siente bien esa oración, verdad? Sin embargo aquí estamos viendo que: orar para que Dios no permita guerras y abominaciones tremendas, será muy bueno en nuestras pretensiones del alma, los sentimientos y la carne, pero no es bíblico, ya que Dios ha dicho que es necesario que esto acontezca antes del fin.

(7) Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.

(8) Y todo esto será principio de dolores.

Cuando dice “principio de dolores”, el término alude a los dolores de parto que se esperaba, precedieran al fin, marcando la transición entre esta era y la era por venir. Los severos dolores de parto, seguidos por el nacimiento y la consumación, son también una señal del fin y el gozo en tiempos del “alumbramiento”.

(9) Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.

(10) Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán.

Quiero que usted entienda algo muy preciso y específico: Jesús está hablando de una serie de acontecimientos que sucederán inevitablemente en contra de los cristianos en algún momento aquí, en la tierra. Y está adelantando que, dentro del llamado “pueblo de Dios”, va a haber traiciones y actos incomprensibles. Conociendo la iglesia, ¿Usted duda que esto pueda ser así?

(11) Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; (12) y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.

Vamos a esclarecer algo que no siempre hemos llegado a captar en toda su dimensión. ¿En qué área de la sociedad podrían llegar a levantarse falsos profetas y engañar a quienes los escuchan? Acertó; en la iglesia. No hay otro sitio en el que puedan engañar a alguien.

Siguiendo en el mismo contexto, por nada hay que indique que debamos cambiarlo: ¿En qué área de la sociedad se multiplicará la maldad y el amor de la gente se enfriará? También en la iglesia; sería incoherente por lo rebuscado pretender hablar de otro sitio. Cuídese.

(13) Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.

En el capítulo 10 y verso 22 de este mismo evangelio de Mateo, esto mismo ha sido dicho, cuando en el marco de los preanuncios de las futuras persecuciones sobre los creyentes, Jesús les dice: ..Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.

Como para que no queden dudas respecto a que va a existir una confrontación y que los vencedores podrán disfrutar de una recompensa clara, en el libro del Apocalipsis, capítulo 2 y verso 7, el Señor dice a Juan en Patmos:

…El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.

La palabra PERSEVERE, aquí, es la palabra HUPOMENO. Significa “mantenerse uno en pie en el conflicto, sobreponerse a la adversidad, no desplomarse bajo la tensión, estar uno firme, perseverar bajo presión, esperar calmada y valientemente. No es una pasiva resignación a la suerte, ni mera paciencia, sino la resistencia activa y enérgica a la derrota, lo que permite una calmada y valiente perseverancia.

(14) Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.

¿Ha pensado usted de que manera podría llegar a predicarse este evangelio del reino en todo el mundo para que efectivamente pueda llegar el fin preanunciado? Misioneros. ¿Alcanzan? ¿Se han levantado los suficientes? No. ¿Entonces? Internet. ¿Puede ser así? Puede ser. Aleluya.

Al advertir a los discípulos contra las falsas señales, Jesús traza un cuadro de las condiciones prevalecientes hasta el fin de la era y les señala cual será su tarea permanente. Habrá engaños de índole religiosa, levantamientos sociales y políticos, calamidades naturales, deslealtades y persecución; cosas que anunciarán el fin de los tiempos.

Los seguidores del Señor deben perseverar en la extensión del evangelio. Porque en cualquier batalla, la perseverancia tiene que ver con la certeza de pelear por una causa justa. Aquí encontramos, entonces, el Mandamiento Nº 77: El que persevere hasta el fin, será salvo.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez