Apocalipsis: El Libro que Nunca Entendimos

No es conveniente que los más nuevos lean el libro del Apocalipsis, no van a entender nada”…

¿Cuántas veces has oído a algún siervo, (Naturalmente, muy bien intencionado él), expresar estoe concepto? Claro está; si se lo mira desde la óptica intelectual, esa persona tiene toda la razón: con la mente es imposible entender dos líneas de este libro, el último que hallamos en nuestras Biblias.

Ahora bien; si pensamos que el Espíritu Santo es quien nos guía a toda verdad y que, por el simple hecho de habernos convertido en hijos de Dios por la fe en Jesucristo, nos irá revelando paso a paso todo lo que Dios quiera mostrarnos hoy, eso será muy diferente. Pero no todos lo creen.

El caso es que hoy tengo el privilegio de compartir contigo este trabajo que es el estudio profundo de un pequeño fragmento de este “misterioso” libro. Porque al Señor le ha agradado mostrar esto hoy y ahora, reservándose todo lo que resta para el tiempo en que Él lo determine. Quien crea que puede estudiar de la Biblia lo que le parezca, aún no ha entendido como funciona esto.

¿Necesitamos los canales de noticias o los periódicos para entender el Apocalipsis? No. ¿Seguiremos pensando que su texto trata de acontecimientos futuros, y por eso es que se llama “el libro de las revelaciones”? No. Porque ese es el mayor error que hemos cometido. Este libro no habla de revelaciones, sino de LA revelación de Jesucristo, que es otra cosa. Por eso el título de esta nueva Producción Especial: Apocalipsis: El Libro que Nunca Entendimos.

Deberás leerlo muy lentamente, cotejando cada letra, cada frase, cada idea con tu Biblia. Sin permitir que te gane esa comodidad histórica que los cristianos hemos evidenciado y que nos ha llevado, por años, a quedarnos convencidos de lo que alguien con cargo o jerarquía nos dice. Por eso la iglesia anda como anda: porque está llena de convencidos en lugar de convertidos.

Será bueno que tú lo leas por tu cuenta. Al menos los párrafos que aquí trataremos. Si entiendes o no entiendes no será asunto intelectual, sino espiritual. De todos modos, serás bienaventurado con el sólo acto de leerlo. Es el único libro donde Dios se preocupó por escribir eso. Y nadie puede saber si el señor no te dará algo más por encima de lo que aquí se diga. Así es como funciona esto.

¿Es que entonces debemos entender que nos hemos estado perdiendo esa bendición por no leerlo y dejarlo “para más adelante, cuando estemos más crecidos”? Sin dudas. – ¡Pero es que yo le hice caso a mi pastor! ¡Él fue quien me dijo que no lo leyera!

No te preocupes. A mí también me ordenaron lo mismo y también obedecí. Años y años, hasta el día en que alguien trajo esta palabra de impacto y mis ojos espirituales se abrieron y pude entender lo que hasta allí me había estado oculto y vedado.

Y cuando entendí esta palabra, también pude entender las dificultades y la procedencia de los errores. Muchas veces me han preguntado si un cristiano puede estar poseído de demonios. Siempre he respondido que si está verdaderamente convertido, poseído no creo, pero que si no está atento y velando, perturbado, molestado, oprimido y confundido, seguramente que sí.

Muy bien: la enseñanza errónea que hemos recibido, y que ahora encontrarás con respecto al libro del Apocalipsis, ha tenido como protagonistas a hombres y mujeres deseosos de servir a Dios, seguramente, pero suficientemente confundidos y bloqueados por el enemigo como para – Sin saberlo – colaborar con él en mantenernos en ignorancia.

Estudia esto. Apréndete cada paso, cada tipología, cada símbolo. Revisa con cuidado cada letra, cada palabra aquí vertida. Deja de lado alguna carnalidad de los autores materiales y físicos, (El autor real es el Espíritu Santo) y quédate con lo que ese mismo Espíritu te dice que es así.

Escríbeme si así lo deseas, pero no para pedirme que te hable de algo que aquí no ha sido vertido. No podré responderte por una simple razón: no escribo por lo que puedo saber, sino por lo que el Señor me ha dado para que escriba.

Ah, me olvidaba. Una vez concluida la lectura y el estudio, asúmelo para ti, para tu vida, para tu casa, para tu ministerio. Y recién una vez que lo veas puesto por obra en tu vida, puedes enseñarlo. Ni se te ocurra hacerlo antes de entenderlo, aceptarlo y vivirlo. No es así como funciona esto. Dios te bendiga y te guíe a encontrar mucho más de lo que aquí hallarás.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez