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La Madre de Todas las Batallas

Quiero, en este trabajo, hablar del único campo de batalla donde tú libras cada una de esas batallas tan fuertes que tienes. Y eso se llama tu mente. Allí es donde has estado librando las peores batallas, pero tengo una buena noticia: puedes ganarlas.

Lo que la Biblia denomina como mente es el lugar donde se pelean las más grandes batallas. O ganas o pierdes, pero toda batalla que empiece a gestarse en tu vida, va a comenzar inexorablemente en tu mente.

Cuando tú tienes una mente perdedora, estás derrotado antes de empezar. Antes de comenzar a hacer algo, ya has fracasado. Porque ya has perdido en tu mente. Pero si tú tienes la mente del Señor, una mente triunfadora, cualquier cosa que emprendas, será victoria.

(Isaías 55: 7) = Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.

(8) Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.

(9) Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

Lo que acabamos de leer es profético. Isaías fue un profeta que en el Antiguo Testamento trajo una palabra del cielo, una palabra de Dios. Y esto es bien importante que lo abordemos en este trabajo. Número Uno: dice que nosotros debemos dejar dos cosas. Caminos equivocados y pensamientos equivocados.

La mayoría de nosotros, cuando recibimos al Señor, y nos hacemos hijos de Dios, y comenzamos a ser formados, abandonamos caminos equivocados. ¿Qué significa esto? Que tú dejas de hacer cosas que desagradan al Señor y que hoy ya no las haces.

Muchas conductas equivocadas. Robos, drogas, adulterio, fornicación, son algunas de las cosas que tú dejas de hacer cuando conoces a Jesucristo. Esos son caminos equivocados. Pero, el dejar pensamientos equivocados, es un proceso más largo y más lento. Nosotros podemos cambiar conductas, pero los pensamientos equivocados siguen viviendo en nosotros.

 Lo que hemos recibido de nuestros padres, por ejemplo. Dice el apóstol Pedro que nosotros hemos sido rescatados de una vana manera de vivir, la cual aprendimos de nuestros padres. A lo mejor tu mamá y tu papá ya murieron, pero siguen viviendo en tu mente, en tu estructura de pensamiento.

Mucha gente, hablando de cualquier tema, de pronto suele decir: “Como decía mi papá”. Y así nuestros padres siguen viviendo en nosotros y seguirán viviendo también en nuestros hijos. En la línea de los pensamientos, claro está.

Pensamientos equivocados. Pensamientos de derrota, de fracaso. Pensamientos de pesimismo. Pensamientos de insuficiencia, de in felicidad. Todo está allí, en la mente. Dice el Señor que nosotros debemos abandonar pensamientos equivocados.

Déjame que te repita esto, porque necesito colocar un piso sólido a todo esto, para que tú sepas con claridad de qué cosa vamos a hablar en los próximos minutos. Si puedes anotar, anota. Y si no, al final, lo vuelves a escuchar una y otra vez hasta que lo entiendas.

Isaías dice: deje el inicuo sus pensamientos. Lo que está diciendo es que dejes de pensar como pensabas antes. Esto es complejo, porque desde niños nos enseñaron a pensar de un modo determinado. A ti nunca te enseñaron a no pensar.

Nos estamos metiendo en algo bien profundo. Somos adictos a pensar. Estamos totalmente influidos por nuestra mente caída. Los psicólogos dicen que hay dos formas en las que tú puedes pensar. Uno es el pensamiento consciente.

El pensamiento consciente es cuando tú usas tu mente. Yo estoy usando mi mente ahora, estoy razonando, estoy exponiendo un tema importante. Opera en mí un pensamiento consciente. Pero la mayor parte de nuestra vida, nosotros no usamos nuestra mente, sino que es nuestra mente la que nos usa a nosotros.

Yo no sé si has visto por la calle a gente que anda hablando sola. Y no me refiero a gente hablando con celulares manos libres, a eso lo detectas enseguida. Hablo de gente gesticulando y hablando sola. Los miramos y ¿Qué pensamos? ¡Están locos!  

Mira; la única diferencia que hay entre esa persona que está hablando sola en voz alta y tú, es que tú haces lo mismo, pero en silencio. Todos nosotros tenemos pensamientos equivocados instalados en nuestras mentes por tus padres, por tu cultura.

Entonces, cuando tú enfrentas un problema, viene siempre el mismo pensamiento de derrota, como si alguien lo hubiera instalado allí para que funcione siempre que aprietes el enter de tu mente. Te resulta imposible salirte de esa línea de pensamiento.

Lo más complicado es que esos pensamientos fueron instalados por gente a la cual respetabas mucho, por lo cual de ninguna manera serán cuestionados jamás. Por eso cuesta tanto cambiar las estructuras y los pensamientos de una persona.

Siempre va a caer en lo mismo. Alguien dijo que toda persona siempre se va a dirigir hacia su pensamiento más dominante. Tú puedes estar en una iglesia, levantar tus manos, gritar y hasta danzar, pero no es difícil saber qué va a haber en tu mente mañana cuando te levantes y estés lejos de ese lugar.

Pablo dice en Gálatas que la mente, la carne, la vieja estructura, combate contra tu espíritu. Y tu espíritu fue redimido y recreado por el nuevo nacimiento. Ahora tu espíritu vive. Antes estaba como un ciego que tiene ojos pero no ve, o un sordo, que tiene oídos pero no oye.

Eso ocurría hasta que el Señor vino y sopló con Su Espíritu a tu espíritu, y tu espíritu revivió. Y el Señor le dijo a la mujer samaritana en Juan 4:14, que el que bebiera de esa agua volvería a tener sed, pero el que bebiere del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente para vida eterna. 

 Quiero decirte en este día que tu espíritu hoy es la fuente donde vive la presencia del Señor. Puedes decir tranquilamente y sin exagerar ni mentir que la fuente de todo está en tu interior. Eso te libera de esa adicción a buscar la aprobación de los demás.

Gente que depende emocionalmente de terceros. Es muy cierto que debemos amarnos los unos a los otros, pero eso no significa adoptar dependencias enfermizas los unos por los otros, eso no es Dios. No puedes levantarte cada mañana esperando a ver cómo te trata esa persona para decidir cómo pasarás el resto del día.

Y te digo más: nunca vas a encontrar una persona que esté a la altura de tus expectativas. Siempre en algún punto esa persona te va a decepcionar. Pero eso es bueno, no malo. El evangelio son buenas noticias. Y es muy buena noticia saber que hoy, la fuente del gozo, de la alegría, de la paz, de la sabiduría y de todo el conocimiento está dentro tuyo, dentro mío y se llama Espíritu Santo.

Y de acuerdo con lo que dice Pablo en Gálatas, hay un campo de batalla muy singular para ese combate, es tu mente. Tu mente, tu vieja estructura pensante, tus paradigmas, todos los argumentos que se levantan contra el conocimiento de Dios.

La altivez. Yo creo, yo opino, yo pienso, yo no estoy de acuerdo, a mí no me convence esa idea. Todo eso es lo que la palabra aúna bajo el nombre de mente. La mente es la capacidad del asiento reflexivo, cómo tú percibes tu entorno.

Como lo decodificas, cómo lo evalúas, tus percepciones, tus ideas, tu cultura, tus costumbres. Es una trama compleja. Por eso Pablo dice: ¿Cómo podríamos ser liberados de eso? Pablo dice que las armas de nuestra milicia son poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas. Y llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.

Deberías declarar cada mañana al levantarte que hoy vas a llevar cautivo todo pensamiento que se levante contra la sabiduría de Dios. Pero Pablo no concluye allí, añade que eso del combate en tu mente, es para que no hagáis lo que queréis.

Dicho de un modo más doméstico: de pronto se te forma un barullo más que regular en tun interior con una sola y simple razón: que no puedas hacer lo que quieres. “Es que yo quiero hacer esto o aquello para el Señor”. Pablo dice: “con mi mente sirvo al Señor, pero con mi carne…”

Es una batalla, Pablo dice que es una batalla interior, es una guerra. Que tu mente, tus pensamientos regresan. Es cíclico, siempre regresa. El pensamiento fatalista, el pensamiento de derrota, de escasez. Tú escuchas que Dios te va a prosperar, que Dios te va a levantar, que Dios va a hacer cosas grandes para ti y e quedas como un gigante con el pecho inflado.

Eso tal vez el domingo, en la reunión con los hermanos. Quieres salir de allí corriendo a pisarle la cabeza al diablo si te lo encuentras. Pero llega el lunes y otra vez la burra al trigo, como decían los campesinos de antaño. Otra vez los pensamientos de derrota y a empezar de nuevo.

Y llegas a amargarte mucho, porque más de la mitad de las vidas de las personas son vidas de frustraciones. Quieren hacer algo y se les aborta. Y no se dan cuenta que todo el problema está allí, en sus mentes. Alguien dijo que lo que te lastima no es lo que te rodea, sino la interpretación que tú tienes de lo que te rodea.

La gente por naturaleza es fatalista. Siempre está diciendo que está todo mal, todo mal. Vamos a ver: cuando tú dices que es un día horrible, lo que está horrible no es el día, sino lo que tú tienes adentro. Sino dime cómo es posible que esa persona que está a tu lado te diga: “¡Pero no! ¡Si este es un día fantástico!”

Uno dice que el día es maravilloso, que es el mejor día que Dios ha creado y que todos nos gozaremos en él. Y el otro dice que no, que todo está malo, estoy arruinado, no sé si quiero seguir viviendo o no.

¿Sabes por qué pasa eso? Porque estás podrido por dentro. Cuando tú escuchas hablar a alguien, esa persona no está describiendo a la ciudad, no está describiendo al día, ni a la iglesia ni al culto; se está describiendo a sí mismo. Todo lo que está adentro, sale para afuera.

Entonces Pablo dice: para que no hagáis lo que quisiereis. Es una batalla. Por eso yo, hoy, con la ayuda del Espíritu Santo, quiero dejar en tus manos algunas armas aptas para que tú puedas encarar primero y ganar posteriormente esa batalla.

Dice la palabra que somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Así que ahora cambia esa cara de indio de madera que tienes hoy, alégrate como niño y di con voz bien alta que Dios es mucho más grande que tu problema más grande.

Pablo está hablando de cómo Isaías dice: deje el inicuo sus pensamientos. La gran pregunta, entonces, es: ¿Cómo puedo yo dejar de pensar? ¡Soy un pensador compulsivo! ¿Cómo puedo yo liberarme de la mente?

Antiguamente hubo un filósofo llamado Descartes que dijo: pienso, luego existo. El caso es que él, en realidad, condujo a la humanidad a un error fatal, porque él confundió la mente con la persona. Si dejo de pensar, ya no existo. Pero si pienso, sí existo. Yo soy la mente cuando soy y, cuando dejo de pensar, dejo de ser.

Pero cuando tú lees la escritura, te das cuenta que tú no eres tu mente. Sería interesante que nos paráramos a la mañana frente a un espejo y dijéramos: “Yo no soy mi mente”. Esa es una muy buena noticia, yo no soy mi mente.

Trescientos años después de Descartes, se levantó otro filósofo y dijo: “No, Descartes está equivocado”. El filósofo se llamó Jean Paul Sartre. La mente es algo extraordinario que Dios te ha entregado a ti.

Es como conducir tu automóvil. Tú tomas tu automóvil, conduces unos cuantos kilómetros, llegas a tu destino, te bajas y dejas el auto allí, estacionado y en espera que retornes y vuelvas a usarlo. Así es como Dios pensó a nuestra mente cuando nos la dio: Para que la usáramos cuando la necesitáramos, no para que dependiéramos de ella.

El problema de la mayoría de las personas es que no usan su mente, sino que su mente los usa a ellos. Lo estoy haciendo muy sencillo. Esa voz que te habla durante las veinticuatro horas del día, es como una segunda identidad que vive dentro de ti.

Ese diálogo contigo mismo que realizas –por ejemplo- cuando vas a hablar con alguien por algo importante, es algo que se repite y renueva durante todo el día. Es como si, en palabras ordinarias, te dijera que estamos poseídos por nuestras mentes.

Somos pensadores compulsivos, es como si no pudiéramos dejar de pensar. Algunos piensan hasta cuando duermen. Por eso, la mayor bendición que tú puedes extraer de este estudio de hoy, es la de aprender cómo no pensar del modo en que normalmente lo haces.

Porque si tú pudieras dejar de pensar conforme a las rutinas de tus viejos pensamientos, la victoria sería posible. Porque entonces va a ser el Espíritu el que te va a ministrar. O sea: tú te levantas por la mañana y dejas que la mente te ministre, ese día no va a ser del todo bueno.

¿Por qué? Porque la mente es una especie de caja llena de basura. Todo lo que está en tu mente, te llegó de algún lado. No hay nada original dentro de ti. Tu nombre, tu idioma, tus costumbres, tus conceptos, tus paradigmas, todo te llegó de algún lado.

De la Universidad, de tus maestros, de tus referentes, de los autores de los libros que has leído. Mira; cuando alguien se te planta enfrente respecto a un tema cualquiera y te dice: “Mire, usted está equivocado. Yo pienso que…” Sólo mirarlo y ya te das cuenta qué libro estuvo leyendo y de dónde sacó ese pensamiento que ahora dice le pertenece.

Leemos mucho. No importa si ahora ya no se leen libros tradicionales por causa de Internet. Sigues leyendo trabajos ajenos por esa vía, independientemente de si están en papel o en informática virtual. Y con eso se alimenta y llena tu mente.

Con esto te estoy diciendo, que mal que te pese, en tu mente no hay nada original. Es una caja llena de cosas que, en su gran mayoría, no te sirven para nada. Entonces, cuando tú te levantas por la mañana, tú puedes regresar a tu mente para tomar cosas viejas, o acude al Espíritu Santo para que te ministre cosas nuevas que tú no sabías.

Si ese día, tu mente que es una caja llena de chucherías, de supersticiones, de ideas que vienen del tiempo de los colonizadores, de los próceres que la historia vende como inmaculados santos, ellos habitan en tu mente y tienen prioridad en tu vida porque tú le das prioridad a tu mente.

Y por si eso no fuera suficiente, nosotros defendemos nuestros pensamientos. Los defendemos como si fueran nuestros, sin darnos cuenta que son prestados. Te llegaron de algún lugar. De otras mentes que por ahí estaban más enfermas que la tuya.

Entonces tú dices: “No, porque yo creo”. En realidad tú no crees nada, sólo estás defendiendo algo de lo cual tú no eres el autor. Por eso cuando tú lees al profeta Isaías, él dice: Como desciende del cielo la lluvia y la nieve, y no vuelve allá sino que cae sobre la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra y pan al que come, está hablando de los pensamientos altos de Dios.

¿Cuántos quisieran tener solamente los pensamientos altos de Dios? Un solo pensamiento de Dios –por ejemplo- puede sacarte de la miseria. Un pensamiento de Dios, en un segundo, puede cambiar toda tu existencia. Cambiar tu lamento en baile, llenar tu boca de risa y tu lengua de alabanza. Un solo pensamiento de Dios puede sanarte a ti de una enfermedad incurable.

¿Cómo puedo dejar de pensar? No sé cuántos años de edad tienes tú, pero de todos los que tengo yo, la enorme mayoría me los he vivido pensando. ¿Cómo puedo sacar fuera de mi mente lo que no me edifica y decir que no voy a pensarlo más?

Somos verdaderos adictos al pensamiento, cual quiera éste sea. Y especialmente a los pensamientos viejos. Por eso, cuando tú le estás hablando a alguien del Señor, tú tienes que entender que tiene que haber una obra sobrenatural.

Tú no puedes ir con un pensamiento a romper otro pensamiento. Dice Pablo en Romanos: No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal. Por eso Pablo dice en Corintios que las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.

¿Tienes idea de la cantidad de fortalezas que albergas en tu mente? Fortalezas culturales, de antiguas supersticiones. De eso habla, y añade que es para destruir todo argumento y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, para llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.

Las almas deslucen al Espíritu Santo, a la palabra, la gracia, la unción, la revelación. ¡Y de eso se trata lo nuestro! Que cambies tu manera de pensar, para que cambies tu manera de vivir. Estamos frente a algo inquietante y determinante en esta hora.

Hebreos dice que la palabra de Dios es viva y es eficaz, y es más cortante que toda espada de dos filos, que penetra hasta partir el alma. La palabra rhema de Dios, es una espada que divide el alma, la mente y el espíritu.

¿Cómo puedes tú luchar contra algo que no identificas? Pero la palabra del señor divide, y tú puedes percibir cuando tú estás teniendo una experiencia mental, una experiencia almática, una experiencia emocional, y cuando tu experiencia es una genuina experiencia en el espíritu.

¿Pero cómo puedes saberlo? Si cuando te pones a orar es más el tiempo que te pasas lamentándote y llorisqueando que orándole. Estás a un milímetro de ofender al Espíritu. Algunos presumen de haber orado una hora continuada, cuando en realidad lo que han hecho es fracasar por espacio de una hora.

De pronto alguien puede orar cinco minutos, pero son cinco minutos en el Espíritu. Y lo que rompes en cinco minutos orando en el Espíritu, no lo haces en horas con tu mente. Tinieblas, fortalezas, todo se rompe con la simple unción del Espíritu Santo que emana de tu boca.

Cinco minutos pueden bastar para establecer el gobierno de Dios sobre un determinado problema y acceder a una victoria inmediata sobre él. Vale más eso que estar horas llorisqueando en tu alma delante de un Dios que espera por un hijo valiente y decidido.

Muchos creen que han tenido una experiencia espiritual, cuando en realidad sólo han tenido una experiencia del alma. ¿Cómo saberlo? Es la palabra de dios lo único que te separa el alma del espíritu. Y cuando tú recibes la palabra revelada y tienes el Espíritu del Señor, tú sabes cuándo es una experiencia almática, mental y emocional y cuando una genuina experiencia espiritual.

No debes andar en tinieblas, no debes estar confundido; debes saber con certeza cuándo el Espíritu Santo de Dios te está hablando. Ahora, si tú no tienes claridad sobre lo que te está pasando, entonces sé sabio, toma la Biblia y compara tu experiencia con la Palabra.

Dice que nosotros tenemos la palabra profética más segura, y dice que es como una antorcha que alumbra el lugar oscuro. Y hacemos bien en estar atento a ella. Así que cuando tú no tengas demasiada claridad, igual lee la palabra, y la palabra te dará claridad.

La mayor de nuestras batallas radica en que somos adictos a nuestra mente. Nuestra mente ha sido nuestra discipuladora y nuestra formadora durante toda nuestra vida. Y que para nosotros ha sido todo un reto empezar a caminar en el Espíritu.

Porque siempre nos hemos apoyado en el conocimiento preliminar que hemos acumulado a través de los años, y eso determina nuestro futuro. Yo quiero decirte algo que, si lo entiendes con claridad, te va a ayudar mucho.

Anótala si puedes, porque es necesario y conveniente que la entiendas tal como te la voy a decir. Es un poco complicada al principio, pero tiene que destrabar algo en ti. Porque a menos que tú salgas de ese ciclo extraño, misterioso, que aborta tus sueños, no vas a poder ser útil para el Reino.

Tú quieres servir, ser útil y victorioso en el Señor, pero andas atrapado en tus pensamientos y tu mente parecería ser una altísima muralla infranqueable. Es como una cárcel, y sólo logrando salir de ella conseguirás ver un mundo nuevo.

Pero el Espíritu Santo está aquí para darte victoria, para que puedas saltar la enorme muralla de tu mente y para que puedas entrar en la dimensión del Espíritu. Hay un territorio virgen para explorar, hay una tierra de abundancia.

Hay un lugar para ti, llamado reposo; hay un lugar para ti, llamado gozo; hay un lugar para ti, llamado paz: pero tienes que saltar fuera de tus pensamientos. Albert Einstein, uno de los grandes científicos de nuestra era, dijo: “Si tú quiere resolver un problema, tienes que funcionar en un nivel de pensamiento más grande que el que vivías cuando creaste el problema”.

Y la respuesta está en Isaías 55, donde dice: Mis pensamientos son más altos que tus pensamientos. Y mis caminos, más altos que tus caminos. Moisés dijo: “Señor, ¿Cómo vamos a cruzar este mar?” Y Dios dijo: “Tranquilo; mis pensamientos son más altos”.

Y esto fue como un top secret, porque Dios se reserva, a veces, la respuesta para el último momento. En el último minuto, Dios le dijo a Moisés: esta es la respuesta: Extiende tu vara y divide el mar. ¡Qué pensamientos!

Moisés dijo: ¡Jamás se me hubiera ocurrido! ¿Cómo se le iba a ocurrir, si nosotros con nuestra mente, lo único que podemos generar son problemas? Todo lo que está cerrado delante de mí, Dios tiene la fórmula para abrirlo, pero los pensamientos de Él son más altos que los míos.

Esta es la frase: “Lo que yo sé determina lo que yo veo”. O sea que tú juzgas, tú evalúas, tú determinas, de acuerdo con el conocimiento que posees y los datos con los que cuentas. Lo que tú sabes, tú conocimiento de la mente, determina lo que tú ves.

Te condiciona. Tú no puedes ver algo diferente a lo que tú sabes. Lo que yo sé, determina lo que yo veo. El médico te mira y, como él sabe mucho, ya sabe lo que a ti te pasa. Y yo no podría saberlo porque yo no cuento con ese conocimiento. Lo que él sabe, determina lo que él ve.

Pero no se termina allí, esa frase. Ahora viene la parte extraña: “Lo que yo veo, determina lo que yo sé”.  Sígueme porque esto está más que interesante. Al final te voy a pasar cuatro sugerencias para que tú las anotes, porque eso viene de una mente renovada.

Lo que yo sé, o sea el conocimiento con el que yo cuento, determina lo que yo veo. Pero lo que yo veo, determina lo que yo sé. Conforma lo que yo sé. Y este es un círculo desde el que tú nunca sales. Cuando tú te haces una idea de una persona, eso es lo que tú vas a ver.

Entonces, cuando tú ves a esa persona en ciertas y determinadas actitudes, vas a decir: ¿Has visto? ¡Era así, como yo decía! Lo único que hace lo que tú ves, es confirmar lo que ya sabes equivocadamente. Lo que yo sé, determina lo que yo veo. Y lo que yo veo, reconfirma lo que yo sé.

Y no salimos nunca de eso. Si tú vienes a mi ciudad y dices: Rosario es horrible, llena de smog y de tráfico, no sé por qué hay gente que vive aquí, entonces tú ya tienes un argumento. Lo que tú sabes, determina lo que tú ves. Entonces, Rosario siempre será para ti una ciudad horrible. Aunque vivas en ella.

Cuando te levantas por la mañana, te asomas a tu ventana y ves el tráfico automotor y el humo ascendente por sus calles, vas a decir: ¿Estás viendo? ¡Tengo razón! Y ese es el ciclo donde tú quedas atrapado. Lo que yo sé, determina lo que veo; y lo que yo veo, reconfirma siempre lo que yo sé equivocadamente. Por eso, ¡Trata de convencer a alguien que está equivocado!

Eso, hasta que un día viene el Espíritu Santo de Dios y te abre la cabeza de par en par. ¡Pablo era uno de ellos! Hablas tres horas del Señor con una persona, esta se vuelve a su casa y tú te quedas pensando que ahora se convierte, pero no; sigue pensando lo mismo que antes de las tres horas.

Te escucha, pero en realidad lo que hace es reafirmar sus pensamientos previos en base a conceptos que ya antes tenían fijados en su mente. ¿Cómo sacas a una persona de esa cárcel? Sería inteligente orar diciendo: “Señor, rescátame de esta vana manera de vivir que heredé de mis padres”.

Cuando se los convoca, miles de ángeles junto al Espíritu santo vienen vertiginosamente a rescatar a personas que han sufrido un verdadero secuestro mental. Pablo fue liberado y sacado de esa cárcel de su mente. No es una batalla sencilla; se basa en un alto grado de renuncia por nuestra parte a esa clase de pensamientos.

Esa renuncia implica decidir dejar de conducirnos por nuestros pensamientos y comenzar a andar por fe en el Espíritu Santo. Aunque hasta la última célula de tu cuerpo te diga que no, que eso no es así, tú vas a decidir creerle a Dios y a su palabra, aunque eso sea irracional para tu mente.

De ese modo, la mente va a ir perdiendo a cada instante gobierno sobre ti, y será el Espíritu Santo quien comience a reinar sobre tu vida. Es la única forma que conozco de pasar a ser un hombre o una mujer del espíritu.

Pablo dijo: y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento gobernará vuestros corazones. Hay algo maravilloso que está por encima de todos mis pensamientos y de mi propio entendimiento. Cualquier cosa que sobrepasa nuestro entendimiento, está fuera de nuestra línea pensante.

¿Sabes cuál es el problema de la mente? Que la mente todo lo transforma en materia pensante, en argumentos, en fortalezas, en ideas, en conceptos. Pero cuando tú vienes al Señor, todo se te hace realidad.

Dice Jesús: cuando venga el Espíritu de verdad, el Espíritu de realidad. ¿Qué significa pasar del concepto a la realidad? Que tú tocas, gustas al Señor, lo experimentas en tu espíritu, lo disfrutas. Dice el Señor: yo no soy una materia de análisis, no soy un enunciado teológico; Yo soy el pan de vida que descendió del cielo. El que me come nunca morirá, y yo lo resucitaré en el día postrero. Yo soy verdadera bebida, verdadera comida; el que me come, nunca morirá. La idea es disfrutar al Señor en tu experiencia.

Quiero que anotes cuatro cosas. Nº1: Dios te ha dado una imaginación creativa. El mayor regalo que el Señor nos ha dado, es el don de la imaginación. Imaginar. La mente es una pista de aterrizaje donde deberá aterrizar el avión de Dios.

Que no te quepan dudas; es un misterio cuando una idea llega a tu mente. Estás en el lugar menos indicado o más pintoresco o insólito, y de pronto te llega una idea de no sé dónde y aterriza en tu mente. Y es un misterio, porque es la idea, es un regalo divino.

Porque cuando te llega una idea, independientemente de si luego evalúas que es buena, regular o desechable, lo que sí sabes de inmediato es que eso no vino de ti. Vino de “algún lugar”. Yo creo que siempre una idea es un regalo de Dios para tu vida.

Nº2: Dios te da una voluntad independiente. ¿Qué significa eso? Que cuando tú determinas algo, te será firme. No vas a estar afectado por las opiniones ni los comentarios de los que te rodean, o de tus seres queridos.

Quiero aclararte que una idea es de Dios cuando llega a tu mente y lo primero que se te ocurre, es: ¡Imposible! ¡Eso no se puede hacer! Esa idea es de Dios. Una idea es de Dios cuando se la comentas a tus amigos o hermanos y ellos te dicen que estás bien loco.

Una idea es de Dios cuando tienes que recurrir a Dios para que te la financie.  Una idea es de Dios cuando se levantan contra ti enemigos fuera de lo común. Gene poderos te ataca. Gente que tú nunca pensaste que podían plantearse fijarse en ti para atacarte. Una idea es de Dios cuando Él mismo te manda ayudadores fuera de lo común. Dios le dio una idea a José, y ¿Sabes quién fue su ayudante? Faraón.

Voluntad independiente es cuando tú caminas y no eres afectado por la opinión ajena y no eres afectado emocionalmente por las personas y no tienes la más mínima adicción a la aprobación de los demás. ¿Sabes qué es ser adicto a la aprobación de los demás?

El cuidado estético. La gente se viste, se arregla, se maquilla y, cuando se mira al espejo, queda conforme de su aspecto. Sin embargo necesita desesperadamente que en el lugar donde va, alguien le diga que todo eso que se puso encima le queda de maravilla. Si ya estaba conforme consigo mismo, ¿Por qué necesitó que otro se lo dijera? Tienes que decir: tengo la mente de Dios, por lo tanto, tengo voluntad independiente.

Nº3: Dios te da una habilidad y una capacidad que, todo lo que te rodea, Dios hace sincronice con tus sueños. Todo, hasta el clima. Hasta la gente que te va a rodear. Dios se va a encargar que todo lo que rodea vaya sincronizando con tu sueño.

Dios va a proveer y va a poner ayudadores fuera de lo común. Dios va a proveer recursos fuera de lo común. Dios va a abrir caminos donde no los hay. Isaías 55 dice que cuando tú tienes un propósito y tienes los pensamientos del Señor, dice que aún los montes levantarán canción delante de ti. Y los árboles del campo darán palmadas de aplauso cuando te vean pasar.

Va a haber una aprobación de la creación, una aprobación de los ángeles, una aprobación de Dios sobre el proyecto que tú vas llevando adelante. A algunos, tal vez Dios tenga que enviar una tormenta para bajarlos del barco y que un pez se los trague, pero te va a llevar al propósito.

Nº4: Vendrá un nivel de revelación e iluminación divina. Viene un nivel de luz del Espíritu. A ti individualmente te estoy hablando. Tenemos que celebrar la diversidad en el cuerpo de Cristo, pero también la individualidad.

Somos el cuerpo de Cristo, pero miembros cada uno en particular. Y Dios te va a dar luz para que te conozcas a ti mismo. Autoconocimiento. Que sepas quién eres. El diablo fue al desierto para decirle a Jesús: “¡Ah! ¿Con que tú eres el Hijo de Dios?”

El primer ataque del diablo fue a su identidad. Lo primero que el diablo va a querer hacer es despojarte de tu verdadera identidad. Pero Pablo dijo: Yo sé quién soy en Cristo Jesús. Un automóvil tiene alrededor de 50 mil piezas.

Se necesitaron más de cincuenta mil partes para armar ese auto que tú usas todos los días y que, cuando se descompone, sabes arreglar sin acudir a mecánicos especializados. ¿Sabes qué? Conoces más de tu auto que de ti mismo.

La iglesia padece innecesariamente por ciertos fantasmas que a veces vienen en contra de todos nosotros. Y eso a muchos los atemoriza y abren puertas para que el enemigo penetre y los atormente, los oprima y hasta los destruya.

Tú no dependes del lugar en donde estás, sino del reino al que tú perteneces. Y ese Reino se rige por el Espíritu, no por lo que quiera hacerte creer o pensar tu mente. Cuida tu mente, es la que Dios te ha dado, pero no la adores. No se lo merece. Sólo tu Dios merece toda tu adoración.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez