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No Tengo Ningún Mérito

L a primera característica de la gracia de Dios no se relaciona con los delitos del hombre. La gracia de Dios se da para el hombre pecador, desesperado, bajo, débil e indigno. Si la cuestión del delito aparece y está estipulado que aquellos que tienen pecado no tendrán gracia, entonces, básicamente la gracia está anulada. La gracia de Dios nunca puede ser retenida sólo porque el hombre ha pecado. La gracia de Dios tampoco puede ser reducida cuando los pecados del hombre aumentan. Nunca puede existir tal cosa.

La mente del hombre, que es totalmente caracterizada por la carne, está llena de los pensamientos de la ley. Tal vez pensemos que los que han logrado algo reciban gracia pero nosotros, los pecadores, los que no hemos logrado nada, estamos descalificados para recibir gracia. En la mente del hombre, el delito y la gracia son polos opuestos. El hombre piensa que la gracia sólo viene donde no hay delito.

Si tú le dijeras a cualquiera que tiene cierta consideración acerca de Dios, de que lo ama y le ha dado gracia, inmediatamente él se preguntará cómo puede esto ser así puesto que él ha cometido tantos pecados. El hombre piensa que la gracia sólo puede ser recibida cuando no hay delito. Sin embargo, está totalmente equivocado. ¿Por qué? Porque el delito provee la mejor oportunidad para que la gracia opere.

Sin el delito, la gracia no se puede manifestar. No solamente el delito es incapaz de detener la gracia, también es la condición necesaria para que la gracia se manifieste. De la misma manera, nuestra pobreza ante el Señor no disuade la gracia. Por el contrario, nuestra pobreza es una condición para recibir gracia. Al no ser pobres, no desearíamos recibir gracia.

Imagínate que pasa por tu casa un mendigo y tú le encargas, por ejemplo, que limpie tu vereda. Luego, por ese trabajo, le das unas monedas. A partir de allí, seguramente él vendrá en la mañana puntualmente y todos los días a barrer tu vereda para ganarse esas monedas.

Todo bien, pero, ¿Qué sucedería si le ofreces una moneda a cualquier hermano o hermana de entre nosotros que está bien arreglado y tiene una buena educación, diciendo: “Ten, toma esto. Luego bárreme mi vereda. Y después búscate una o dos monedas más para que puedas comprar algo para comer afuera”?

Ciertamente él o ella no lo aceptarían. No solamente lo rechazaría, sino que lo consideraría un insulto. Por lo tanto, ser pobre es una condición para recibir gracia; de hecho, es la condición más necesaria. ¿Estás entendiendo el concepto elevado a principio básico?

El hombre es muy irracional. Él dice que no puede recibir gracia porque sus pecados son innumerables. No hay nada más contradictorio o insensato que esto. Puesto que el enfermo está enfermo, necesita de un doctor; puesto que los pobres están pobres, necesitan alivio; análogamente, puesto que el hombre es pecador, necesita gracia.

Así que, el pecado no disuade. Por el contrario, presenta una oportunidad. Nuestro problema hoy es que siempre pensamos que tenemos que estar en una condición diferente de la que estamos actualmente. Pensamos que debemos ser personas más santas y mejores hoy que ayer si queremos recibir gracia.

Miren: si ustedes quieren ser magistrados, entramos en la cuestión de la calificación. Si ustedes quieren entrar en una escuela, entramos en la cuestión del nivel. Si ustedes quieren ser doctores de un hospital, entramos en la cuestión de capacidad.

Si ustedes quieren hacer negocios, entramos en la cuestión de habilidad. La calificación, el nivel, la capacidad y la habilidad son sin duda útiles en ciertas cosas. Pero si el hombre desea venir a Dios, las calificaciones, los niveles, las capacidades y las habilidades no sirven.

Sólo puedo recibir gracia si soy un pecador desesperado, en el más bajo nivel. El hombre pierde la gracia no porque es muy pecador, sino porque no es lo suficientemente bajo. Él es muy orgulloso y moral. Y es exactamente aquí donde radica el mayor problema.

Somos grandes en toda clase de pecados. Al mismo tiempo, somos grandes en el pecado del orgullo. Por un lado tenemos una necesidad; por otro, estamos en un nivel en el que no podemos recibir la gracia que necesitamos. Esto se debe nada menos que a nuestro orgullo.

Romanos 5: 20 dice: “Mas donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia”. La Palabra de Dios nos muestra que donde el pecado está, también hay gracia. Donde el pecado abunda (no es que realmente haya abundado, pues todos los hombres pecan igual, sino que el pecado se ha manifestado más abundantemente) la gracia de Dios abunda aún más.

La palabra abundar en el idioma original da la idea de rebosar. Yo no sé si alguna vez ustedes estuvieron a la vera de un río. Cuando la corriente alta viene, queda una línea marcada en la vera o playa. Pero si una inundación viene, sobrepasa la línea marcada.

Cuando el agua está al nivel de la marca, decimos que es sólo una elevación normal de la corriente, pero si el agua se eleva por encima de la marca, es una inundación. Esto es lo que abundar significa aquí. El pecado es muy alto, pero la gracia va más alta e incluso cubre el pecado.

¡Aleluya! El pecado es alto, pero la gracia va más alta y cubre el pecado. Esta es la gracia de Dios. El hombre tiene el extraño pensamiento que para recibir gracia, él debe estar sin pecado y delito. Pero no hay tal cosa. Aunque nuestros delitos son muy serios y pueden llegar muy alto, la gracia de Dios se eleva aún más.

Puesto que la gracia de Dios está aquí para tratar con el problema de los delitos, ya no son un problema. ¿Cuál es la naturaleza de la gracia de Dios? La gracia de Dios es Dios que viene a la posición del pecador para tomar sobre Sí la consecuencia de sus pecados.

Por favor recuerda la definición que dimos antes, gracia es la obra de Dios para con el hombre. Si no tenemos ningún delito, no necesitamos que Dios haga nada para nosotros, y como resultado, no necesitamos la gracia de Dios. Pero por causa de nuestros pecados y problemas, Él tiene que venir y resolver nuestros problemas. Por tanto, necesitamos la gracia.

Si yo digo: “Puesto que he pecado, no puedo recibir gracia”, es como decir: “Debido a que estoy muy enfermo, tengo mucha vergüenza para ir a ver al doctor. Iré a ver al doctor cuando mi temperatura baje un poco”. Puesto que no existe tal paciente en el mundo, no debería haber tal pecador en el mundo tampoco. Entonces nuestros delitos son la condición para que recibamos la gracia de Dios.

Puesto que Dios toma cuidado del problema del pecado y toma la responsabilidad para tratar con nuestros delitos, cualquier pecado que tengamos, sea grande o pequeño, no es problema ante Dios. Tanto los pecados grandes como los pequeños no representan problema, pues ambos pueden ser resueltos por la obra de Dios. La obra de Dios se encarga del pecado grande. De la misma manera el pecado pequeño necesita de la obra de Dios.

Si dependiera de nosotros tratar con nuestros pecados, haríamos distinción entre los pecados grandes y los pecados pequeños. Pero si Dios se encarga de nuestros pecados, serán tratados sin importar si son grandes o pequeños. Puesto que Dios se encarga de ellos, a nosotros no nos importa en absoluto. Todo lo que nosotros hacemos es recibir gracia.

Anteriormente vimos por qué el hombre no puede recibir gracia. Recuerden las palabras de Pedro en 1 Pedro 5: 5: “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”.

Dios da gracia al humilde. Si tú humildemente confiesas que eres un pecador, tus delitos no impedirán la gracia de Dios; más bien, causarán que recibas Su gracia. Mientras tú te humilles ante Dios, la gracia de Dios fluirá a ti. Gracias a Dios que la gracia fluye bajando hacia nosotros; no es bombeada hacia nosotros. Nadie puede bombear la gracia de Dios para sí mismo. Por lo tanto, todos aquellos que son altos tienen que bajar.

¿Quiénes son los pecadores y quiénes pueden recibir gracia? La Biblia nos muestra claramente en Romanos 3: 23-24 que “todos pecaron”, pero todos los que pecaron fueron “justificados gratuitamente por Su gracia”.

La Biblia nos muestra que una vez que el hombre peca, espontáneamente él puede recibir la gracia. Sin ser pecador, no puede recibir la gracia. El hombre piensa que aquellos que han pecado no pueden recibir la gracia. Pero Dios dice que por causa de que el hombre peca, él puede recibir la gracia.

Es tan obvio: desde que el hombre peca la gracia viene. Nunca pienses que cuando el pecado viene, la gracia se va. El pecado es un error grande del hombre, pero pensar que el pecado impide que el hombre recibiera gracia es un error aún mayor.

Por lo tanto, la primer cosa que debemos ver es que los delitos del hombre no impiden la gracia de Dios. Con la gracia de Dios, los delitos no representan problema. Por el contrario, la gracia de Dios está allí para tratar con los delitos del hombre. Dios da gracia porque el hombre pecó.

Ahora hay otra cosa más. No todo lo que el hombre hace es pecado. A los ojos de Dios, todos los hechos del hombre son pecados, pero a los ojos del hombre, muchas cosas que él hace son logros. Algunos consideran que al ser grandes pecadores, no pueden recibir la gracia.

Otros piensan que al pecar, tienen que mejorar antes de recibir la gracia. Por favor, vean la diferencia que hay aquí. El primer grupo dice que han pecado y que por lo tanto están descalificados para recibir gracia. Este grupo está completamente en la esfera negativa.

El segundo grupo es un poco más positivo. Ellos dicen que son pecadores pero que recibirán gracia si sólo se comportan mejor. Ellos creen que deben alcanzar un cierto nivel de conducta y cumplir ciertos logros antes de que puedan recibir la gracia.

En la mente del primer grupo, el problema es el impedimento de gracia. En la mente del segundo grupo, el problema radica en cómo obtener la gracia. Algunos creen que los delitos nos impiden de recibir la gracia de Dios. Otros creen que los logros nos capacitan para obtener la gracia de Dios.

Pregunto: ¿Sabes qué es la gracia? La gracia es incondicional. Es gratis, y no se da con base en ninguna razón. Es la obra de amor de Dios la cual nos concede a nosotros los pecadores. Si la gracia de Dios estuviera relacionada a los logros del hombre, la naturaleza de la gracia se perdería inmediatamente.

Mientras quede un rastro de logro en nosotros, Dios debe recompensarnos conforme a nuestros logros. Dios es justo. Y puesto que Él es justo, es recto. Él tiene que recompensar al hombre conforme a sus logros.

Pero si la dádiva de Dios es una recompensa o premio, deja de ser gracia. Tan pronto aparecen los logros, tiene que haber recompensa y la gracia queda excluida. Si un hombre trabaja para ti por un mes y tú le pagas por un mes, el pago no se puede considerar un regalo; es una recompensa. Él ha hecho algo por ti; es su logro. Si es un logro, el pago no es gracia, sino una recompensa. Cuando hay recompensa, no hay gracia.

Romanos 4: 4 lo deja bien en claro: “Al que obra no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda”. Los delitos no impiden que recibamos gracia; por el contrario, nos dan la oportunidad de recibir la gracia de Dios. Los logros no nos ayudan a recibir la gracia de Dios; por el contrario, anulan la naturaleza de la gracia de Dios.

Si no es gratuito, no es gracia. Si no es dada sin razón y causa, y como un regalo, no es gracia. Si hay alguna razón o causa envuelta, si incluye un precio, o si hay algo de obra, el asunto de recompensa aparece inmediatamente porque Dios es justo. Una vez que la recompensa aparece, la naturaleza de la gracia se pierde.

Si tú estás en una posición por encima de Dios, o una igual a Dios, no puedes recibir la gracia. Por eso Romanos 4 dice claramente que nadie puede venir ante Dios y decir que ha hecho esto o aquello, y por lo tanto pedir gracia sin vergüenza.

Si una persona dice que no es como otros que han extorsionado o que son injustos, que él ayuna por lo menos dos veces a la semana, que aunque no haya dado el diezmo, por lo menos ofrece un cinco por ciento de lo que tiene, él no puede recibir la gracia de Dios.

¿Qué es gracia? Déjenme explicarles esto en una manera enfática: la gracia consiste en recibir sin razón. Una vez que hay una razón, se convierte en recompensa. Si tú tienes algún logro, el asunto de la recompensa aparece y la gracia queda excluida. Debemos prestar atención a este asunto.

Todavía hay otra oración en Romanos que es muy clara en este punto: “Mas si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia” (11: 6). Alguien dijo, en una familia, que debían dar un regalo a un doctor al final del año.

Cuando preguntaron por qué, se dijo que dos meses atrás dos miembros de esa familia estaban enfermos y ese doctor les ayudó. Por ser un amigo, este doctor no aceptó nada de dinero por sus servicios. Por lo tanto, tenían que comprarle algo.

“En ese caso”, dijo alguien, “no le estamos dando algo, sino devolviendo algo”. ¿Por qué? Porque hubo una obra y una deuda. Estrictamente hablando, lo que se daba era una devolución de lo que se debía. Amigos míos, si tenemos algún logro ante Dios, sea grande o pequeño, la salvación de Dios se convertirá en un pago de una deuda y no será gracia.

Gracias a Dios que no hay nadie que pueda afirmar ante Dios que ha logrado algo. Gracias al Señor que somos salvos por gracia. Si yo, me salvara por mis logros, nunca podría decir: “Dios, te agradezco porque me has dado gracia”.

Más bien diría: “Dios, soy salvo porque Tú has pagado Tu deuda”. Podría decir orgullosamente que soy salvo por los logros. ¿Por qué nadie se puede salvar por los logros? Porque Dios quiere quitar todo orgullo del hombre, para que el hombre no haga nada más que agradecerle y alabarle. Una vez que se levanta el tema de los logros, la gracia ya no es gracia. Por favor recuerden que Dios no puede retener la gracia del hombre por causa de sus delitos.

Tampoco puede reducir Su gracia para el hombre a causa de sus delitos. Él tiene que dar y no puede reducir Su dádiva. La gracia no está relacionada a los delitos. ¿Y qué en cuanto a los logros? En la gracia no hay posibilidad de mezcla con nada, incluyendo la naturaleza de los logros.

La gracia no es el pago de la deuda de Dios por nosotros. No es que Dios nos debía algo para que ahora nos esté pagando. Algunos quizá digan: nosotros no somos tan extremistas. Aunque no nos animamos a decir que venimos a Dios sólo por nuestros logros, tú tienes que creer que necesitamos ciertos logros ante Dios.

Es imposible no tener nada. Debemos hacer una pequeña obra, y después Dios puede rellenar nuestra falta. Haremos lo que mejor podamos, y Dios hará el resto”. Amigos míos, no podemos decir esto. La gracia no es el pago de una deuda de Dios. De la misma manera, tampoco gracia es el pago exagerado de la deuda, como si Dios le debiera cinco dólares, pero ahora le devuelve diez. La gracia es como alguien cuando le da un vestido nuevo.

No es como alguien emparchando su vestido roto. Si la gracia es emparchar, ha perdido su posición, y su naturaleza está anulada. Déjenme repetir de nuevo que la gracia no tiene nada que ver con los logros. El hombre ve naturalmente que algunas personas son mejores y otras son peores.

Por lo tanto, él cree que los mejores requieren menos de la gracia de Dios y los peores requieren más de la gracia de Dios: un parche grande para un agujero grande y un parche más pequeño para un agujero más pequeño. Pero tal concepto no existe en la Biblia. ¿Quién ha pecado? Creo que todos nosotros conocemos la frase de corazón: “Por cuanto todos pecaron”. ¿Por qué todos pecaron? Es porque “carecen de la gloria de Dios” (Ro. 3: 23).

Si la Biblia dijera que todos pecaron porque todos violaron los Diez Mandamientos, habría una diferencia entre grandes pecadores y pequeños pecadores, pues algunos transgredirían nueve mandamientos mientras otros transgredirían sólo uno.

Si la Biblia dijera que todos pecaron porque todos fueron destituidos de la costumbre de la sociedad o por la ley del lugar, aún habría algunos que son buenos y otros que no lo son tanto. Pero es extraño, la Biblia dice que todos han pecado porque están destituidos de la gloria de Dios.

¿Qué es entonces la gloria de Dios? Si tú quieres entender lo que es la gloria de Dios, tienes que entender Romanos del 1 al 8. La gracia de Dios está relacionada con la gloria de Dios. La gracia busca al hombre en el nivel más bajo, y la gloria lleva al hombre al nivel más elevado.

Romanos 1 al 3 nos dice cómo el hombre ha pecado. Luego, después de presentar el camino de salvación por el Señor Jesús en los capítulos del tres al cinco, la crucifixión de Cristo en los capítulos seis y siete, y la obra del Espíritu Santo al principio del capítulo ocho, Romanos nos dice lo siguiente al final del capítulo ocho: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó … Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó” (vs. 29-30).

La salvación consiste en que Dios saca a un pecador del fango del pecado y lo lleva hasta la gloria. Aunque somos justificados, sabemos que la justificación no es suficiente. La justificación no es la meta de la salvación de Dios para nosotros. Dios no se detendrá hasta que estemos en la gloria. Entonces, Romanos 1 al 8 comienza con los pecados y termina con la gloria. ¿Qué significa estar destituido de la gloria de Dios? Significa que uno no puede entrar en la gloria.

Todos pecaron porque no pueden entrar en la gloria. Si todos han pecado porque no honraron a sus padres, tú puedes encontrar a algunos que deshonran “mucho”, otros que deshonran “más o menos” y otros que deshonran “poco”.

Tal vez de los millones de habitantes, hay millones de clases diferentes de deshonra. Pero en cuanto a ser destituidos de la gloria de Dios, o sea, no poder entrar en la gloria, tú y yo somos exactamente lo mismo. Tal vez tú seas un moralista y yo un criminal. Como criminal no puedo entrar en la gloria, y tú tampoco puedes entrar en la gloria como moralista.

Entonces, ante Dios todos son destituidos de Su gloria, y nadie está calificado para entrar. Tú puedes ir a la calle y decirle a cualquiera que él ha pecado. Si él dice que no ha pecado, tú le puedes preguntar si piensa que puede entrar en la gloria. Por supuesto, él no sabrá qué es la gloria. Si estamos en la luz de Dios, y si tenemos un poco de conocimiento de la Escritura, sabremos que no estamos calificados para entrar.

Ninguno de nosotros puede entrar. Cuando hay un espectáculo en un estadio con capacidad para determinada cantidad de personas, cuando se venden todos los boletos, nadie más podrá ingresar. El problema, entonces, no radica en que si las personas que se quedaron afuera tenían dinero o no, si eran hombres o mujeres, amos o esclavos.

Ninguno de ellos pudo entrar. Fuese rico o pobre, culto o ignorante, hombre o mujer, eso no importaba. La diferencia que había entre ellos y los que estaban adentro no radicaba en que si eran ricos o pobres, hombres o mujeres, cultos o ignorantes. El problema radicaba en que no podían entrar.

De la misma manera, seas tú moral o no, o seas gentil o no, esa no es la cuestión. La cuestión está en que si puedes entrar en la gloria o no. Todos aquellos que no pueden entrar en la gloria son pecadores y están descalificados ante Dios. Dios ha puesto al mismo nivel a todos. No importa si eres moral o no, no puedes entrar en la gloria. Dios ha nivelado a todos.

¿Por qué Dios ha nivelado a todos? Gálatas 3: 22 nos dice que “la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los que creen”. Dios ha encerrado todo bajo pecado. Todos se han convertido en pecadores, para que todos los que creen en Jesucristo puedan recibir la gracia de Dios. Dios ha nivelado a todos para que Él pueda mostrar gracia para con todos.

Romanos 11: 32 dice: “Porque Dios a todos encerró en desobediencia, para tener misericordia de todos”. Dios ha encerrado a todos en desobediencia. Él los ha nivelado a todos. ¿Para qué? Para mostrar misericordia para con todos. Entonces, los logros ante Dios no tienen lugar. Todos están al mismo nivel.

Romanos 3: 9 dice: “¿Qué pues? ¿Somos nosotros mejores? ¡No, en absoluto! Pues ya hemos acusado tanto a judíos como a griegos, que todos están bajo pecado”. El veredicto de Dios dice que tanto judíos como gentiles están bajo pecado.

No hay lugar en lo absoluto para los logros. En las porciones de las Escrituras que acabamos de leer, vemos que todo ha sido encerrado o sujetado en pecado y en desobediencia a fin de que podamos ir a Dios para recibir la gracia y la misericordia. ¿Qué es la gracia de Dios? La gracia consiste en que Dios da al hombre lo que no merece. La gracia radica en que Dios le da al hombre lo que él no debería tener y no merece.

Ahora venimos al tercer aspecto, las responsabilidades del hombre. La gracia de Dios no puede estar nunca atada a las responsabilidades del hombre. ¿Qué son las responsabilidades del hombre? Supongan que le doy a un hermano diez mil dólares para que los lleve a un lugar determinado, pero por causa de que yo temo que vaya a perder el dinero, le recomiendo: “Usted es responsable por este dinero”.

¿Qué quiero decir? Quiero decir que si él pierde el dinero, él tendrá que reponerlo. Este es el significado de responsabilidad. Los delitos son cosas del pasado. Los logros también son cosas del pasado. Pero las responsabilidades son cosas del futuro. Si Dios nos ha de dar gracia, ésta no puede estar atada a la responsabilidad. Cuando le pido a un hermano que lleve diez mil dólares al banco, el dinero no le pertenece, así que le digo que él es responsable por el dinero.

Pero si este dinero es un regalo, ¿podría yo decir: “eres responsable por él?” Seguro que no. Una vez que le doy el dinero, el dinero le pertenece. Lo que él haga con el dinero es cosa de él aunque lo tire al río o a la basura. Algunos han dicho que antes de nuestra salvación no teníamos buenas obras y éramos incapaces de poder salvarnos.

No había ninguna otra manera de ser salvo excepto que la gracia de Dios nos salvara. Pero ahora que somos salvos, ellos dicen, deberíamos hacer buenas obras, pues si no hacemos buenas obras ahora, estamos otra vez destinados a perdición.

Muchos piensan que la salvación es por gracia, pero que mantener la salvación es por mérito y obra nuestra. Esto es lo que quiero decir con responsabilidad. Muchos piensan que si nos comportamos apropiadamente después de ser salvos, nuestra salvación será preservada, y que si no nos comportamos apropiadamente, Dios quitará Su salvación.

Si la salvación puede ser quitada, ¿Sigue siendo gracia? Si es gracia, no existen los méritos pasados, las obras presentes ni las responsabilidades futuras. Si traemos responsabilidad futura, de nuevo no es más gracia.

Una vez un predicador vino decir que él no creía en que una vez que una persona es salva, es salva para siempre. Le preguntaron por qué creía así. Él dijo que creía que el hombre es salvo por gracia, pero que si el hombre no se comporta apropiadamente después de ser salvo, él perecería.

Le preguntaron si esto era gracia. Luego le presentaron una ilustración. Esa ilustración decía: supongan que vamos a una librería juntos y cada uno de nosotros toma el mismo libro para comprar. Cuando tú le preguntas al vendedor por el precio, él te dice que vale sesenta centavos.

Tú le das sesenta centavos y así te llevas el libro. Pero yo busco en mis bolsillos y descubro que no tengo nada de dinero. Yo quiero el mismo libro también, así que le digo al vendedor que no he traído dinero, y le pido si puedo llevar el libro ahora y le envío el dinero después.

Él dice que está bien porque nos conocemos bastante. Entonces, yo también me llevo el mismo libro. Ustedes pagaron en efectivo, pero yo he pospuesto el pago. Déjenme preguntarles, el efectivo ¿fue transacción de gracia? Seguro que no, pues se pagó por el libro sesenta centavos.

Para que el hombre sea salvo es como una transacción en efectivo. Si tú has hecho buenas obras, puedes ir a Dios y Él te dirá: “Muy bien, tú puedes ser salvo”. Si un hombre es salvo de esta manera, su salvación no es por medio de la gracia. Gracias al Señor que nadie es salvo de esta manera.

¿Y qué en cuanto a mí caso de posponer el pago? Esto es como Dios adelantando salvación para el hombre. Si el hombre no va a hacer el bien después de la salvación, su salvación será reclamada. Uno tendría que hacer el bien para poder mantener su salvación.

Pero esto no es gracia tampoco. Gracia no es una transacción en efectivo ni tampoco es un pago pospuesto. En una transacción en efectivo uno paga en el momento; en un pago pospuesto uno paga más tarde. Pero ambos tienen que pagar. Nosotros no podemos comprar nuestra salvación a crédito. Entonces allí le dijeron a ese predicador que si la salvación es por gracia, no hay necesidad de buenas obras.

Entonces él preguntó: “¿Significa que ya no necesitamos más buenas obras?” Le dijeron: “No. Los cristianos necesitan hacer buenas obras. Pero las buenas obras de las que yo hablo no tienen nada que ver con la salvación. Las buenas obras de las que hablo están relacionadas al reino, al premio y a la corona. La salvación no se compra, tampoco se compra a crédito. La salvación se da gratuitamente”.

¿Qué significa dar gratuitamente? El Señor Jesús dijo: “Y Yo les doy vida eterna” (Jn. 10: 28). Dios nos da la vida eterna. Él no lo dijo para luego volver y verificarlo. El no dijo que sería nuestro si hacemos el bien o que nos lo quitaría si no hacemos el bien.

Yo no estoy diciendo que los cristianos no deben tener buenas obras. Odio la vida irresponsable, pero esto no tiene nada que ver con mi salvación. ¡Aleluya! La salvación nos es dada; no la compramos nosotros.

Sin embargo, no deberíamos despreciar las buenas obras. Las buenas obras están relacionadas a la recompensa del reino, a la corona o al castigo, pero no tienen nada que ver con la salvación. Si la salvación es por gracia, la cuestión del futuro queda excluida.

Romanos 6: 23 dice: “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. ¿Qué es la dádiva? Una dádiva es un regalo. Yo no puedo enviar un regalo a tu casa, y más tarde enviarte la cuenta.

Si es un regalo es totalmente gratis y no se puede cambiar. Por lo tanto, la gracia no está relacionada a tus delitos pasados, tus logros presentes, o tu responsabilidad futura. Si está relacionada a tu responsabilidad futura, no es gracia; es una compra a crédito. Gracias a Dios que la vida eterna no es una compra a crédito. Es un regalo. Gracias al Señor que la vida eterna es la dádiva de Dios en Su Hijo Jesucristo.

Puesto que Dios nos da la salvación, debemos recordar una cosa después de que somos salvos: la salvación se obtiene estrictamente al creer, y es guardada aparte de nuestra fidelidad. Por lo tanto, la condición para preservar nuestra salvación es la misma que la condición para obtener salvación. Puesto que la salvación se obtiene gratuitamente también se preserva gratuitamente.

Gracias a Dios; por causa de que la salvación es gratuita la preservación de la salvación también es gratuita. Al final del libro de Apocalipsis, después de que el nuevo cielo, la nueva tierra, el reino, el lago de fuego, el fin de Satanás y el gran trono blanco han sido abarcados, la Biblia dice: “Y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”.

Gracias al Señor de que Él ha puesto a propósito el tomar del agua de la vida gratuitamente al final del capítulo veintidós. Después de que vemos el lago de fuego, la segunda muerte, el fin de Satanás, el reino, el nuevo cielo y la nueva tierra, tal vez temamos de que Dios endurezca Su corazón de nuevo; sin embargo, después de todas estas cosas, Dios declaró a propósito de que el agua de la vida es gratis. No hay cargo alguno. Gracias al Señor que tenemos gracia mediante Jesucristo, y de que esta gracia es gratuita. Esto no está relacionado a nuestra responsabilidad.

He escuchado muchas veces que debemos hacer el bien y devolver la gracia de Dios. Estos son dichos comunes en la iglesia actualmente. Pero debo preguntar, ¿En qué parte de la Biblia hay un versículo que dice que tenemos que devolver la gracia de Dios? Esta palabra es muy contradictoria. Si hay devolución, no hay gracia.

Y si hay gracia, no hay necesidad de devolver. Gracias al Señor que en todo el Nuevo Testamento nunca se habla de devolver algo. Es verdad que los cristianos debemos hacer buenas obras. ¿Pero por qué debemos tener buenas obras? ¿Por qué debemos sufrir por el Señor? ¿Por qué debemos soportar el vituperio? ¿Por qué servimos al Señor? Así como el Señor ha tratado con nosotros en amor, así tratamos con el Señor en amor; pero aquí no hay ninguna idea de negociar.

No es que Dios me da mucho y yo a cambio doy mucho. Por causa de que Él me ha amado, yo no puedo evitar amarlo; puesto que Él me amó, fue crucificado por mí; y puesto que yo lo amo, por El llevo la cruz voluntariamente. Lo que Él me ha dado me lo ha dado gratuitamente, y lo que yo le doy también se lo doy gratuitamente.

El problema recae sobre la mente legalista del hombre. En todo él piensa de negociar y de ser legal. Incluso el asunto de la salvación lo ve desde una perspectiva negociable. Si hoy obramos, servimos al Señor, sufrimos vituperio, o llevamos la cruz, no es porque queremos devolver Su gracia; es porque lo amamos. El amor con el cual nos amó nos ha agarrado, capturado nuestros corazones y constreñido para servirle.

Si tú hablas de devolver, eres ignorante del valor de la gracia que has recibido. Si tomas prestado diez dólares de un amigo, querrás devolvérselos. Si tomas prestado cien dólares, también querrás devolvérselos. Si tomas prestado diez mil dólares, aún vas a querer devolvérselos. Pero si pides prestado un millón de dólares, tal vez ni pienses en devolverlos.

Y si te pide prestado diez millones de dólares o cien millones de dólares, tú ni te imaginas en devolverlos. Si tú le pides prestado un trillón de dólares, tú ni siquiera sabes cómo pensar en devolvérselos, pues el pago se ha hecho imposible.

Si tú le quieres pagar a Dios hoy, eso simplemente significa que tú no sabes cuánto Dios te ha dado. Tú no sabes la profundidad, longitud, altura y anchura de la gracia de Dios para contigo. Si tú sólo vieras un poco la longitud, anchura, altura y profundidad de la gracia que has recibido, te calmarías y renunciarías a la idea de devolver. Tú le deberás voluntariamente al Señor, y dirás: “Soy un deudor voluntario para siempre”.

La gracia que Él nos ha dado es demasiado grande. Aun si queremos devolver, no hay posibilidad de hacerlo. Amigos míos, si ustedes le deben a alguien cien millones de dólares, ¿tendrían ustedes la osadía de comprarle galletitas de diez centavos y llamarlo “una pequeña muestra de gratitud”? ¿Puede esto llegar a ser una “pequeña muestra”? Nuestro Dios ha hecho tanto por nosotros. ¿Nos animaríamos a decir que le estamos dando “una pequeña muestra” como pago?

¡No! Sólo podemos decir que Dios nos ha dado gratuitamente tanto. Estoy contento de que soy un deudor eterno. Dios nos ha amado con un amor eterno. No hay límite a la longitud, anchura, altura y profundidad de Su amor por nosotros. ¿Pagaremos a Dios con “masitas de diez centavos”? Sólo podemos decir que aceptamos Su amor voluntariamente.

¡No me gusta escuchar que los hombres hablen acerca de pagar! ¡No me gusta la idea de la ley! Sólo deseo que los hijos de Dios vean que así como Dios es gracia para nosotros, nosotros somos gracia para El. Así como Dios ha tratado con nosotros generosamente, tratemos con Dios generosamente.

¡Aleluya! No existen los delitos, los logros o las responsabilidades. La salvación es nada menos que Dios para mí. No es yo para Dios. Gracia es lo que Dios ha hecho por mí. No es lo que yo haya hecho para Dios. Por favor recuerden que la paz y el gozo de un pecador y la paz y el gozo de un cristiano no recae en cuánto aman al Señor, sino en cuánto el Señor los ama a ellos.

Nuestra paz y gozo no recae en cuánto hemos hecho para el Señor, sino en cuánto el Señor ha hecho para nosotros. No descansamos en lo que tenemos diariamente, sino en lo que Dios es. Debemos ser liberados de nosotros mismos.

Debemos ver a Dios a la luz del evangelio. Debemos ver que estamos descansando en lo que Dios es y en lo que tiene. Estamos descansando en la gracia y la misericordia de Dios. Si vemos esto, no caeremos o lamentaremos.

Si descansamos en nosotros, considerando que somos bastante buenos y que amamos al Señor mucho, seremos como arena movediza; no podremos edificar una casa sobre ella. No podemos encontrar paz y gozo en nosotros.

Sólo lo podemos encontrar en el Señor, en Dios. Es maravilloso que mientras vivimos en esta tierra, Dios está por nosotros. ¿Se acuerdan de las palabras en Romanos 8: 31? “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” No creo que haya una mejor palabra para nosotros que esta.

Más bien, pregunto si el Señor me ha amado en los últimos días. Tal vez tu condición en los últimos días haya sido muy pobre. Tal vez tú hayas sido muy frío en tus emociones en los últimos días. Pero tú sólo necesitas preguntar si el Señor aún te ama. Si el Señor no te ama más, entonces puedes retener tu alabanza.

Pero si el Señor aún te ama, tú tienes que alabarlo. ¿Has notado cómo los discípulos estuvieron con el Señor por tres años y medio y sin embargo aún eran tan necios al final cuando discutían acerca de quién era el mayor entre ellos? Sin embargo la Biblia dice que el Señor, habiendo amado a los Suyos, los amó hasta el fin. Gracias al Señor que todo depende de Él.

Si fuese por su amor, si tú tuvieras que confiar en ti mismo, sería como poner un candelero en un bote y dejarlo navegar en mar tormentoso. Tú te puedes imaginar lo inestable que eso sería. Gracias a Dios que todo es gracia. Todo depende de Él. Que Dios nos conceda conocer las características de la gracia del Señor Jesús.

Comentarios o consultas a tiempodevictoria@yahoo.com.ar

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enero 1, 2015 Néstor Martínez