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El Poder de Las Palabras

N o, no me equivoqué con el título. Ya sé que suena mucho más bíblico El Poder de la Palabra que el Poder de LAS palabras, pero de lo que quiero hablar no es de lo primero, algo que ya todos los creyentes maduros conocemos, sino de lo segundo, cosa que no siempre es similar.

¿Cómo gobernamos? ¿Qué utilizamos para gobernar? Hasta este momento, hemos estado viendo y algunos supongo que también entendiendo, que todos tenemos acceso al mundo espiritual. ¿Por qué? Simple, porque eres un ser espiritual.

Y al mismo tiempo, eres un ser terrenal. Cualquier persona que decide viajar a otro país, para poder entrar en él, tiene que llenar una serie de requisitos obligatorios. Cuando nosotros entramos a una nueva dimensión de trabajo, a un nuevo país, a una nueva posición, son muchas las cosas que debemos aprender a hacer.

La primera cosa importante que debemos aprender cuando entramos en un ámbito nuevo, es aprender a hablar. ¿Hablar? ¿Cómo que tengo que aprender a hablar? ¡Si yo hablo muy bien! No te creas, son muchas las veces que no nos damos cuenta todo lo que implica hablar.

Quiero tomarme este punto del trabajo, simplemente para conseguir que tú cambies tu forma de hablar. Por ejemplo, algunas letras de algunas canciones supuestamente cristianas y ungidas. Hay una que tiene una letra, en una de sus partes, que choca con los diseños del Reino.

Dice, por ejemplo: “Te entrego mi dolor, te entrego mi enfermedad, te entrego mi vergüenza”. En sitios que caminan conforme a diseños del Reino, han optado por modificar esas letras. Ellos dicen: “Te entrego el dolor, te entrego la enfermedad, te entrego la vergüenza”.

No es mi enfermedad, es la enfermedad. Y no es la única, créeme, Hay más de quinientas canciones, de las que habitual y normalmente se cantan en las congregaciones durante la alabanza o la adoración, que han debido recibir modificaciones como estas.

Y no debe interesarnos si algunos de sus autores inician acciones jurídicas o demandas legales por causa de esas modificaciones. Porque la canción expresa un nivel de revelación. Tú no debes decir mi enfermedad, porque no es enfermedad.

Tal vez puedas estar enfermo, pero siempre será la enfermedad, no enfermedad. No es tú medicina, no es tú médico. Dios está empezando a cambiar nuestras palabras. ¿Sabes qué le ha dicho Dios a ciertos profetas? Que no hace caso a las palabras que pronuncian, porque si se lo hiciera, ya estarían todos muertos.

Y eso es muy cierto, créelo. Y si no, escucha: ¿Cuántas veces has dicho con relación a algo que quieres que suceda o no suceda, ojalá que pase u ojalá que no pase? Yo, hasta saber lo que voy a explicarte, mil veces. Después de enterarme de esto, ya no.

La palabra ojalá viene del árabe Oj-Alá, que significa “Alá lo permita” o “Si Alá lo permite”. Entonces tú te enteras que viene un tremendo predicador a tu pueblo y dices: ¡Ay! ¡Ojalá yo pueda ir a escucharlo y recibir palabra de Dios y bendición! ¿Me estás diciendo que irás a recibir palabra de Dios si es que Alá lo permite? ¿De qué me estás hablando?

Claro está que yo no soy consciente de todo eso. Hay decenas de historias que no voy a contarte ahora por falta de tiempo, pero que tienen que ver con la palabra “gracias” que la gente dice, o el “salud” cuando alguien estornuda, y hasta con las velas que se soplan en los pasteles de cumpleaños.

Lo que sí puedo asegurarte, es que nosotros al hablar y decir tales cosas, nos estamos asociando con eso. El poder de las palabras. Es buen tema, va a gustarte. Y si no te gusta, lo lamento mucho, tendrás que oírlo para no cometer más errores.

(Salmo 33: 6) = Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, (¿Por qué medio fueron hechos nada menos que los cielos? Por la palabra), y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca.

(7) Él junta como montón las aguas del mar; él pone en depósitos los abismos.

(8) Tema a Jehová toda la tierra; teman delante de él todos los habitantes del mundo.

(9) Porque él dijo , y fue hecho; él mandó, y existió.

Creo que no necesito demasiado entrar en detalles respecto a esto. Dios usó su palabra, para crear todo lo que existe. A eso lo sabemos, en la carta a los Hebreos se nos habla de eso. Aparte del hermoso himno de la Creación que está en Génesis capítulo primero.

Cuando Dios habla, algo de Él, sale. Voy a explicarte esto. Tú tienes cuerdas vocales en tu garganta. Esas cuerdas vibran, cuando el aire de tu diafragma sale hacia afuera. Hace vibrar sus cuerdas, y el sonido sale. Y tú puedes escucharlo.

La palabra para aire, en griego, es pneuma, igual que espíritu. Literalmente, cuando uno está hablando, algo de su espíritu está saliendo. La palabra en hebreo, es ruah. No es casual, todo esto está ligado. Jesús hablaba y les decía: mis palabras son espíritu y son vida.

Los idiomas, por ejemplo, son parte del mundo espiritual. Hay quien dice que es más fácil hablar un idioma que hablar en lenguas. Veamos: ¿Cuándo aparecen los idiomas? En la Torre de Babel. ¿Y de dónde viene eso?

¿Cuál es la primera señal, en Hechos 2, de la presencia del Espíritu Santo? Que hablan en distintos idiomas. Y las diferencias que tienen. El alemán es bien duro, parece que estuvieras enojado cuando lo hablas. Y ni hablar de coreano o japonés, ahí parece que se estuvieran peleando todo el tiempo cuando hablan. O el portugués, que es muy cariñoso.

Lo que quiero decir es que el idioma, expresa mucho del espíritu de un pueblo. Pero los idiomas son parte del mundo espiritual. Si tú tienes acceso al mundo espiritual, también tienes acceso a los idiomas.

Hay decisiones claves al respecto. Conozco a muchos hermanos hispanos que viven en los Estados Unidos de América que llevan allí diez años y no hablan inglés. Han recibido un espíritu de bloqueo para el idioma. Lo que ocurre es que muchos entraron allí como ilegales, estuvieron muchos años en esas condiciones y, finalmente, les dieron sus papeles habilitantes. Pero nunca resolvieron su ilegalidad espiritual.

Entonces, el idioma no les es dado. Hay profetas que les han dicho que ellos no pueden acceder al idioma porque nunca fueron recibidos en el país. Fue suficiente con que se hiciera un acto profético, donde un nativo les pidió perdón por no haberlos recibido y procediendo a hacerlo, para que ellos de inmediato comenzaran a hablar inglés casi con fluidez.

Algo se rompió porque los idiomas son parte del mundo espiritual, no del mundo natural. Por ese motivo no es raro que un profeta del Señor pueda, llegado el caso y si lo necesita para comunicarse, hablar en cualquier idioma sin conocerlo previamente.

Por eso es importante que entrenes tu espíritu para el mundo espiritual. Si tú entrenas tu espíritu, tu espíritu puede hacer eso y más. ¿Has visto que los niños, aunque son de diferentes nacionalidades y no hablan el idioma, pueden jugar juntos?

Es el mismo caso cuando alguien está enojado con otra persona. Comienza a gritarle cosas en un idioma que el otro no conoce, pero al instante de comenzar con los gritos, el insultado siente el golpe y reacciona a su vez con la misma o mayor agresividad.

El mundo espiritual, está ligado a los idiomas. Algo sale en el mundo espiritual cuando tú hablas. Literalmente, una palabra te puede golpear o te puede cortar. “¡Yo nunca te he amado!”. ¡Ah! Es un corte terrible, un tremendo golpe. Literalmente, esa palabra te quiebra.

En sanidad interior se ha visto muchísimo que hay gente que vive años destrozada por una palabra fuerte dicha en su momento. Porque las palabras son espíritu y son vida, o son espíritu y son muerte. Ambas cosas se aplican.

(1 Juan 1: 5) = Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.

Queda claro; Dios es luz. Ningunas tinieblas, así en plural, hay en Él. El Reino de Dios, es un Reino de luz, y todo lo que Él habla, revela la luz de Su presencia. Donde Dios no está, hay tinieblas, y se manifiesta en la manera de hablar.

Entonces, Dios habló, sus palabras salieron, y la luz vino. Así empezó la Creación. Y dijo Dios: sea la luz, y la luz fue. Lo primero que Dios restaura, en Génesis 1:3, es la luz. ¿Cómo lo hace? Usando Su palabra. Conclusión: la palabra de Dios, trae luz.

Si después de una larga prédica, tú sales de allí más confundido que Adán en el Día de la Madre, habrá que ver si ahí estuvo operando en ese predicador el Espíritu de Dios. No puedes salir confundido. De oídas te había oído, pero ahora mis ojos te ven. Así es como es.

Por la fe entendemos, haber sido constituido el universo, por la palabra de Dios . Ahora bien: las tinieblas, también actúan usando las palabras. 1 Juan 1:5, dice acá: ningunas tinieblas hay en él. Satanás establece su reino en base a palabras.

Dice que él es padre de mentiras. Y que es mentiroso desde el principio. ¿Cómo se difunde una mentira? ¿Con signos? ¿Con señales? No, con palabras. La intercesión es, a primera vista, para ser excelentes segundos. Segundos de un primero. Pero si entendimos bien el diseño cúbico de la iglesia, también entenderemos que en realidad somos primeros de otros segundos. Horizontal.

Pero cuando a uno no le importa la posición, el lugar jerárquico que ocupa, sino que le interesa la función, ahí el enfoque es totalmente distinto. A mí no me importa en modo alguno la posición. Será porque jamás la tuve. Eso sí; tengo certeza que en el mundo del espíritu sí pude clavar alguna estaca.

Tú que decías en tu corazón . Eso es lo que le dice Dios a Lucero en Isaías. ¿Cómo empezó Lucero a torcerse? Tú sabes que él es el padre de todo este mundo espiritual de maldad. Pero ese no fue al que Dios creó. Dios creó a Lucero, no a Satanás.

Satanás se hizo solo. ¿Cómo empezó la perversión de Satanás? Tú que decías en tu corazón. Ahí empezó el problema. Cuando a Adán se le confiere la administración de la Creación, se le pide que, 1).- Nombre a todos los animales.

El nombrara a los animales, hace a Adán, co-creador con Dios. Porque el nombre determinaba la esencia del ser. Nosotros que hemos nacido en esta parte del mundo, no entendemos mucho esto. Pero para los orientales o los asiáticos, poner el nombre a un hijo, es algo muy delicado.

Si tú ves los nombres que tenían los padres acá, en los libros del Antiguo Testamento, es impresionante, porque cada nombre tiene un significado. Era la expresión de la fe de la gente. Hijo de mi Vejez, Consuelo de mis Días, en fin; sus nombres significaban cosas preciosas.

Mi primer nombre es Néstor. Es un nombre de origen griego, y significa “El que es recordado”. Otras traducciones dicen: “Destinado a grandes cosas”. Mi segundo nombre es Antonio, que en sí no sería negativo, ya que es de origen latín y significa nada menos que “El que se enfrenta con el adversario”.

Claro que yo tuve que romper un pacto que mi madre había hecho respecto a este nombre, ligándolo por ignorancia espiritual a un supuesto santo italiano de Padua. Roto ese pacto, fui libre y pude observar cómo esta parte de mi nombre me bendecía.

Claro que hay nombres que marcan a quienes lo portan por el simple hecho de sus significados. Tengo temor de ofenderte o preocuparte, pero si eres portador o portadora de uno de los que mencione, bastará con que ores rompiendo todo pacto o consecuencia de su origen y significado en el nombre de Jesús.

Uno de ellos, es Cecilia. Significa Ciega. ¿Te das cuenta por qué, quien lleva ese nombre y no ha roto con su esencia, tiene graves problemas para ver el mundo espiritual? Otra: Mónica, La que Ama la Soledad. Mara, que es Amargura.

Es más que notorio que los padres necesitamos mucha sabiduría de Dios para darles el nombre a nuestros hijos. Los nombres definen los destinos. Si recuerdas, entenderás ahora por qué razón el Señor les cambió el nombre a muchas personas. Empezando con nuestro amigo Abraham.

Porque el nombre era la expresión de su esencia, de quien eran ellos. ¿Cuál es la promesa del Apocalipsis? Sé fiel y te daré un nombre nuevo. No sólo eso, Adán fue llamado a gobernar sobre la creación, y lo hacía hablando. Expresaba su fe a través del hablar.

Si tú lees con detenimiento Génesis 3, vas a ver que, cuando Adán peca, lo primero que se altera en él, es su manera de hablar. Tuve temor, dice. Veamos: cuando Satanás se acerca a Eva, ¿Qué utiliza para tentarla? El hablar. Es impresionante, ¿No es cierto?

Entonces la serpiente dijo a la mujer . Dijo. ¿Qué le dijo? Ahí está, ¿Verdad? Tienes que aprender a darle la seriedad que tiene lo que escuchas. Lo que te estoy recomendando, es que tengas mucho cuidado con lo que escuchas. Porque cuando uno escucha, se está abriendo al mundo espiritual.

Te doy un ejemplo. ¿Qué pasa si empieza a hablarte un pesimista, un amargado? ¿Cómo crees que vas a terminar media hora después de estar escuchándolo? Tan amargado como él, o más. ¿Por qué? Ya un autor explicó esto en un libro que se llama “Transferencia de espíritus”. Es un clásico ese libro.

Porque al hablar, el mundo espiritual va de uno a otro. Pablo habló de eso en Hebreos. Una persona con gozo, ¿Cómo te deja? ¡Entusiasmado! El reino de las tinieblas, también toma ventajas a través de las palabras.

Eso te crea a ti dos responsabilidades. La primera, lo que escuchas. La segunda, lo que dices. Cuando Eva se acerca a Adán, produce algo singular, porque luego Dios va a decirle a él: por cuanto obedeciste la voz de tu mujer, y lo confronta con ese momento de su existencia.

¿Te estás dando cuenta cómo intervino la palabra en todo el proceso de la caída? Fíjate que Dios no le dice a Adán, por cuanto obedeciste a la serpiente, no dice por cuanto me desobedeciste, le dice por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer.

¿Y cómo cayó Eva? Por cuanto obedeció a la voz de la serpiente. Esta secuencia de caída se produjo, básicamente, hablando. Hablando y escuchando. El primer error de Eva, fue tratar de escuchar al diablo. ¿Sabes qué? Si tratas de escucharlo, así sea por simple curiosidad, ya está; ya perdiste, caíste en la red.

Por eso la batalla contra la murmuración tiene, a mi modesto entender, una cualidad y calidad superlativa. Puedes aceptar o disimular muchas cosas, pero no esa. Porque en muchas cosas interviene el diablo, pero nunca de manera tan precisa y evidente como en la murmuración. Y no estoy hablando de gente inocente o gente culpable, ese es otro asunto a ser tratado como deben tratarlo los hijos de Dios: cara a cara.

Tolerancia cero para con la murmuración. Porque estamos trabajando para un reino o para el otro, no hay términos medios ni colores grises. Si eres de la luz, deberás tener una vida acorde al reino de la luz. Si cedes a la tentación de lo que propone el reino de las tinieblas, fuiste; ya eres parte de él aunque seas el que predica el domingo.

Creo que ya has entendido todo lo que se mueve detrás de las palabras. A veces decimos cosas, sin ninguna duda, sin intención de dañar. Pero el diablo no busca la mala o la buena intención. Él, simplemente va a aprovechar eso para destruir.

Todos podemos pecar en el lado de las palabras. Si alguien te dice que él no, además de orar por eso que estamos hablando, también tienes que orar por su afición a la mentira. Lee a Santiago y luego entiende que no existe un hombre que pueda decir que es intachable en esto.

Un poco más o un poco menos, pero todos podemos caer. Pero lo importante es que estemos conscientes del daño que puede haber. Lo que se desata cuando yo hablo. En un momento vas a entender por qué hay gente enferma en sus cuerpos. Muy probablemente está sufriendo las consecuencias de su hablar descuidado.

Parte de la sanidad, es aprender a hablar correctamente. No toleres la murmuración, confróntala. Cuando Dios habla, Él sabe que su palabra no vuelve vacía. Y esto se cumple no sólo en Dios; tus palabras van a traer consecuencias. El Libro de los Proverbios nos habla muchísimo de esto, de cómo las palabra traen consecuencias.

La palabra de Dios dice que siempre va a hacer lo que Él quiere, y que va a prosperar a quien las crea y obedezca. En el Salmo 119:89, dice: para siempre oh Jehová permanece tu palabra en los cielos. Sécase la hierba, marchítase la flor, mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.

Si hubiera cerca de ti un experto en física, podría explicarte como las ondas de sonido viajan por el éter. Y si no tuvieran oposición, podrían viajar eternamente. Porque esas ondas son capturadas es que nosotros podemos escucharlas.

Por ejemplo, tú puedes hablar algo ahí donde estás, y alguien estar escuchándote ve a saber en qué remoto lugar. Se podría hacer una vigilia de oración por sistema de microondas. Eso permitiría que lo que se está orando en un lugar, pueda ser compartido y escuchado en otro muy distante.

¿Cuál es el poder de las palabras? Dicen que hablar exige responsabilidad. Imagínate que tú y yo vamos a tener que dar cuenta de las palabras que estamos hablando. Te voy a dar un ejemplo desde la Biblia. 1 Samuel capítulo 17. Escucha lo que decía Goliath.

(1 Samuel 17: 8) = Y se paró y dio voces a los escuadrones de Israel, diciéndoles: ¿Para qué os habéis puesto en orden de batalla? ¿No soy yo el filisteo, y vosotros los siervos de Saúl? Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí.

(9) Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos; y si yo pudiere más que él, y lo venciere, vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis.

¿Qué estaba haciendo Goliat? Estaba intimidando. Él no arrojó una piedra, ni hizo un corte con la espada, pero el pueblo estaba totalmente asustado. El ejército de Dios estaba petrificado al ver a este hombre amenazante.

Pero más allá de su apariencia, lo que él decía demostraba soberbia, arrogancia y desprecio por el pueblo de Dios y por el Dios de Israel. Fueron esas palabras las que escuchó David y que tanto lo molestaron.

(Verso 45) = Entonces dijo David al filisteo: tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.

(46) Jehová te entregará hoy en mi mano, (Mira; él todavía no dio un paso, pero ya está hablando y decretando la caída de él.) yo te venceré, y te cortaré la cabeza, (¡Huau! Me gusta porque pidió oración y dirección para el combate) y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel.

(47) Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos.

¡Qué sentencia! ¿No te parece? ¿El resultado? Tú ya conoces la historia. Lo que quiero que veas, es que en el inicio de la pelea, hay una confrontación de palabras. Es el filisteo el que amenaza, el que intimida. ¿Sabes qué te va a decir el diablo cuando tú quieras orar por algo bien importante para el Reino? – No puedes. Es una lucha de intimidación.

No sé cuántos de ustedes habrán escuchado la voz del diablo, pero los que sí la oyeron, saben que él te amenaza, te intimida, quiere amedrentarte antes que pelees, a ver si puede asustarte y sacarte del campo de batalla.

Y ni quieras saber lo relacionado con los gritos. ¿Tú crees que en las artes marciales los contendientes lanzan un grito de guerra solamente para que se los grabe y eso sirva para enseñar a otros? Ni lo sueñes. El grito tiene razones mucho más reales. Entre ellas, la de debilitar la energía del enemigo. Con un simple, (Y no tan simple) alarido.

Si tú hicieras, (Y digo hicieras porque mi sano consejo es que ni siquiera lo intentes), un curso de artes marciales, allí te enseñarían que la mayor fuerza de combate no está en los golpes, sino en el grito. ¿Por qué? No interesa las razones que ellos den, porque son evasivas. Lo que interesa es que, cuando alguien grita así, su espíritu sale de él.

La intimidación siempre viene con palabras. O similares, claro. Josué es usado por Dios para detener el sol. Él le habló al sol y a la luna, y pudo hacer algo que ya Adán hacía: controlar la naturaleza. ¿Cómo? Con palabras.

Jesús hablaba de eso cuando decía que si tuviéramos fe, diríamos a un monte muévete, y el monte se movería. No dice que lo pensaríamos, dice que lo diríamos. Las finanzas se mueven también con el poder de nuestra palabra.

Números 22:38. Aquí hay otro pasaje muy interesante. No lo voy a leer completo porque tú también lo conoces. Pero describe un incidente que ha intrigado a muchos creyentes. Es el que habla acerca de Balac y Balaam.

(Números 22: 38) = Balaam respondió a Balac: he aquí yo he venido a ti; mas ¿Podré ahora hablar alguna cosa? La palabra que Dios pusiere en mi boca, esa hablaré.

Había una intención de parte de Balac, que Balaam diera una palabra. Aquí está, la voy a explicar. Balaam podía escoger entre hablar palabras de bendición o de maldición. Las palabras de bendición establecen el Reino de la luz de Dios. Las palabras de maldición, establecen las tinieblas.

Tú tienes que aprender a hablarles a tus hijos. Ellos se atan con sus palabras de una manera impresionante. Ahora bien; según el libro de Números 24:10, dice: Entonces se encendió la ira de Balac contra Balaam, y batiendo sus manos le dijo: para maldecir a mis enemigos te he llamado, y he aquí los has bendecido ya tres veces.

¿Recuerdas la escena, verdad? ¿Sabes en qué parece extraño este pasaje? Estás hablando del Dios de Israel y de la nación más poderosa de la tierra. No porque en sí fuera poderosa, sino porque tenía un guardaespaldas impresionante. Dios mismo cuidaba esta ciudad y este país.

Aparece un hombre cualquiera, y Dios no le permite maldecir al pueblo. Yo decía en mi pequeña mente carnal: ¿Cómo puede ser? ¡Era un hombre maldiciendo a la nación de Israel! ¡Sólo un hombre! Pero Dios evita que ese hombre maldiga al pueblo de Dios.

Y las tres veces que él trata de maldecir, no puede hacerlo; termina bendiciendo. Entonces Balac estaba muy molesto con él, pero no obstante, tengo que decirte que Balac entendía el poder de las palabras. Y aunque trata de sacarle una palabra mala a Balaam no puede hacerlo y Dios interviene.

Sin embargo, esa palabra, aun cuando es solamente es la de un hombre, de un mortal, Dios no permite que sea liberada. La causa más corriente del deterioro de un ministro de Dios, son las murmuraciones sobre él.

Fíjate que no es poca la gente que ha estudiado, y sigue estudiando, los beneficios de la armadura de Dios de Efesios. Lo que muy pocos han podido comprender es la razón por la cual en esa armadura, no hay absolutamente nada que te cubra la espalda.

Eso tiene una simple razón: Dios no ha diseñado su ejército para que alguien de tu propia casa sea quien te dé una puñalada por la espalda. El enemigo tiene que estar al frente, no atrás. Pero la verdad es otra. La mayoría de los ministros sufren tremendas consecuencias, por cuanto la gente habla sin medir sus palabras.

Te explico: el diablo no puede tocar a los hijos de Dios. Es más; el diablo no puede hacer nada que no tenga derecho de hacer. El problema de Balaam era que, si él liberaba la palabra de maldición contra Israel, le estaba dando derecho al diablo de maldecir a Israel.

No te olvides esto: el diablo necesita del alma de alguien para poder afectar lo natural. El diablo te está maldiciendo todo el tiempo, pero te resbala. Pero cuando él utiliza una persona que tú conoces para maldecirte, cómo duele eso.

Es frecuente que muchas personas tengan problemas de cansancio crónico, dolores en los pies, dificultad para estar de pie mucho tiempo, inflamación en las pantorrillas, dolores en la parte baja de la columna, y todo eso viene de la murmuración.

¿Cómo puede afectarnos tanto? Lo que pasa es que somos un cuerpo espiritual. Ese es el punto. No hemos entendido que estamos unidos. Tristemente, para bien o para mal, te guste o no la idea, tú eres uno con la persona que semanalmente tienes al lado.

Y de alguna forma, si la vida de esa persona es inadecuada, de alguna manera eso también te afecta. Comprende un poco esto. El diablo anda maldiciendo a los siervos de Dios todo el tiempo. Pero si se suma a eso el hombre, cielos y tierra se unen, y la persona comienza a sufrir efectos físicos.

Obviamente, el que hablaba nunca quiso provocar que la persona enfermara. Habló enojado, habló por descuido, o habló porque habló. Pero el diablo no juega, y utiliza esas palabras para hacer esa unión entre lo celestial y lo terrenal.

Una de las cosas que puedes aprender a hacer en oración, es a anular las palabras que se levantan en contra de ministerios y ministros. Una palabra anula otra palabra. Un decreto anula otro decreto. Eso es intercesión: exponer tu vida por causa de la vida de quien estás cubriendo.

Después tenemos las palabras de incredulidad. Hay un pasaje tremendo que se describe en la Biblia. ¿Quién iba a decir que el pueblo de Dios iba a vagar cuarenta años en el desierto? ¿Sabes por qué? Por haber escuchado lo que no debía escuchar, y por haber confesado lo que no debía confesar.

¿Cuál fue su gran pecado? Veamos: Mira lo que dice la gente. Cuando vienen los espías, los diez que dan el reporte, qué terrible. Escucha ese reporte. No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros.

Cuando estamos en batalla, si bien no ignoramos en modo alguno el poder que pueda ostentar el enemigo, la gravitación esencial es lo que nosotros podemos o no podemos hacer. No te olvides que el diablo va a ser tan grande como grande sea tu falta de fe.

El pueblo de Dios fue contaminado por las palabras de estos diez. No podremos subir. Ellos son más fuertes. Y dice que hablaron mal entre los hijos de Israel. ¿Cómo lo dice? Hablaron mal. Y leemos el verso 32 de Números 13.

(Números 13: 32) = Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: la tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella, son hombres de grande estatura.

Sí, ciertamente eran hombres de la tribu de Acán los que ellos vieron. Grandes en estatura. Tres metros diez, tres metros veinte de altura. Patagones del oriente. Tremendo. ¿Pero cuál era el problema? ¡Si el imperio más grande e ese tiempo, Egipto, había caído a sus pies!

Cuando ellos eran esclavos, tres semanas antes, vieron cómo se abrió el mar. Vieron oscurecerse el sol. ¡Tres semanas antes! Vieron cómo el agua se tiño de sangre. Y ahora un grupo de bárbaros, por simple hecho de ser grandotes, ¿Iban a amedrentarlos?

¿Y cómo expresan su temor? Hablando. Y la gente escucha el reporte. Y no sólo lo escucha, ¡Se lo cree! Y Dios, que los está mirando, se molesta tanto con ellos, que dice: Muy bien; de acuerdo, no van a entrar. ¿Les parece que esta tierra es despreciable y todo eso? Muy bien; ahí se quedan, entonces.

¡Oh, Señor, lo hemos reconsiderado y ahora queremos entrar! Tarde. Y eso los condena a cuarenta años de caminar y caminar sin destino y sin rumbo. ¿Sabes? Hay generaciones enteras que han perdido su destino por no saber hablar correctamente.

Ten mucho cuidado con tus palabras. Ten mucho cuidado con lo que dices. Hay gente, créeme, que si tú la oyes, va a robarte la fe que tú tienes. Se fue creyendo, y terminó decepcionado. ¿Cuáles son las consecuencias? Tristemente, en Números 14, puedes ver el enojo de Dios y como ellos son destinados a quedarse allí.

Dios nunca los había sacado para eso. Otra vez Satanás utilizando la lengua de la gente para destruir el propósito de Dios. En este ministerio de enseñanza pasa muy a menudo que ciertos líderes se enojan grandemente porque dicen que enseñamos blasfemias y herejías, y lo que no saben es que quienes se lo contaron, sólo leyeron o escucharon estas cosas parcialmente y las entendieron mal.

Eso, y miles de testimonios más que seguramente existen en todo el mundo, corrobora y confirma que la principal estrategia que Satanás usa en contra de la iglesia, son las palabras. Fue la primera que usó contra Adán y si se lo permiten, seguirá utilizándola cada vez que pueda.

El reporte malo de los espías, hace que el reino de las tinieblas se introduzca en el corazón de la gente del pueblo de Israel, para meter en ellos incredulidad. Y como consecuencia de eso, todo el pueblo de Israel se pierde el privilegio de entrar a la tierra que Dios le prometió.

¿Qué pasa con Coré? Con Coré tú tienes una escena igual de terrible, y es a partir de lo que este hombre hizo. Eso está en Números 16:3, mira lo que dice: Y se juntaron contra Moisés y Aarón y les dijeron: ¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está Jehová; ¿Por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación de Jehová?

Escucha lo que dice: Todos ellos son santos. ¡Está hablándoles a los mismos que en unos días más, van a construir el becerro de oro! Mira la congregación de los santos. ¿Quiénes se creen ustedes para ser los voceros de Dios?

Siempre me ha impresionado la respuesta de Moisés. Dicen que él era el hombre más manso de la tierra. Tenías que ser manso para poder manejar esa nación. Quejosos, descontentos, murmuradores. ¿Sabes qué? Impresiona mucho cuando Moisés le dice a Dios: Señor, mátame a mí, pero perdona al pueblo. Ese es el líder.

Aquí ponen en duda su posición. ¿Quién te crees tú? Yo te pregunto: ¿Fue él el que dijo yo voy a hacerlo? ¿O fue Dios el que le dijo a él: hazlo tú? Pero tristemente, cuando Dios lo comisiona, ahí frente a la zarza en Éxodo 3, no hay ningún testigo.

Él simplemente decía: Y bueno, que Dios decida. ¿Sabes qué? Ese es el signo más claro del verdadero apóstol. Y no estoy hablando de nombramientos jerárquicos, me estoy refiriendo a enviados. Los nombramientos humanos pelean por posiciones jerárquicas. Los enviados simplemente esperan en el Señor.

El corazón de los líderes del pueblo, es contaminado por Coré. Coré habla con ellos. Esa actitud que él tiene, trae consecuencias terribles. Mira lo que dice en el verso 32 del mismo capítulo. Abrió la tierra su boca, y los tragó a ellos, a sus casas, a todos los hombres de Coré, y a todos sus bienes.

(33) Y ellos, con todo lo que tenían, descendieron vivos al Seol, y los cubrió la tierra, y perecieron en medio de la congregación.

¿Sabes qué? Yo no he visto reacciones tan violentas de Dios en otra parte. ¿Acaso Dios no había establecido que el hombre muera, y entonces recién vaya abajo? Parecería ser que obvió un paso muy importante, ¿No crees? ¡No estaban muertos!

Me sigue pareciendo una reacción muy violenta. Abrió la tierra y descendieron vivos con todos sus bienes al Seól, dice el texto. Escucha: ni siquiera cuando están crucificando a Jesús Él reacciona así. ¿Por qué? Porque Él sabía lo que las palabras provocan.

Nosotros no tenemos una clara revelación de todo el mundo espiritual que se mueve cuando hablamos. Ese es el problema. Las consecuencias son terribles. Un par de ejemplos más. Las palabras mentirosas de Giezi.

(2 Reyes 5: 27) = Por tanto, (Le dice Dios a Giezi ), la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tu descendencia para siempre. Y salió de delante de él leproso, blanco como la nieve.

Y ejemplos tras ejemplos podemos recorrer. ¿Recuerdas tú a Ananías y Safira? El problema no fue que se quedaron en ese dinero. ¡Era de ellos! En realidad, vendieron su casa, y podrían haber dado lo que les daba la gana, ¡Era una ofrenda!

¿Qué fue lo que provocó su muerte? ¡Han mentido al Espíritu Santo! Han mentido a Dios. El problema no fue el dinero que retuvieron. El problema fue la actitud de mentir.

(Números 21: 5) = Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés; ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano.

Escucha: Dios les está cocinando en los cielos el maná que les da cada día para que coman. ¡Es el colmo! Es Dios mismo el que les cocina expresamente para ellos cada día. ¿Y esta gente se quejaba de eso?

(6)Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel.

¿Dios mandando serpientes? ¿Cómo puede ser esto, Padre? La serpiente era la exteriorización visible de algo que ya, en estado invisible, estaba dentro de ellos. Moisés tiene problemas. Números 20:8.

(Números 20: 8) = Toma la vara, y reúne la congregación, tú y Aarón tu hermano, y hablad a la peña a vista de ellos; y ella dará su agua, y les sacarás aguas de la peña, y darás de beber a la congregación y a sus bestias.

¿Qué dice? ¿Cuál fue la instrucción? Habla a la peña. Hermano que me estás oyendo hoy, justamente hoy, cuando estás en angustia por ese problema, oye la voz del Señor que te dice: ¡Háblale a la peña! ¡Háblale a la peña! El resultado:

(Verso 12) = Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado.

Hay una relación directa entre nuestra fe y lo que decimos. Si tú no crees lo que estás diciendo, primero, no estás santificando a Dios. Segundo, no estás extendiendo el Reino de Dios. Algo que siempre debes tener en cuenta, es celebrar las cosas que Dios te da. Da testimonio de ello, cuéntaselo a la gente. Eso santifica y glorifica a Dios.

Entiende el principio: lo que no celebras, lo pierdes. El Reino de Dios es afectado por las palabras. Así como el reino de las tinieblas se extiende y su influencia va creciendo, así también las palabras. Jesús habló, su palabra salió y el reino de la luz que vino de parte de Dios a través de él, se manifestó.

(Juan 8: 26) = Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; pero el que me envió es verdadero; y yo lo que he oído de él, esto hablo al mundo.

Una de las cosas que debemos aprender es que nosotros decimos o repetimos lo que se dice en el cielo. Ahora, entonces, la pregunta que debo hacerte personalmente, es: ¿Lo estás diciendo así? Yo, ¿Estoy diciendo al Padre que se haga su voluntad en el cielo, así como en mi Argentina? Sólo reemplaza el país, si es que el mencionado no es el tuyo.

Lo que el cielo dice de tu país, tú debes recibirlo y repetirlo a todo el que quiera oírlo. Y en algunos casos, también al que no quiere oírlo. Porque al hacer eso, establecemos la unión entre cielos y tierra, y establecemos los diseños de Dios sobre nuestra comunidad. Por alguna razón que de ninguna manera es casual yo he nacido en esta parte del mundo, y tú en esa, tan cercana o lejana a la mía. En eso es que vemos la relación entre lo natural y lo espiritual.

Lo que intento explicarte es que las palabras tienen una tremenda gravitación. Claro está que en eso mucho tiene que ver la posición de poder que ocupe la persona que habla. No es lo mismo que lo diga un mendigo a que lo diga un presidente. La autoridad está en relación directa con el impacto de las palabras.

Jesús habló de esto. Él vino a traer el Reino de Dios y su testimonio fue respaldado por palabras y por hechos. Si tú recuerdas lo que has leído, sabrás que ellos decían que Él hablaba como quien tenía autoridad.

Muchas de las cosas que Él dijo, no eran nuevas. Por ejemplo: en la época de Jesús, había muchos grupos que bautizaban. Tal es así que preguntaban: ¿Y por quién bautiza tu maestro? Era una costumbre muy común. Decían que los esenios se bautizaban casi cada día. Se encontraron un montón de fosas especiales en su comunidad de Qum-ram, por ejemplo.

Entonces eso no era nuevo. El ayuno no era nuevo. Los diezmos y las ofrendas no eran nuevos. Lo que sucede es que cuando Jesús viene, no sólo continúa con muchas cosas, sino que Él habla y determina cosas absolutamente nuevas, a partir de una nueva comprensión de revelación que Él estaba trayendo.

Por eso es que Él dice: lo que yo estoy diciendo lo escucho decir a mi Padre. La autoridad es todo lo que hace. Hay muchos textos al respecto, pero fíjate el que vemos en la tentación de Jesús en el desierto. Es un diálogo, es una batalla de palabras. El diablo le dice “haz esto”, y el Señor le dice “Escrito está”. Es un diálogo muy fuerte de palabras.

Y ese diálogo determina, precisamente, qué reino va a prevalecer. Nosotros hemos recibido un encargo tremendo de parte de Dios. Y ese encargo está ligado a la responsabilidad que Dios nos ha dado. El Señor no se equivoca.

(Filipenses 2: 9) = Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, (10) para que en el nombre de Jesús (Observa una vez más el valor que tienen las palabras), se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; (11) y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

¿Cómo se va a notar que el Reino de Dios se ha establecido? Que toda lengua confesará las palabras. Eso, en base a lo que Él nos prometió.

(Juan 14: 16) = Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre; (17) el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.

Ese es el testimonio. La promesa fue dada, y el Espíritu vino. La salvación, por ende, descendió a nosotros. El poder de la cruz, ¿Cómo se expresa? Juan 19:30: Consumado es. Esa declaración, establece la victoria de Cristo. Veinte siglos después, somos salvos aun por esa declaración.

Los discípulos aprendieron de Jesús varias cosas. Una de ellas, es que no podían ser descuidados en la manera de hablar. Se metió en un tremendo problema Pedro la última noche. El gallo, la sirvienta, ¿Recuerdas? Ya conoces la historia. Palabras fuera de tiempo y sin pensamiento previo.

(Hechos 2: 38) = Pedro les dijo: arrepentíos, y bautícense cada uno en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

(39) Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Hay muchos pasajes que dan cuenta que la predicación de poder tiene efectos notorios. La gente se convierte y eso es evidente. Ahora bien: ¿Cómo empezó todo? El Espíritu Santo desciende, y la primera transformación que vemos en ellos, es que su lengua es cambiada.

Ellos empiezan a hablar en idiomas distintos el mensaje de salvación. Esa era una señal visible de algo que estaba pasando internamente. Dice en el Libro de los Hechos 1:8, que no se vayan de Jerusalén hasta que reciban el poder. Y dice que luego le serán testigos en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra.

Ahora observa esto: Jesús ya les había dado poder ya en tres ocasiones anteriores. En Mateo 10, en Lucas 10 y en Juan 20. La última vez, en Juan 20, Jesús sopló el Espíritu Santo en ellos. Ellos ya hacían grandes milagros, sanidades y liberaciones extraordinarias.

¿De qué poder les hablaba? La palabra en Hechos 1:8 es me seréis testigos. La palabra testigo es la palabra mártir. Cuando el Espíritu desciende, cambia su manera de hablar y, automáticamente, en ellos se pierde el miedo a morir. Están listos para dar su vida por el Señor.

Y van a darla, nomás, porque la mayoría de los apóstoles van a morir por causa de su fe. El poder se manifiesta, la gente se convierte. La instrucción que Dios había dado a su pueblo está en Lucas 24:49, donde dice: he aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.

¿Había una instrucción? Sí. Te hago una pregunta muy sintética: ¿Cuántos recibieron la instrucción? Si lees estos textos con cuidado, vas a ver que como quinientas personas. Se ve ese grupo en Hechos 1. ¿Cuántos reciben el Espíritu Santo en Hechos 2? Como ciento veinte. ¿Dónde estaban los otros?

Se fueron. Cuando el Señor habla, hay que oírle. Cuando Dios te habla, escúchale. El resultado es un bautismo maravilloso, la casa tiembla, la gloria de Dios desciende, su lengua es cambiada, los milagros acontecen.

Vez tras vez vas a ver a la iglesia extendiendo su Reino de luz ejercitando las palabras que Dios le había dado. Una vez más: debes tener cuidado con lo que dices. Tus palabras podrían llegar a tejerte una densa telaraña. Cada uno es atrapado por sus propias palabras.

(Proverbios 18: 21) = La muerte y la vida están en el poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.

Mucha gente tiene enfermedades a causa de lo que habla. Mucha gente se ata a maldiciones por la forma en que habla. El Señor, a través de Santiago, da una tremenda exhortación. Muchos la conocen, creo que la hemos leído todos.

(Santiago3: 10) = De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.

Lo que me temía, me ha acontecido, escribe Job. ¿Cómo se expresa eso? Por sus palabras. A medida que vamos creciendo en el descubrir el Reino de Dios, se va a producir un fenómeno. Los que van madurando en Dios, cada vez aprenden a hablar menos.

Dice que en las muchas palabras no falta pecado. Cuando uno descubre el mundo espiritual, se da cuenta que lo que dice trae consecuencias. No es lo mismo que un hermano cualquiera te maldiga, a que un profeta te maldiga. Hay un nivel de responsabilidad distinto.

Muchas palabras pueden estar estorbando tu ministerio hasta el día de hoy. Hay mucha gente atorada en sus finanzas por las palabras que escuchó. Muchas cosas que despiertan en ti reacciones que te asustan a ti mismo, las escuchaste de niño. Los patrones se repiten.

Palabras que extienden las tinieblas, palabras que extienden la luz. Tú eres quien decide hacia qué lado quieres ir. No te ates con tus propias palabras, comienza a declarar positivo aunque no veas nada positivo en lo natural.

La vida sana empieza declarando cosas correctas. Hay gente que para que se sane de todos los males que dice padecer, lo mejor que podría hacer, es cortarse la lengua. ¿Cuál es tu área más débil? Cualquiera sea, no la declares más como tal. Usa tu lengua para bendecirte, no para maldecirte.

Las finanzas están ligadas a esto, por una razón. Las palabras afectan el alma, y la manera de prosperar en Dios es esta: que si tu alma prospera, también tus finanzas prosperan. ¿Recuerdas el texto, no? Por eso, muchas veces el problema financiero está en el alma.

Y el alma está atada a las palabras. Hay gente que trabaja duro para un ministerio y se pone a orar para comprarse tal o cual cosa que les gusta, y aunque tienen buenos salarios y naturalmente podrían hacerlo, siempre se les cruza algo que se los impide.

Normalmente llegan a los ministerios a pedir oración por eso y a buscar alianzas para pelear la buena batalla en contra de – Ellos lo aseguran -, es un ataque del diablo que no les permite comprarse eso. Si el Espíritu Santo está dinámico, va a tardar menos de diez segundos en traerles a la memoria el pacto que un día hicieron delante de Dios, cuando comenzaron su ministerio, diciéndole que les bastaba con servirle, que no querían nada más. ¿Y bien? Te ataste un espíritu de pobreza. Nadie te lo sacará a menos que tú mismo lo eches fuera declarando lo opuesto. Es muy importante que cambies tu manera de hablar.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez