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A la Sombra de Caleb

L a vida en el Señor no es una vida para cobardes, no es una vida para gente de cinco minutos, no es para gente que quiere un culto de dos horas a la semana, no es para alguien que busca bendición. Porque la gente que busca un toque de Dios, seguramente va a tener un toque de Dios, pero nunca va a tener la presencia de Dios en sus vidas.

Este es un tiempo de entrenamiento, porque ciertamente el Señor está decidido a que su iglesia establezca un tiempo nuevo sobre las naciones. Son tiempos muy difíciles, son tiempos de gran lucha. Basta que tú veas las noticias cada día, mueren de manera dramática cuarenta, ochenta, cien, doscientas personas a lo largo y ancho del planeta.

Más algo tiene que quedarnos en claro: es un tiempo difícil que el Señor ha preparado para poder demostrar y establecer un gobierno de Su Presencia sobre las naciones. Porque en medio de tanta maldad, de tanta muerte, de tanto dolor, el Señor va a levantar una columna de verdad y de justicia. Dios va a mostrar que donde abunda el pecado sobreabunda la gracia.

Él ha decidido introducir a su iglesia en un tiempo nuevo. Hoy día hay mucha gente que dice ser creyente, que sabe muchas cosas porque ha recibido información, pero que tiene una pequeña fe de cartulina. Que ante la primera presión se arruga y se dobla.

Asimismo, y esto es nuestra absoluta responsabilidad, hay miles y miles de cristianos que porque un día hicieron una oración pre determinada de conversión, ahora creen que están viajando directo a la gloria, y grande va a ser su decepción cuando se den cuenta que Dios les va a decir: “nunca los conocí”.

Porque no te quepan dudas que Dios conoce perfectamente a todos los que han muerto para el mundo, a todos los que han tomado su cruz y se han negado a sí mismos. Porque la vida en el evangelio no es una vida donde tú puedes hacer lo que se te ocurre, sino una vida que te va a costar todo lo que tienes.

La salvación es por fe y gratuita, pero conseguir todo lo que Dios tiene para ti, te va a llevar la vida entera. Eso no va a ser fácil, y te habla de un camino angosto y una puerta estrecha. Y en este tiempo donde se predica tanta prosperidad, bendición, algo así como venga y tome su milagro que aquí está el agua bendita o la rosa ungida.

Que si tú siembras vas a ser millonario, pero todavía está vigente un evangelio que te dice que el camino a Jesucristo es un camino de cruz, de renuncia, de negación, de santidad, de apartarse del mundo y del pecado, porque conoce Dios a los que son suyos.

Dios va a pasar su iglesia por un tamiz, por una zaranda, en lo que no todo lo que vemos hoy día como cristiano va a pasar, sino que muchas cosas van a ser retenidas por el Espíritu Santo. Hay una parábola que describe lo que estamos viviendo en estos tiempos. Habla del trigo y de la cizaña.

Habla de que ha llegado un momento en que el trigo ya está, que el fruto del trigo está maduro, pero también la cizaña. Y se le parece tanto que confunde a muchos. ¿Qué quiere decir que el trigo está maduro? Que la iglesia está llegando a un nivel de madurez y de respuesta conforme a la expectativa de Dios.

¿Y qué quiere decir que la cizaña está madura? Que nunca habrás visto tú tanta maldad, tanta obra del diablo, visiblemente. Porque así como está madurando el trigo, también está madurando la cizaña. Los tiempos que Pablo vivió, no se compara con estos tiempos. El enemigo, allí, era uno muy claro y muy visible, pero hoy está disimulado, camuflado e infiltrado por todas partes.

Y lo que viene a continuación, es que los ángeles de Jesucristo van a apartar el trigo de la cizaña, y van a causar la más grande separación. Y que quede claro que no estoy hablando del mundo. El mundo es todo cizaña. Estoy hablando de la iglesia, entiéndelo.

Sin embargo, la palabra es clara al respecto. No somos nosotros los que debemos separar a esa cizaña del trigo, sino los mensajeros de Jesucristo, que con una palabra rhema y nueva, va a producir una separación inmediata y concreta, partiendo desde la religiosidad ambiente para terminar en un remanente santo que jamás doblará sus rodillas ante Baal.

Tu única responsabilidad y preocupación, entonces, es ser trigo; cuidarte muy bien de no ser usado como cizaña. Y para dar fruto, ya sabes que debes caer en la tierra y morir. Porque unas pocas semillas en un jarrón, no sirven de nada. Sólo cuando la semilla cae a la tierra y muere, es cuando se produce un fruto maravilloso.

Y Dios está llevando a su iglesia a una situación de muerte. Muerte no es el punto final, muerte es el principio. En todo sentido. La muerte, para el hijo de Dios, es el inicio de una vida nueva. Nadie puede resucitar la vida de Dios, si primeramente no ha estado enterrado tres días.

¿Y sabes qué? La tierra que aprisiona la semilla, parecería haberse puesto en contra de la semilla. Por eso está en el propósito de Dios perfeccionar eso, para que el fruto sea abundante. Cada día vas a escuchar noticias extrañas que te van a hacer pensar que cada vez hay menos oportunidades, pero allí será donde tu fe no deberá decaer.

Parecería que a esta generación le ha tocado vivir en un tiempo de oportunidades muy corto, muy escaso, muy limitado. Parecería que es común la palabra desempleo, fracaso o temor. ¿Y sabes qué? Es muy triste, porque aún en la iglesia hay gente que puede tener ese vocabulario.

Por eso te quiero contar una historia que sé que va a terminar encendiendo la pasión que Dios tiene para tu vida. No estoy aquí para decirte cosas buenas para que te pongas feliz, estoy para decirte lo que Dios tiene hoy para tu vida.

Tú ya sabes que no soy ni por asomo de los que gustan decir cosas bonitas para que nadie se sienta preocupado. La palabra del evangelio no es solamente una palabra de consolación. Lo que no debemos perder de vista, es que Dios de ninguna manera procura nuestra destrucción, todo lo contrario.

Quiero llevarte al libro de Josué capítulo 14. Y tú vas a conocer aquí a una persona de modo más íntimo. Has escuchado hablar de él, pero ahora lo vas a conocer. Y será la manera adecuada de sacar de estos personajes esa aura mística y llevarlos a un terreno donde pueden parecerse a ti, a nosotros.

(Josué 14: 6) = Y los hijos de Judá vinieron a Josué en Gilgal; y Caleb, hijo de Jefone cenezeo, le dijo: tú sabes lo que Jehová dijo a Moisés, varón de Dios, en Cades-barnea, tocante a mí y a ti.

(7) Yo era de edad de cuarenta años cuando Moisés siervo de Jehová me envió de Cades-barnea a reconocer la tierra; y yo le traje noticias como lo sentía en mi corazón.

(8) Y mis hermanos, los que habían subido conmigo, hicieron desfallecer el corazón del pueblo; pero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios.

(9) Entonces Moisés juró diciendo: ciertamente la tierra que holló tu pie será para ti, y para tus hijos en herencia perpetua, por cuanto cumpliste siguiendo a Jehová mi Dios.

(10) Ahora bien, Jehová me ha hecho vivir, como él dijo, estos cuarenta y cinco años, desde el tiempo que Jehová habló estas palabras a Moisés, cuando Israel andaba por el desierto; y ahora, he aquí, hoy soy de edad de ochenta y cinco años.

(11) Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar.

(12) Dame. Pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizás Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho.

(13) Josué entonces le bendijo, y dio a Caleb hijo de Jefone a Hebrón por heredad.

(14) Por tanto, Hebrón vino a ser heredad de Caleb hijo de Jefone cenezeo, hasta hoy, por cuanto había seguido cumplidamente a Jehová Dios de Israel.

(15) Mas el nombre de Hebrón fue antes Quiriat-arba; porque Arba fue un hombre grande entre los anaceos. Y la tierra descansó de la guerra.

Impresiona mucho Josué, pero debemos ser honestos: impresiona mucho más Caleb. Hoy en día hay gente que tiene treinta años y se quiere morir. Hay hermanos que porque no se han podido casar, se creen el último aborto del mundo, un desperdicio, no quieren vivir.

Hay gente que porque no puede conseguir un trabajo, o porque su matrimonio se tambalea, quieren tomarse una pastilla de cianuro y cerrar sus ojos para siempre. ¡Qué diferente es Caleb! Pero antes de hablarte de Caleb, permíteme llevarte a un lugar llamado Gilgal.

Gilgal es el lugar donde nace la fe, quiero que abras muy bien tus oídos a lo que te estoy diciendo. Hubo un momento, estimado en cuarenta años antes de lo que aquí se relata. Está el pueblo de Dios al borde del Río Jordán, han caminado como nueve meses hasta ese día, y miran Cades-Barnea, en frente, el río, y hay una palabra para mandar espías.

¿Recuerdas, verdad? Van los espías, doce en total. Diez de ellos vienen, diciendo: hay gigantes, somos como langostas frente a ellos, no podemos entrar. Dos de ellos, Josué y Caleb, dijeron: subamos, más podremos nosotros que ellos, nos los comeremos como pan.

Pero, como la democracia en ese tiempo estaba siendo fomentada, dijeron: No, diez dicen que no y sólo dos dicen que sí, gana la mayoría: no vamos. Y Gilgal, entonces, fue un lugar que miraron de lejos, porque ellos no llegaron a entrar allí.

Gilgal estaba al frente, cruzando el Río Jordán; ellos estaban al otro lado. Cuarenta años después, toda esa generación, ha caído muerta en el desierto. Los diez espías, la gente, todas aquellas personas que habían salido de Egipto llenas de esperanza, diciendo: “Dios nos va a conducir”, llegaron un día a ese lugar y tuvieron que saludarlo de lejos, porque no entraron.

Y la razón por la que no entraron no era porque Dios no estaba con ellos; ciertamente Dios estaba con ellos. Pero la fe no les alcanzó. La fe les alcanzó para salir de Egipto, pero no para entrar a Canaán. Yo quiero decirte algo: el propósito de Dios no era sacar a su pueblo de Egipto. El propósito de Dios era meterlos a una tierra nueva.

El propósito de Dios no es que tú lo conozcas y seas salvo. El propósito de Dios es que tú cumplas tu destino, una vez que lo has conocido; que alcances Canáan, que entres a la tierra. El propósito de Dios no termina cuando tú conoces la cruz. ¡Ahí empieza!

Cuarenta años después, Josué entra con el pueblo, cruzan el río, y en Gilgal, ponen doce piedras conmemorativas dentro del agua, y en la orilla. Y es el lugar del pacto. Es el lugar donde pasan algunas cosas importantes.

Nº 1: Es el lugar donde cesa el maná. La última vez que cae maná, es en Gilgal. La señal es esta: hasta este día has vivido de lo que yo te he dado; ahora vas a vivir de lo que tú vas a sembrar y vas a cosechar. Ya tienes la estatura suficiente para comenzar a hacerte tu propia comida.

Nº 2. Es el lugar donde la columna de fuego desaparece para siempre. Hasta ese día, la columna de fuego había sido la señal. Era la guía, era la brújula que el pueblo de Dios seguía. Pero cuando llegan a Gilgal, aterrados, asustados, ellos miran como esa columna que por cuarenta años los había acompañado, empieza a perder forma, empieza a desvanecerse como las nubes llevadas por el viento, y de repente la nube desaparece.

¿Cuál era al mensaje? Que ahora es tiempo de que tú empieces a caminar por lo que tú conoces de mí, ya no voy a estar delante de ti como si fueras un niño, o un ciego. Hasta este día yo te he conducido. Ahora debes aprender a caminar.

Nº 3. Es el lugar en donde la fe de la gente es puesta por prueba. Existen dos tipos de personas. Los hombres que viven por los sentidos. Esas personas son los que tienen que ver para creer. Y existen los hombres que ven con su espíritu. Esas personas son las que creen, para luego ver.

¿Y sabes algo? Gilgal es el lugar en donde se separan estos dos grupos. Porque hasta ese día estábamos en manada, estamos mezclados todos. Pero, ¿Sabes? Cuando llegas a Gilgal, la cosa se divide, y hay dos grupos.

Los naturales, que tienen que ver para creer, y los espirituales, que creen para después ver. Es el lugar de la separación. A Gilgal la podríamos definir como el lugar en el que nuestra fe vive, y nuestros sentidos mueren.

Muchos han llegado a Gilgal tiempo atrás, otros recién van a llegar, otros han pasado largo tiempo en Gilgal. Pero Gilgal es un lugar de separación. Deja marcado con algo este pasaje de Josué y ven conmigo al Nuevo Testamento, al evangelio de Juan, capítulo 20.

(Juan 20: 24) = Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.

(25) Le dijeron, pues, los otros discípulos: al Señor hemos visto. Él les dijo: si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.

(26) Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.

(27) Luego dijo a Tomás: pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

(28) Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!

(29) Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.

Josué es una tipología de Cristo. Cuando tú vienes a Cristo, naces a un nuevo hombre. Caleb, en cambio, es una tipología del hombre nuevo de Cristo. Lo digo de nuevo: Josué es tipología de Cristo, pero Caleb es tipología de un verdadero y genuino nacido de Dios, un cristiano maduro.

Josué significa “Jehová es salvación”. Es muy parecido al nombre de Jeshúa. El nombre de Jesús. Caleb, en cambio, significa “perro”. ¿Y seguiremos pensando que es tipología de un cristiano? Sí. No te ofendas. Hubo una persona a quien Jesús le dijo: “perra”. Y no se ofendió y tuvo el milagro que buscó.

Hoy día hay gente que se ofende por algo más que por nada. Y no estoy hablando de empresas ni de instituciones públicas y mundanas, claro; estoy hablando de iglesia. Hubo una mujer a la que Jesús le dijo que ese pan no era para los perros, es decir: para ella.

Y la mujer, lejos de ofenderse como haría cualquiera de nosotros, tal vez, dijo: ¡Ah, no importa! ¡Voy a comer las migas que caigan debajo de la mesa! Caleb significa “perro que ladra”. “Perro salvaje”. Así que no es cualquier perro, ¿Entiendes?

Hay dos rasgos de este Caleb que son bien interesantes. El primero, es un rasgo que define al perro, como animal y como tal: su fidelidad. Le das una patada a un gato y lo más probable que se vaya y no vuelvas a verlo en tu vida. Le das una patada igual a un perro y el perro estará allí cuando lo llames, como si nada hubiera pasado.

El cristiano maduro, es fiel. Pero métete con el hueso de Caleb. Métete con el hueso pelado del perro. Será muy fiel, será muy buen perro, pero no te metas con sus cosas. Porque ahí sale de él el perro furioso, el perro que ladra.

Quiero darte estos dos rasgos de Caleb. No es un pobre perrito de la calle lleno de pulgas, es fiel. Y eso se nota en lo que dice, conforme al texto que leímos. Fíjate que en cuarenta años él no había reclamado lo que le prometieron. Él esperó, estuvo ahí.

Él ya tenía ochenta y cinco años y sintió que ya era tiempo de cobrar su jubilación. Entonces va donde está Josué y le dice: “Oye Josué, ¿Tú estabas presente el día que Moisés me hizo una promesa? ¿Te acuerdas?”

Claro, Josué tampoco es un jovencito, tiene ochenta años encima, los dos andan por ahí. Pero le dice: “¡Claro que me acuerdo!” – “¿Pues sabes qué? Yo quiero que me des ese lugar”. Dentro de un momento te voy a hablar del lugar.

Quiero llevarte a un pasaje interesante. Ven conmigo a 2 Samuel 23. Te voy a mostrar qué tipo de perros debemos ser. Debes ser un perro furioso. ¿Estás solo, ahí, ahora? Entonces dite para ti mismo: ¡Tengo que ser un perro furioso! Te voy a hablar de un hombre llamado Sama, en un versículo.

(2 Samuel 23: 11) = Después de éste fue Sama hijo de Age, ararita. Los filisteos se habían reunido en Lehi, donde había un pequeño terreno lleno de lentejas, y el pueblo había huido delante de los filisteos.

(12) Él entonces (¿Quién? Sama.) se paró en medio de aquel terreno y lo defendió, y mató a los filisteos; y Jehová dio una gran victoria.

Un hombre pelea por su terreno de lentejas. Ahí estaba el terreno, imagínate la escena. Las lentejitas. Vienen los filisteos y, todo el ejército de Dios, sale huyendo como ratones. Y este hombre se para en la mitad del terreno.

¿Quieren mi terreno, no? ¡Lentejas les voy a dar! Y dice acá que se paró en medio de aquel terreno y lo defendió, y mató a los filisteos y Jehová le dio una gran victoria. Esa es la raza de Caleb. El perro Caleb es fiel con su dueño, pero cuando entran ladrones ya no mueve la cola, se vuelve una fiera.

¡Ay de aquel que se meta en su terreno! Porque es su terreno, el perro es territorial. Por eso levanta su patita trasera, más que por una necesidad biológica, lo hace para marcar su territorio. Y cuando huele un aroma que no ha puesto él, alza la patita más arriba, para que la señal suya sea la más alta.

No permite que otros perros vengan a poner sus señales en su territorio. El perro defiende su territorio. Los cristianos maduros, son cristianos que son fieles con Dios. No importa como Dios esté hablando con ellos, ellos igual están ahí.

No son cristianos deprimidos, ni se enojan con el Señor cuando no tienen respuesta a una oración o a un pedido. Son gente que siempre está ahí, de pie. Un día está atrás, un día está adelante, un día está en el piso, un día está llorando. Pero que está, está.

Cuando se meten con sus cosas, cuando quieren tocar sus lentejas, estos mismos cristianos que están llenos de amor, desenvainan la espada, se ponen el casco, agarran su buen escudo y dicen: Bueno, ¿Quieres lo mío? ¡Ven a buscarlo! No permiten que lo que es herencia de Jehová para ellos, sea tomado.

Quiero que notes lo que hace este hombre llamado Sama. La palabra Sama, luego sería utilizada por Jehová-sama. ¿Sabes qué significa? Jehová está aquí. Dios estaba con él. Caleb es la figura de un creyente que ha reconocido su posición en Cristo.

No es un creyente cualquiera. Decirle a alguien, Caleb, es un gran halago. Gilgal fue el lugar donde se separó a la gente, lugar de la prueba. Hebrón. ¿Qué es Hebrón? Hebrón es el lugar del pacto. Es el lugar de la comunión. Pero es también el lugar donde viven los gigantes.

Todo estaba bien hasta este punto. ¿Qué pasó en Hebrón? Fue el lugar donde David fue ungido como rey. Fue el lugar donde vivió Abraham, y puso su tabernáculo para Dios. Hebrón era el monte más alto de Israel. ¿Y sabes quiénes lo habían escogido como su morada? Los gigantes.

Vuelve conmigo a Josué 14. Caleb tiene ochenta y cinco años. Muchos de esa edad se la pasan todo el día viendo televisión y comiendo lo que pueden por falta de dientes. Caleb no tenía ese perfil, quédate bien tranquilo.

Cada mañana se levantaba e iba a mirar un cerro que tenía ahí cerca. Que no era ningún cerrito, sino un monte alto. Y en este pasaje que hemos leído, dice en el verso 12: Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizás Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho.

Los anaceos eran el peor grupo de gente que puedas tú imaginarte. Eran los hijos de Anás, ¿Te suena conocido? Goliat era uno de los hijos de Anás. De ahí vienen los anaceos. O sea que en ese cerrito que miraba Caleb, no había un Goliat, había centenares.

Los hijos de Anás, los anaceos. Vivían en ese lugar. Ahora: ¿Qué hace un viejito de ochenta y cinco años al pie de este cerro? Mirando el cerro cada mañana. ¿Por qué quería Caleb ese lugar? Ese lugar era Hebrón, eso está en el versículo 15.

Él quería el cerro más alto. ¿Y qué era Hebrón? Era el lugar del pacto. Un cristiano maduro quiere vivir en el lugar del pacto, el lugar en donde Dios ha pactado con él. No era una obsesión caprichosa de Caleb ese cerro. Él sabía lo que significaba poseer ese lugar.

Era un lugar específico. Hebrón es el lugar de comunión. Ciertamente, ahí fue donde Abraham levantó su primer altar. Ahí fue donde casi se ofreció la vida de Isaac. No sólo eso; es el lugar donde nacen los reyes. David fue ungido allí. El más grande rey de Israel, fue ungido en Hebrón.

¿Sabes dónde son ungidos los reyes? Donde viven los gigantes. ¡Yo quiero ser rey, hermano! Muy bien, entonces vas a tener un vecindario muy especial. ¡Ah! ¿Así es la cosa? Sí, así es la cosa. Es la parte que no nos han enseñado. Somos reyes y sacerdotes, ¡Gloria a Dios! Es el lugar donde viven los gigantes.

Me gusta tanto lo que Jesús dice cuando está hablando con maría y marta en Lucas 10:42 y le dice a Marta:Una sola cosa es necesaria, y María ha escogido la buena parte. ¿Lo recuerdas, no? María va toda molesta y le dice: dile a María que me ayude. Y Él le responde eso.

Sabes que este Caleb, con toda su humildad, con toda su sencillez, sabía cuál era la mejor parte. Él no estaba pidiendo ese pedacito que sobraba. Porque nos han enseñado por buena educación, que coman todos la pizza y que si sobra un pedacito, ese recién es nuestro, ¿Verdad?

Te cuento que ese no es Caleb. Apenas abran la caja con la pizza, Caleb va a saltar y va a decir: ¡Ese pedazo es mío y nadie me lo toca, déjamelo ahí! Nos han enseñado por buena educación que tenemos que ceder, ¿Verdad? Yo admito eso con tu familia o tus relaciones sociales, pero no podemos tener esas actitudes en el mundo espiritual.

Él había elegido Hebrón, la mejor parte. Y tú debes elegir para vivir, aquel lugar en el que Dios te ha establecido. No hay mejor lugar que ese. Caleb se acerca sin temor a hablar con Josué. Era su amigo, pero también era su jefe, su general.

Y cuando le habla, lo hace con respeto, pero no con miedo. Le dice: Josué, quiero que recuerdes algo. Moisés me prometió algo, y ha llegado el tiempo en que me lo deben entregar. Yo no creo que Dios se moleste cuando nosotros le reclamamos una promesa.

En la carta a los Hebreos 4:16, dice: Acerquémonos, pues, confiadamente, al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Dice que nos acerquemos confiadamente.

Muchas cosas están suspendidas en el tiempo. Hay gente que recibe lo que está buscando y hay gente que no recibe nada. ¿Por qué la diferencia? Hay algunos que dicen: Dios sabrá, Dios me dará, Dios se acordará. Pero hay otros que dicen: Señor, yo sé que tú me amas y me has prometido; yo sé que tú tienes tu tiempo para todo, pero yo voy a estar reclamándote esto cada día.

Voy a decirte ya es tiempo de que te acuerdes de mi familia, ya es tiempo de que me des mi parte de herencia. Ya es tiempo, Señor, ya es tiempo. Yo te amo y sé qué haces todas las cosas perfectas. No quiero ser una molestia para ti, pero creo que ya es tiempo que te acuerdes de lo que me has prometido, de tus misericordias para conmigo. ¡Ya es tiempo! Yo quiero que hoy día se cumpla, no cuando yo sea una persona incapacitada. Lo quiero ahora, quiero empezar a ver lo que tú has prometido.

¿Sabes qué? El Señor no se enfada por ese tipo de oraciones. Dice que Él está buscando que se le importune. Esa persona que llega a las tres de la mañana a tocarte el timbre porque le llegaron visitas y no tiene azúcar. Importunar.

Y dice que por su impertinencia, por su inoportunidad él va a ser escuchado. Hay gente que dice: ¡Ah, no! ¿Cómo voy a molestar al Señor? Más vale lo llamo mañana temprano. Y de mañana en mañana se le va pasando la vida sin recibir nada.

Él tenía clara visión de lo que quería. Caleb sabía lo que quería. Quiero este lugar. ¿Sabes Josué? Quiero este lugar. Me ha sido prometido. Lo que yo pise con la planta de mi pie, será mío. Yo quiero este lugar, mira, lo estoy pisando.

Cada mañana he estado haciendo por aquí algo de ejercicio. Para tener ochenta y cinco años me ha sido necesario hacer ejercicio diario. Le he dado vueltas al lugar, conozco a los anaceos allá arriba, los he visto de lejos. Es tiempo; Josué, dame ese lugar.

Josué lo mira y entonces le dice: Ven, ven Caleb hijo de Jefone, verso 13, te bendigo, toma la tierra. – Y Caleb dice: listo, eso era todo lo que quería saber. Y él agarra, saca su espada y dice la palabra que él tomó ese monte, sacó a los gigantes en retirada, los venció por completo, este viejito de ochenta y cinco años estableció su morada en el lugar más alto.

¿Y sabes qué? Cuando él tenía noventa años, salió al borde de su casita allá arriba, Josué vivía allá abajo, las tribus vivían abajo, pero él miraba desde arriba y decía: ¡Qué bien se ve desde acá! ¡Nadie me quita el sol! ¡De aquí yo puedo mirar los lugares bajos y yo estoy en el lugar más alto!

Te falta ser un poco Caleb, que se despierte ese perrito que hay adentro. Ven conmigo a Efesios 5:16. Te voy a presentar unan palabra para muchos conocida, para otros, nueva. Esta palabra se llama Kairos.

La palabra Kairos es una palabra griega. Se la traduce en la Biblia como tiempo, pero la palabra para tiempo, verdaderamente es Kronos. Kronos es tiempo. De ahí viene cronómetro, cronológico. La palabra Kairos también significa tiempo, pero tiene una connotación mucho más impresionante.

(Efesios 5: 16) = Aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.

Este versículo, verdaderamente, se aplica al tiempo que estamos viviendo. ¿Quién puede decir que no? ¿Estás de acuerdo conmigo? ¡Qué días más malos nos han tocado vivir! Muchas veces estamos mirando las noticias y mi esposa me dice que cambie de canal, que no se puede estar nutriéndose de toda esa basura en lo que se convierten los noticieros. Mitad por lo que sucede y la otra mitad porque ellos necesitan mostrarlo así, con cierto amarillismo sensacionalista, para poder levantar audiencia y facturar más en publicidad.

Sin embargo, hay algo con lo que los creyentes deben tranquilizarse. Estos tiempos actuales, aun siendo malos, son tiempos en los que todavía estamos bajo el gobierno de Dios. Dios está controlando la historia, no se ha olvidado. Pero mira lo que dice el verso anterior al que leímos.

(Verso 15) = Mirad, pues, con diligencia como andéis, no como necios, sino como sabios.

Aquí hay dos tipos de personas. Los necios y los sabios. ¿Y cómo se determina quién es necio y quién es sabio? Verso 16. Aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. ¿Entonces, quiénes son los sabios? Los que aprovechan bien el tiempo. ¿Quiénes son los necios? Los que no aprovechan bien el tiempo.

La palabra tiempo, aquí, es Kairos. O sea: no está diciendo que se aprovechen bien las veinticuatro horas del día. Esto no significa que tú te levantes a las cinco de la mañana y molestes a toda tu familia porque tú quieres aprovechar el tiempo. No estamos hablando de ese tiempo.

La palabra tiempo, aquí, significa “aprovechando bien las oportunidades”. Aprovechando bien las puertas que se abren. Hay gente que pierde becas, promociones, empezar bien un negocio. Hay gente que pierde oportunidades grandes. ¿Sabes por qué? Porque le falta ser Caleb.

Porque no tiene la capacidad de decir: “¡Yo me meto!” La gente se toma tantas precauciones que pueden pasar cuarenta años y no llegan ni a una casa para su perro. Siguen pagando alquiler, dejaron pasar la oportunidad por miedo.

Para muchos, este tiempo es terrible. Para otros, este tiempo es de bendición. ¡Pero no, hermano! ¿Usted no ve las noticias? – Este es un tiempo de bendición. Hay gente que nunca progresa por sus temores, no por falta de oportunidades.

Los temores nos paralizan, ya hemos hablado de esas cosas. Hay gente que nunca da. Que nunca se lanza. Las facultades están llenas de estudiantes muy mayores que han comenzado a estudiar una carrera más allá de sus sesenta. ¿Sabes qué? Son los más alegres.

A una mujer de sesenta y ocho que comenzó Derecho, un alumno que tenía no más de veintiocho le preguntó: ¿Por qué estudias? A lo que ella respondió: ¿Y por qué no? Sesenta y ocho años. Ya tenía una profesión.

Esa persona, a veces, ha llegado a terminar la carrera y una semana después, se muere. Pero deja un impacto tan grande en la facultad, que toda la universidad asiste a su funeral. Porque les enseñó que la vida no consiste en el tiempo que se puede vivir, sino en lo que se ha sido capaz de hacer.

La calidad de vida, salvo para las estadísticas, no tiene absolutamente nada que ver con cuántos años vives. Más que cuantos años has vivido, interesa cómo los has vivido. Tristemente, hoy día, el evangelio para mucha gente, no es suficiente para que ellos tengan sueños.

Es mucha la gente que hace un desdoblamiento, y te dice: Yo amo al Señor, pero no sirvo para estudiar. Yo nunca he podido. Yo no soy bueno para los negocios. ¿Sabes cómo se llama la palabra que estoy compartiendo? Tiempo oportuno.

Es tiempo oportuno para hacer lo que no has hecho. ¿Por qué no empiezas tu empresa este año? Ya me cansé de ser asalariado. ¡Empieza tu empresa! ¡Ay, no! ¡Es que no tengo un centavo! Pero puedes tenerlo. ¿Y cómo? Visión. ¿Estás entendiendo, verdad?

Parece muy místico, ¿Verdad? Que los anaceos, Hebrón, la tierra, pero: ¿De qué me sirve eso mañana? ¿Qué tiene que ver esto con mi vida? Tiene que ver con este hecho. Los tiempos cronológicos te pondrán límites, mientras que los Kairos de Dios, no.

Hebrón es el lugar que tú miras de frente. Hay gente que mira su empresa y dice: “Aquí me quiero morir”. Ahí te morirás, hermano. Hay otro que dice: “Aquí está bueno, por ahora”. Nadie nació para envejecer sin hacer nada. Todos tienen un llamado importante para muchas cosas. Sólo debes hallarlas.

Hebrón también es el lugar del desafío. Es el lugar de las grandes metas. Espíritus de Caleb. Y no te confundas, no es el pensamiento positivo de los orientales, es visión de los creyentes. Caleb tenía visión. Te voy a dar un ejemplo.

Cuando él va con los once, todos vieron problemas. Él vio la buena tierra. A las oportunidades, Dios nos las pone en nuestras narices constantemente. ¿Y sabes qué? Gracias a estar orando, cantando, o quién sabe qué, no las vemos.

Las oportunidades Dios nos las pone adelante. ¿No las quieres? Es como la copa de champagne en la cena. Te la pasan por delante, ¿No la miras? Se va con otros. ¿Y dónde estaba el champagne? Pasó por tu lado varias veces.

¡Es que yo quería! ¿Por qué no abriste los ojos cuando fue el momento? ¿Qué es un monte, o los gigantes? Nº1: Es un tiempo de oportunidad. Es necesario que te des cuenta que hay cosas que tú no puedes hacer. Hay límites, pero el soñar y dar desafíos, no significa que tú no puedas.

Dios puede hacerlo. La primera cosa es que gigantes, es igual a oportunidad. Ese monte estaba en medio de Israel. En medio del campamento. Todos sabían que en ese monte Abraham había ofrecido sacrificio y David había sido ungido. ¿Y a nadie se le pasó por la cabeza reclamarlo?

¡Ni lo miraban! Tal vez Caleb miró mucho tiempo, y decidió. Pregunto: ¿Por qué no miraban ese monte? Porque estaba habitado. Pero era el mejor lugar de la zona. Era la zona sur del lugar. ¿Te ubicas, verdad? ¡Era la zona sur!

Satanás nunca escoge pocilgas para vivir. Satanás siempre quiere el lugar más alto. Pregúntale qué era lo que él quería en Isaías 14, o en Ezequiel 28. En lo alto pondré mi trono. ¿Dónde están ubicadas las peores sombras del ocultismo en tu ciudad? En las zonas donde no hay iglesias, seguro.

Eso es, al menos, lo que debería ser de acuerdo con lo que se supone que esas iglesias significan o implican. Que no es el caso de mi ciudad. Conozco una iglesia que está en una avenida importante y, en su alrededor y a no más de cuatro o cinco calles de distancia, hay por lo menos seis consultorios de brujos, con propaganda radial incluida.

Satanás no nace en pesebres, no. Perdóneme, pero a él no lo vas a hacer nacer en un pesebre. Él busca palacios. Y bien; ahí en Hebrón había un palacete inmenso. Los anaceos, esa era la tribu de ellos, y todo lo demás, de primera. Una cama normal, era cinco plazas. ¡Y Caleb sabía eso!

Nº2. Te voy a decir algo que es duro, pero es verdad. Una oportunidad llega una vez en la vida, o a lo sumo dos veces. No llega otra. Habrá otro tipo de oportunidades, tal vez; pero esa oportunidad, dudo mucho que se repita y se repita.

Cuando Dios le habla a Abraham y le dice: “Te daré un hijo”, no le dice te daré dos, tres, cuatro o cinco, dice que le dará uno. De ahí para adelante, vendrán todos. Es tu oportunidad. Cuando Él llama a David, era el único, no había opción.

¿Y qué pasaba si David no quería? No tenía opción, era su chance. Por eso se llama oportunidad. El Señor te habla de un comerciante de perlas. Que tiene olfato para las perlas. Aprende a reconocer las oportunidades.

¿Estás contento con lo que tienes hasta hoy día? Bueno, cumpliremos con esta parte de la palabra: en todo me he contentado. Bien, gloria a Dios, pero: ¿Te gustaría ver un poco más? Sí, quiero ver un poco más. Abre tus ojos.

¿No te da cosa pensar cómo hay gente impía que prospera, y hay hijos de Dios llenos de talento y capacidad, que están limitados? Es una barbaridad. Te digo la verdad, es una barbaridad. Basta ver quiénes son los que mueven los grandes capitales. ¿Cuántos hijos de Dios empresarios de alto vuelo conoces tú? Yo, no demasiados.

¿Cuántos hijos de Dios manejan grandes sumas de dinero? ¿Cuántos hijos de Dios son dueños de bancos? No, Mayoritariamente, son masones, son satanistas, son brujos, son hechiceros. Ellos son dueños de todo. ¿Sabes por qué? Porque tienen más visión que nosotros.

Sé que esto no es agradable y no te coloca en una hermosa posición para ser invitado a predicar en las iglesias, pero es verdad, lo lamento. Ahora te pregunto: ¿Tú crees que Dios no quisiera bendecir a los cristianos?

Las oportunidades son aprovechadas por la gente que tiene visión. Visión significa “mirada amplia”. Uno mira una cosa, otro mira todo el contexto. En los versículos 14 y 15 de Génesis 13, se dice esto: Y Jehová dijo a Abraham, después que Lot se apartó de él: alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás al norte, al sur, al oriente y al occidente; porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tus descendientes para siempre.

Mira lo que le dice. Alza tus ojos, mira al norte, al sur, al oriente y al occidente. ¡Mira! ¡Abraham, mira! Eso te daré a ti y a tus descendientes. Alza tus ojos y mira. ¿Sabes qué hizo Caleb? Alzó sus ojos y miró el cerro. Y miró a un lado y miró al otro, y dijo: Esto quiero, Señor.

Las oportunidades son para gente con un espíritu guerrero. No son para los pasivos ni melancólicos. Quiero decírtelo de verdad: gloria a Dios por los melancólicos, más de ellos será la tierra del milenio. Pero en este tiempo, será la tierra de aquellos que son guerreros.

La voz profética a las naciones no es ninguna poderosa nación literal y física, ni tampoco el tremendo buscador de internet que nos permite hallar cualquier cosa publicada en cualquier remoto sitio del planeta. La voz profética es la iglesia.

Dios ha establecido que la iglesia sea la vertiente por la cual Él da a conocer Su voluntad. Pero cuando la iglesia no quiere ser esa voz, es un problema. Porque, ¿Quién va a anunciar? ¿Quién va a declarar? Es mucha la gente en las iglesias que, por ejemplo, no conoce nada de internet. ¿Sabes qué? Eso demuestra mediocridad. No porque saberlo sea obligatorio, pero sí porque es necesario, si es que vamos a obedecer el mandato de ir y predicar el evangelio a todas las naciones.

Esas cosas muestran a una generación que por más que canten que somos como águilas, lo cierto es que más se parecen a gallinas o avestruces. No despegan porque no se desafían, no aprenden, no se dan metas altas.

¿Quiénes son enemigos de las oportunidades? Gente con la que tienes que tener cuidado. Si tú quieres ser Caleb, ten cuidado con las siguientes personas. Te voy a dar una pequeña lista, rápido. Nº1: Ten cuidado de la gente que está cerca de ti. Sí, ten cuidado de tu familia. ¿Qué está diciendo, hermano?

(Josué 14: 8) = Y mis hermanos, los que habían subido conmigo, hicieron desfallecer el corazón del pueblo; pero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios.

¿Sabes quiénes son los primeros mata-sueños? Los más cercanos. – ¡Quiero abrir un restaurant! – ¿Con qué plata? ¡Eso cuesta una fortuna! – El año próximo voy a poner un taller de automóviles. ¿Para qué? ¡Hay cuatro en la zona! Ahí murieron tus planes. Cuidado con tu propia familia.

No me digas que estoy hablando de algo que pasó en el planeta Marte. ¡Le pasó a Caleb! Y no es que tu familia no quiera ayudarte o no te ame. Es que no todos tienen tú mismo grado de visión y no pueden ver lo mismo que tú estás viendo.

Ten cuidado. Jesús dijo que los primeros enemigos serían los de tu propia casa. Es una bendición tener las familias juntas en la iglesia. ¡Es una belleza! ¿Quiénes son los enemigos de las oportunidades? Son personas que han apostatado de la fe.

Mucho cuidado con aquellos que eran creyentes. Cuando los veas venir y supongas que querrán saludarte, cruza la calle y cámbiate de vereda. Los profetas viejos, son más efectivos que todo el infierno junto para matar la fe de alguien.

¿Qué es lo que quieres hacer? ¡No! ¡No te va a funcionar! En este país si quieres progresar vas a tener que pagar altas coimas. De otro modo te lo frenan todo y hasta te lo sabotean si tienen la menor oportunidad.

La gente que ha apostatado de la fe. Dice: los que habían subido conmigo. ¿Sabes dónde estaban, cuarenta y cinco años después, los que habían subido con Caleb? Estaban en calidad de cilicio, arena, enterrados.

Las personas que por un tiempo guardaron el pacto de Dios, pero por las circunstancias que vivieron perdieron su pacto, son muy peligrosas. Ten cuidado con las personas que matan los sueños y las grandes ideas.

Permíteme una sugerencia: no abras tu corazón a todo el mundo. Cuenta tus sueños a las personas correctas. Gente incorrecta te dará respuestas incorrectas. Acércate a gente exitosa. Escapa de los fracasados.

Busca estar con los ungidos, no con los incrédulos. Con los que tienen grandes sueños, con los que tienen visiones. Busca los profetas, pero no los pesimistas, legalistas, quejumbrosos y derrotistas. Busca a esos profetas que se levantan y dicen: ¡Dios está a cargo, no teman!

Hebrón es tu herencia. Ni se te ocurra renunciar a aquello para lo cual tú naciste. Dios no te quiere calentando ollas y cocinando para el resto de tu vida. Dios te quiere haciendo su trabajo. No renuncies a tu herencia. Hebrón es un lugar de sueños cumplidos.

¿Cómo es la gente oportuna? ¿Cómo es la gente que agarra las oportunidades? ¿Quiénes son los que toman la herencia? 1) Son personas que le creen a Dios y a Su palabra. Por ejemplo, cuando tú ves en Josué 14:6, cuando se acerca Caleb, le dice: Moisés habló, Jehová habló, y es tiempo de que me lo den. ¿Qué hizo Caleb? Le creyó a Dios.

2) Son personas que tienen mentalidad de enviados. Yo he sido enviado. No me estoy auto promocionando, Dios me ha enviado. Dice: Yo era de edad de cuarenta años cuando Moisés, siervo de Jehová me envió a Cades-Barnea a reconocer la tierra. Yo traje las noticias según lo que había en mi corazón.

Tienes que aprender a tener mentalidad de enviado. Dios me envió a empezar esta obra, este negocio, esta empresa, a vender pasteles, a lavar autos. ¡Dios me envió! Cuando tienes una mentalidad de enviado, los gigantes se empiezan a achicar.

3) Son personas que tienen un espíritu superior. José tenía una túnica de color. Esa túnica de color habla de un espíritu superior. Nadie tenía esa túnica, la tenía José. Le costó alto, pero se justificó. Porque según son tus pensamientos, así será tu vida.

Si tienes un pensamiento superior, tu vida será superior. Si tienes pensamientos de langosta, tu vida será de langosta. Esos diez tenían mentalidad de langosta. ¡Ojo! ¿Sabes qué? Ellos habían visto abrirse el mar, habían visto como Dios venció a todos los dioses egipcios, a cada uno de ellos.

Vieron el agua volverse sangre, vieron la tierra en oscuridad, vieron morir a los primogénitos, vieron caer al imperio más grande que había en ese tiempo, ¿Y sabes qué es lo que ellos dicen cuando ven a los anaceos? ¡Somos como langostas!

Yo te digo: ¿Qué tienen estos en la cabeza? ¿Cómo es posible que después de haber visto al Dios de los cielos, digan que somos como langostas? ¡Las langostas son animales enviados por el infierno! ¡En la Biblia se los considera una plaga! ¡Son animales de juicio! ¿Cómo te puedes decir a ti mismo, langosta?

Una sola razón: porque tu mente es de langosta. O tienes mente de águila, o tienes mente de langosta. No hay otra. Y el que tiene mente de langosta, ¿Sabes qué? Tristemente, vive como langosta. La gente que tiene un espíritu superior, no es mediocre.

Tienes que sacudirte esa mentalidad de langosta. Hermano: ¡No eres langosta! ¡No eres mediocre! Un mediocre es alguien que, en lugar de pensar por sí mismo, usando la mente y la inteligencia que Dios le ha dado, se deja pensar por otro, o por otros.

Y luego hace lo que oyó a otros sin pensar por sí mismo; eso es ser mediocre. ¿Hay o no hay mediocres en la iglesia? No debería haberlo, es la antesala del Reino. Y gente de Reino no puede ni rozar de paso la mediocridad.

¡No meres langosta! ¡Eres un matador de gigantes! Sería tremendo que alguien de los que está escuchando lo crea ya, ahora. Como lo creí yo cuando Dios me dio la música de lo que sería definitivamente la cortina musical del ministerio: aunque gigantes encuentre allá, yo nunca temeré. Caleb.

4) Son personas que no le tienen miedo a los desafíos.

5) Son personas que confían plenamente en Dios. Hebrón es para la gente que está dispuesta a no renunciar a su herencia. Tal vez con ochenta y cinco años, tal vez con cuarenta, tal vez con veinte. Es gente que dice: no me muevo hasta tomar mi herencia.

Dios está buscando esos perros, perros furiosos. Fieles, pero furiosos. Que peleen por su terrenito de lentejas. Que no me importa cuántos son, sino cuántos van a salir corriendo. Quiero alentarte. Y no con voluntarismos o palabras lindas, sino con lo que dice la Palabra de Dios.

La palabra dice que todo lo que venga a tu mando para hacer, hazlo. La palabra dice que al hombre de Dios, todas las cosas le ayudan a bien. La palabra dice que aquel que está plantado junto a aguas, su hoja no cae y su fruto permanece.

La palabra dice que los malos serán barridos como el tamo, pero los justos heredarán la tierra. La palabra de Dios dice que Dios te ha levantado para grandes cosas. Tal vez no seas un líder, tal vez seas empresario, pero sea lo que fuere que hagas, donde estés, lo que tengas va a cambiar el ambiente espiritual del lugar y de la zona.

Dios va a hacer grandes cosas contigo. El hombre que procuró y que buscó el avivamiento de 1909 en Los Ángeles, no fue Moody, no fue un gran hombre, fue un esclavo negro. Un hombre que no tenía llamado, un hombre al que no le permitían entrar al culto.

Cuando el Espíritu Santo se derramaba, a él le decían que espere afuera porque había segregación racial. Era un moreno que no sabía ni hablar, y era a él a quien Dios puso a predicar en un púlpito que eran maderas de cajones de manzanas.

Y ese hombre derramó por su presencia y por su poder, la primera visitación del Espíritu Santo, la primera vez en este siglo pasado que hubieron las lenguas, fue en la calle Azuza, cuando este moreno predicó, a un hombre al cual ni siquiera le permitieron pasar nunca a un púlpito, y terminó predicando en una caballeriza, en un establo donde guardan los animales.

Ahí Dios visitó y levantó una generación de la que hasta el día de hoy nosotros hemos bebido. ¿Cuántos hay del otro lado que vienen de familias cristianas? ¿Cuántos hay allí, del otro lado, que no son ningunos negritos pobres, sino gente preparada y culta? Muchos, seguramente, pero ¿Tienen las agallas?

No siempre. ¡Es que no me alcanza el tiempo! ¡Es que mi mamá no está de acuerdo! ¡Es que mi esposa no me acompaña! ¡Es que mi marido no me permite! ¡Sal de esa mentalidad de langosta! ¡Entra al mundo-Caleb!

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enero 1, 2015 Néstor Martínez