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¿Es que Dios Tiene una Lógica?

Alguien que tiene dones administrativos, que son bíblicos y otorgados por el Espíritu Santo, puede organizar un grupo eclesiástico y llevarlo con cierta excelencia. ¿Pero puede un administrador, ser nominado como apóstol? No, no ha sido apostello, no ha sido enviado a eso. Sí puede, en cambio, un apóstol, acceder a esos dones de administración y enriquecer o solidificar su trabajo. Lo que ocurre es que la lógica, la lógica en muchas ocasiones es enemiga de la revelación. ¿Para qué voy a hacer esto de ese modo, si puedo hacerlo más fácil así? Eso es lógica. La revelación por ahí te manda hacer algo por el camino más complicado que la lógica jamás aceptaría. Lógica, este concepto griego que nos fuera introducido a través de la educación, no siempre expresa lo que está en la mente de Dios. La lógica jamás hubiera dado las siete vueltas a Jericó…

Te doy otro ejemplo, el del etíope que está volviendo de Jerusalén. No tiene sentido ni lógica enviar a una persona miles de kilómetros para encontrar a un hombre. Más bien oremos para que ese hombre pueda llegarse hasta la iglesia más cercana a su domicilio. O sea: oremos para que el etíope llegue hasta una congregación local. Oremos para que se acerque a los apóstoles. Sin embargo, ¿Cuál fue la lógica de Dios? No, no es el hombre el que se tiene que acercar a la iglesia, es la iglesia la que tiene que ir a buscar a ese hombre. Allí es donde Felipe, entonces, tomado por el Espíritu, va a buscar a un hombre. ¡Oh! ¡Qué mala administración de los recursos humanos! Sí, claro, pésima. Pero el Espíritu lo quería hacer así. O sea que entonces, no siempre la lógica expresa la sabiduría de Dios.

La unción apostólica le inspira a la iglesia a acercarse al Señor, a contemplarle y a ser transformado según Su imagen, no a simplemente crecer dentro de un sistema. Si ustedes leen las cartas de Pablo, van a darse cuenta que él tiene constantemente dos énfasis. Uno, él es enemigo de la ignorancia, y constantemente él está trayendo información. Pero, ¿Qué tipo de información? Él no quiere que ignoremos cuál es la voluntad de Dios. La información que viene, constantemente, por Pablo, es qué hay en la mente de Dios para su iglesia. La principal carga y tarea de un apóstol, es la de que todos nosotros nos podamos alinear con la imagen. Y una de las principales causas por las cuales aún no nos hemos alineado con la imagen, es por ignorancia.

Entonces ellos sacan de nosotros los velos de ignorancia, y es como que te permite abrir decididamente tus ojos a una visión clara. Cuando tú confrontas el Nuevo Testamento, te vas a dar cuenta que todos estos hpmbres, que la gran mayoría de ellos eran de origen hebreo, si bien conocían las Escrituras, tenían otro tipo de ignorancias. ¿Qué tipo de ignorancias? Conocían la ley, pero no conocían la voluntad específica de Dios para un tiempo. Y de hecho, Jesús mismo los censuró. Les decía a ellos: ustedes, fariseos insensatos, un hombre sale al campo y sabe discernir los tiempos que llegan, y ustedes no. Me han visto llegar y no se han dado cuenta lo que ha pasado.

Entonces resulta ser que, todo lo que sabían de Dios, no les servía para poder saber lo que Dios, en un momento específico, estaba haciendo. Había un nivel de ignorancia. Otro tema de ignorancia, muy fuerte en ellos, era la cultura. La cultura que ellos mantenían, como pueblo hebreo, quizás los había apartado del resto, que en todo caso sí era un objetivo de Dios, que ellos no se mezclen, pero por el otro lado, no entendieron que, cuando vino el Espíritu Santo, Dios ya no veía a la gente no creyente como gente inalcanzable. O sea: Él quería acercarse a los que no eran judíos, pero por su cultura, sus discípulos no. Dios tuvo que hacer todo un proceso en ellos para que cayeran sus paradigmas, y que ellos pudieran acercarse a los gentiles, sin condenación. Es famoso el encuentro de Pedro, ahí en Jope, cuando tiene la visión en la casa de Simón, para poder ir luego a la casa de Cornelio. ¿Y qué es lo que se ve allí? Un nivel visible de ignorancia.

¿Ignorancia en qué sentido? En la voluntad de Dios, en lo que Dios quería en un momento. Lo que en este tiempo tú sabes de Dios, por lo que has aprendido en los últimos veinte años, puede ser tu ignorancia mañana, con respecto a lo nuevo que Dios desee darte. O sea: todo lo que yo sé de Dios, siempre tiene que estar sujeto a ser revisado por el Espíritu Santo. Yo no pienso mover las cosas hasta que Él no las cambie. Pero debo estar dispuesto a cambiarlas. Pablo, por un lado, es enemigo de la ignorancia. En segundo lugar, una carga que podemos ver constantemente en él, es el constante anhelo que él tiene de que nosotros veamos a Dios como Él realmente es. Y esto, nace de un hecho puntual y concreto: la ley desfiguró a Dios. Es bastante feo decir eso, pero es cierto. La ley desfiguró a Dios.

Desfiguró tanto a Dios, que en un momento dado era más importante la ofrenda que Dios. Que en un momento de la historia, trescientos años antes de Cristo, por allí, el Padre dice: ¿Saben qué? Ya no quiero que me traigan ofrendas, se acabó. Él mismo, que había instaurado el sistema sacrificial, como una forma de trabajar con las faltas y pecados del hombre, los holocaustos y todo eso, en un momento determinado, dice: ¡Ya me harté! ¡Basta! Porque todo lo que hacemos sin revelación, al pasar el tiempo, termina ofendiendo a Dios. Aunque lo que hayamos hecho, sea para Él. Por ejemplo: todos sabemos que trabajar duro para que gente muy pobre pueda llevarse un plato de comida a la boca, es bueno y agrada a Dios. Pero mucho más lo agradará si la mercadería que se utiliza para elaborar esas comidas, es de primera calidad y no sobras que nadie quiere.

Por eso, Pablo es muy duro con aquellas personas que hacen las cosas de Dios, pero sin considerar el corazón de Dios. Van a ver ustedes que Pablo es muy misericordioso con los no creyentes, aún con los más pecadores; pero con los religiosos, ni la menor ventaja. Él, es sumamente estricto, muy duro. Él es muy condenatorio. Ese, mi querido amigo, es el espíritu de Reforma. Ya en los tiempos de Pablo, en la época en que él vive, la iglesia estaba sufriendo el manoseo del conocimiento humano. Se empezaron a querer conjeturar o teorizar cosas. Ningún hombre de Dios genuino necesita del consejo de la gente cuando acaba de escuchar al Señor. La gente se aferra de ese versículo que dice que en la multitud de consejos está la sabiduría, y no se da cuenta que lo está diciendo un hombre que tuvo más de mil mujeres. Nadie necesita mil consejeros cuando tiene morando en su interior al Espíritu Santo. ¡Vaya impacto! ¿No crees? Mastícalo, trágalo, digiérelo y luego me dices qué te parece.

El peso del consejo, o el espíritu de consejo, sí es uno de los siete espíritus de Dios. El espíritu de consejo, es parte de los cinco ministerios. Cada uno de esos cinco ministerios, tiene acceso a ese espíritu de consejo. Pero, a veces es apabullado por la presión de la iglesia. Veamos este ejemplo que escuché. Un ministro que lidera una gran congregación, decide no hacer absolutamente nada sin orden expresa del Espíritu Santo. Pero, resulta ser que se aproxima el aniversario de la iglesia, y los diferentes sectores que lo ayudan, empiezan a presionarlo con “hacer algo”, porque siempre se hizo algo para esta fecha. Cierto es, la gente prefiere hacer algo por tradición o costumbre, a no hacer nada por orden del Espíritu Santo. Lo que vemos como iglesia, es el resultado de esa costumbre.

Se supone que la misión de la iglesia, que es asamblea, es complacer al corazón del Padre, no al de la gente. Y ni quieras negarte, porque el infierno mismo se desata en tu contra en modo-planeta-tierra. Y todo porque un hombre dijo que no iba a hacer nada hasta que Dios no lo diga. ¡Qué peso tiene la cultura! Porque de última, somos gente que de la boca para afuera decimos que vamos a hacer lo que Dios nos diga, pero que en el fondo, ya hemos decidido lo que queremos y lo que no queremos hacer. Lo he visto centenares de veces. Lo hemos visto centenares de veces. Es mucho más fácil decir: “Señor, bendice lo que vamos a hacer”, que decir: “Señor, ¿Qué quieres tú que hagamos?” Porque, créeme, ¡Es muy difícil no hacer nada! ¡Claro! ¡No somos unos vagos! De hecho que no son vagos, pero: ¿No deben esperar en silencio que Dios hable, y mientras tanto no hacer nada? Ah, sí, veremos…

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junio 18, 2022 Néstor Martínez