Estudios » Blog

Contra el Concepto de Autoayuda

Una de las vertientes más valiosas que poseía la iglesia primitiva eran sus oraciones. Las reuniones de oración también fueron una parte vital de esta iglesia. Nada que ver con esas vigilias de café y galletas que tanto hemos visto, y en Argentina añadiéndole el mate de bombilla. Yo me pregunto, ya, a esta altura de este examen que hemos venido desarrollando, si una iglesia moderna, que desee considerarse y ser considerada como tal y no como una Babilonia más, no debería tener como patrones inamovibles, por lo menos, a algunas de las cosas que hemos venido mencionando a lo largo de estos trabajos. El problema más grave de nuestros tiempos es que, en lugar de estar enseñando doctrina apostólica, seguimos insistiendo con programas de auto-ayuda.

Esos programas son los que te insisten a cada momento en que, para poder salir de tus problemas, tienes que ser más sabio. Mientras tanto tu te matas buscando sabiduría por todos los rincones, la doctrina apostólica que te mira desde arriba, desde los lugares celestiales en Cristo Jesús, te dice que ya tienes toda la sabiduría de Dios contigo, y que sólo te falta creerlo. Por eso es que la gran mayoría de libros que hoy inundan nuestras bibliotecas, son de autoayuda. Y te doy un ejemplo personal: Si yo grabara todas las semanas estudios relacionados con el alma y sus problemas, aumentaría las visitas a mi Web por lo menos en un setenta por ciento, pero ¿Sabes qué? ¡No me interesa eso! ¡Me interesa enseñar lo que edifica, no lo que acaricia el alma!

 Además, aplicar autoayuda, independientemente que generalmente se hace con respaldo de la psicología secular, es seguir viendo las cosas desde aquí abajo, en tanto que la Palabra de Dios nos dice que ya estamos sentados en lugares celestiales con Cristo. Es decir que, lo que todavía no terminamos de entender y muchos de creer, es que ya nos fue dado todo. Que ya Jesús no nos puede dar nada más. Que ya tenemos todo lo que necesitamos para ser más que vencedores. Por eso es que Pablo dice que oremos para que nuestros ojos sean abiertos y podamos ver la supereminente grandeza. En suma: lo único que puede limitar el poder de Dios en tu vida, eres tú mismo.

La enseñanza apostólica gira tremendamente en la revelación de Cristo en nosotros como la esperanza de gloria. Eso quiere decir que, cuanto más tenemos de Cristo, menos tenemos que escribir. Porque con ese sentido y ese principio, nunca vamos a ver a Dios como asistencialista. Él es un reformador. ¡Claro que es nuestro ayudador! Ciertamente, pero no bajo la mentalidad de asistencia. ¿Qué sería asistencialismo? Alguien que te quiere ayudar por el resto de tu vida. Él no piensa eso ni por asomo. Él quiere que tú camines o corras por ti mismo, sin ayuda. ¿Y si me caigo? Si te caes, te va a levantar. Pero sólo si te caes, no si te arrojas al piso como los niños consentidos.

Estar plantados sobre bases apostólicas te permite saber quién eres en Cristo. Porque en una de esas, un día alguien te arroja una bolsa negra con tierra de cementerio en la puerta de la iglesia y más de la mitad de la gente se aterroriza porque cree que se les va a morir el pastor. Y ese pastor, ya mismo te digo, si es sabio y sabe dónde está plantado, lo único que hará será reírse, porque él sabe que cuando el infierno recurre a esas pantomimas del curanderismo, es porque los verdaderos dardos de fuego se le han acabado y ya no tiene con qué atacar. Los que se asustan de las cosas que hacen los brujos y los hechiceros, son los que no entienden todavía quiénes son en Cristo.

(Hechos 5: 11) = Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.

Esto quiere decir, en primera medida, que se lo está diciendo a una iglesia que, evidentemente, hasta allí no tenía temor. ¿El temor? Sí, el temor. Y, una vez más, habrá que aclararlo. Cuando hablamos de este temor, hablamos del temor reverente del Señor. Hay una antigua versión bíblica que, en este texto, dice: Un profundo sentido de reverencia estaba sobre ellos. Este tipo de temor es otra de las marcas indelebles de un auténtico ministerio apostólico. Escucha: es suficiente con que el Espíritu de Dios se haga presente en un lugar para que ese tipo de temor innato se manifieste en la mayoría de los presentes. Y hay dos factores por los cuales alguien no podría experimentar ese temor. O no hay autoridad apostólica en ese lugar, o la gente se ha endurecido en sus pecados. Esto último es lo que pasó con Judas Iscariote, cuando Jesús le dio la posibilidad de arrepentirse. No es eso lo que anhelamos como iglesia. Y Dios tampoco.

Comentarios o consultas a tiempodevictoria@yahoo.com.ar

septiembre 24, 2022 Néstor Martínez